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Colombia, de territorio de conflicto a referente global en construcción de paz

Delegaciones de África, Asia y América Latina llegan a Colombia para aprender de su experiencia en construcción de paz. Desde la búsqueda de desaparecidos hasta la justicia restaurativa y el desarrollo territorial, el país se posiciona como referente global, mientras aún enfrenta deudas en la implementación del Acuerdo.

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Redacción Región en Acción
01 de abril de 2026 - 02:20 p. m.
El colectivo Mujer Siembra con integrantes del Antiguo Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (AETCR) de Mutatá, Antioquia.
El colectivo Mujer Siembra con integrantes del Antiguo Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (AETCR) de Mutatá, Antioquia.
Foto: APC Colombia
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En Colombia, su tragedia no necesitó traducción.

Gabriel* se presentó frente a un grupo de la Red de Mujeres Buscadoras del Urabá. Contó que era uno de los miembros de las delegaciones internacionales y que sus abuelos fueron asesinados en una masacre en la década de los ochenta. También dijo que, desde entonces, su familia no tiene una tumba donde llorar a sus muertos. En su historia sintetizó un drama que miles de familias colombianas conocen de cerca: la desaparición forzada.

“Han pasado casi 40 años para mi familia sin que hayamos podido visitar ninguna tumba. En mi país el enfoque es más forense, de aplicación de la ley y de inteligencia militar. Este enfoque es algo nuevo para mí, el de tener una comunidad de buscadoras. Me han inspirado mucho. Cuando regrese intentaré buscar a mi abuelo. Colombia tiene mucha suerte de tenerlas”, expresó Gabriel.

El encuentro tuvo lugar en el marco de la Segunda Ruta de Aprendizaje “Tejiendo igualdad de paz”, realizada como parte del encuentro impulsado por el Programa de Cooperación Sur-Sur en Construcción de Paz “De Colombia al mundo”, liderado por la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (APC Colombia), con el acompañamiento de la Mesa de Paz del Sistema Nacional de Cooperación Internacional de Colombia (SNCIC) y en articulación con la Estrategia África impulsada por la Vicepresidencia de la República.

Esa experiencia —la de encontrarse con el trabajo de las mujeres buscadoras como acto colectivo y de memoria sostenida, algo que no se vive en su país— refleja el corazón del programa de Cooperación Sur-Sur en Construcción de Paz: el aprendizaje mutuo. Es compartir con países que hoy afrontan retos similares como resultados de conflictos armados o de situaciones de violencia generalizada con profundos impactos humanitarios.

El programa cuenta con la participación de más de 13 actores estatales. Entre ellos la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), la Defensoría del Pueblo, la Agencia para la Reincorporación y Normalización (ARN), la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (UARIV), la Agencia para la Reincorporación y Transformación (ART), la Consejería Comisionada de Paz y el Departamento Nacional de Planeación (DNP).

También participan más de 12 organizaciones y plataformas sociales, incluyendo colectivos de mujeres –como el Colectivo La Comadre, la Ruta Pacífica de las Mujeres, la Cumbre Nacional de Mujeres y Paz, la Alianza 5 Claves y GPAZ– y la Comunidad de Paz de San José de Apartadó. Así como organismos internacionales como ONU Mujeres, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Misión de Verificación de la ONU.

Los aprendizajes que les ha dejado el Acuerdo de Paz a otros países

Los resultados del programa ya son palpables. Filipinas, por ejemplo, adoptó un modelo de descentralización inspirado en los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) –una de las principales apuestas del Acuerdo de Paz firmado con las FARC– y creó 18 Centros Provinciales de Paz y Desarrollo (PDC).

La República Democrática del Congo, por su parte, está adaptando su marco nacional de reparaciones, tomando como referencia el modelo colombiano de asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado.

Otros países como Nigeria, Mozambique, Guatemala y México también participan de este aprendizaje compartido, que ha posicionado a Colombia como un referente global en políticas de paz, que han tenido como eje el Acuerdo que se firmó en La Habana hace 10 años.

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Justina Chinelo, oficial de género y principios humanitarios de la Dirección de Prevención y Lucha contra el Extremismo Violento del Centro Nacional de Lucha contra el Terrorismo (NCTC) de Nigeria, lo ve con admiración. A pesar de los rezagos que persisten en su implementación –y que reconoce– dice que es “increíble”.

Lo más significativo para ella es que los firmantes del Acuerdo de Paz “no quieren que sus hijos lleven armas como ellos. Por lo tanto, están haciendo todo lo posible para garantizar el cumplimiento de este Acuerdo de Paz, mostrándose resilientes y buscando cosas a su alrededor que les hagan sentir cómodos. Están encontrando su fuente de sustento. Cultivan sus propios alimentos en lugar de esperar a que el Gobierno les dé algo”, señaló

Además de ese proceso de reincorporación que admira Chinelo, otro de los legados que dejó el Acuerdo de Paz es la JEP, que en 2025 emitió sus primeras sentencias restaurativas, bajo un modelo de justicia transicional que ha sido varias veces destacado a nivel internacional.

“Desde la Jurisdicción Especial para la Paz venimos haciendo un trabajo de apropiación del sentido social, del sentido común al sur global. De hecho, como pioneros en los procesos de justicia restaurativa “in situ”, venimos promoviendo el proceso participativo colectivo y comunitario en las comunidades. Partimos desde el respeto, desde la misma igualdad, desde la oportunidad, desde la misma confianza que se ha perdido a raíz del conflicto armado, para poder creer nuevamente en las instituciones”, dijo Miladis Córdoba Rivas, enlace territorial Urabá, Bajo Atrato y Darién, adscrita a la Secretaría Ejecutiva de la JEP.

Un reconocimiento de la Comisión de la Verdad

Esos esfuerzos de APC Colombia fueron reconocidos en febrero de 2026 a través de una carta firmada por Julia Eva Cogollo Cabarcas, activista afro y líder de la Ruta Cimarrona del Caribe, que le confirmó a la entidad que su trabajo en materia de paz iba por buen camino.

Cogollo, actualmente la presidenta del Comité de Seguimiento y Monitoreo (CSM) a la implementación de las recomendaciones de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) –una entidad creada tras el Acuerdo de Paz de 2016, encargada de esclarecer los patrones y las causas del conflicto armado interno– celebró los alcances obtenidos.

“Reconocemos y valoramos el liderazgo ejercido por APC Colombia en la consolidación de una cooperación internacional basada en la solidaridad, el aprendizaje horizontal y la corresponsabilidad entre países del sur global. Los avances expuestos reflejan un posicionamiento estratégico de Colombia como referente en construcción de paz, así como un compromiso decidido con la transformación de las causas estructurales de la violencia y la exclusión”, se lee en el reconocimiento que envió ese comité a la entidad.

Para el CSM, la articulación entre instituciones, la participación de organizaciones sociales y de mujeres, y la integración del enfoque de género en las Rutas de Aprendizaje son elementos que reflejan las recomendaciones de la Comisión de la Verdad.

“Reiteramos nuestra disposición para continuar fortaleciendo la articulación entre el CSM y APC Colombia, con el propósito de potenciar la proyección internacional de las recomendaciones y contribuir a la consolidación de una paz sostenible, territorial y con enfoque de derechos”, escribió la presidenta del Comité al final del documento.

Las Rutas de Aprendizaje

“Nosotros acá en Colombia no queremos llorar más”, entonó un grupo de cinco cantadoras de Pogue-Bojayá, el pueblo de Chocó que hace 24 años vivió el que ha sido –quizás– uno de los episodios más cruentos de la guerra en Colombia: la masacre de 79 personas, entre ellas 45 niños, a manos de las extintas FARC-EP dentro de una iglesia, durante un enfrentamiento con antiguos grupos paramilitares de las AUC. El acto de memoria se hizo durante una de las Rutas de Aprendizaje del Programa de Cooperación Sur-Sur, que han sido claves en el proceso de poner a Colombia como un referente global de las políticas de paz.

La primera ruta, realizada en 2024, se centró en cuatro áreas estratégicas: desarme, desmovilización y reintegración (DDR), desarrollo territorial, reparación a víctimas y justicia transicional, y la arquitectura institucional y los mecanismos de financiación para la paz. Delegaciones de Filipinas, Nigeria, Camerún y la República Democrática del Congo conocieron programas y proyectos claves, y evaluaron cómo Colombia articula políticas de paz en contextos complejos, a partir de visitas en terreno en Cesar y La Guajira, entre ellos los Antiguos Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (AETCR) de Pondores y Tierra Grata.

En 2025, la Ruta de Aprendizaje “Tejiendo igualdad y paz” puso el foco en la participación de las mujeres y de personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas en la construcción de paz, así como en la integración de enfoques de género y diversidad en políticas, planes y acciones locales en materia de construcción de paz. Participaron representantes de Filipinas, Nigeria, Camerún, República Democrática del Congo, Mozambique, Guatemala y México, quienes adelantaron procesos de intercambio con comunidades, entidades y organizaciones en la región de Urabá y el departamento de Chocó.

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Para Mildred Luna, directora de Promoción y Educación en Derechos Humanos de la Procuraduría de los Derechos Humanos de Guatemala, la experiencia fue reveladora. “Me siento muy halagada de poder ser parte de este grupo que hoy está acá en esta comunidad, donde hemos podido ver la reabsorción de las personas a la vida ciudadana después de la firma del Acuerdo de Paz acá en Colombia. Es admirable la labor que realizan las mujeres, principalmente esa fuerza y esa voluntad por salir adelante”, explicó Luna.

Las Rutas de Aprendizaje, que buscan mostrar lo que Colombia ha logrado, y convertir esa experiencia en un aprendizaje compartido que otros países puedan adaptar a sus propios contextos, no cesan. Para 2026 está prevista “Paz con la naturaleza”, una tercera ruta que abordará la relación entre vida, territorio y naturaleza. El objetivo es buscar nutrir, pero también dar a conocer la experiencia de Colombia en la construcción de paz con enfoque ambiental.

Para Claudia Patricia Palacios Parra, coordinadora del movimiento Ruta Pacífica de Mujeres Regional Chocó, ese intercambio de experiencias es un recordatorio de que la violencia que ha golpeado de frente a Colombia también la han tenido que vivir otros países.

“Creo que es una experiencia significativa, porque a veces pensamos que solo nuestro país enfrenta situaciones de violencia. Escuchar otras realidades nos sirve para fortalecer nuestras iniciativas de construcción de paz, que hoy más que nunca necesitamos. Necesitamos un país libre de guerras, miedos y violencia, donde se rompan las brechas de discriminación y aprendamos a respetarnos”, aseguró Palacios.

En sus palabras se resume parte del sentido del Programa de Cooperación Sur-Sur en Construcción de Paz “De Colombia al mundo”: compartir las experiencias de un país que conoce de cerca la guerra, y buscar también en las historias de otros formas nuevas de buscar la paz.

*El nombre del delegado internacional fue cambiado por solicitud de la fuente.

Por Redacción Región en Acción

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