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África en el centro: la estrategia con la que Colombia busca fortalecer la Cooperación Sur–Sur


El país busca cerrar el rezago histórico en su relación con ese continente mediante una estrategia que amplía los vínculos políticos, económicos y de cooperación. La apuesta pone en el centro el intercambio de conocimientos en temas como paz, cambio climático y seguridad alimentaria.

Región en Acción

18 de marzo de 2026 - 10:06 a. m.
La Estrategia África permite el intercambio de conocimientos y experiencias entre regiones que comparten desafíos globales.
Foto: APC Colombia

Durante décadas, África ocupó un lugar marginal en la política exterior colombiana. Las bases que estructuran la Estrategia África, liderada por la Vicepresidencia de la República, en alianza con la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (APC Colombia), parten justamente de ese diagnóstico: la necesidad de cerrar un rezago histórico en las relaciones con ese continente y construir una agenda sostenida que permita ampliar los vínculos políticos, económicos, culturales y de cooperación con una región tan diversa como estratégica.

La Estrategia África 2022-2026 propone avanzar en esa dirección mediante una hoja de ruta orientada a profundizar las relaciones bilaterales y regionales con países africanos y a consolidar alianzas entre instituciones públicas, organizaciones sociales, academia y sector productivo de las dos regiones.

En el centro de esa apuesta está la Cooperación Sur-Sur y la Cooperación Triangular, concebidas como mecanismos para fortalecer el intercambio de conocimientos y experiencias entre países que comparten desafíos similares en materia de desarrollo, desigualdad, cambio climático o seguridad alimentaria.

La estrategia, desde el punto de vista técnico, organiza ese trabajo alrededor de cuatro grandes líneas temáticas: agricultura sostenible y soberanía alimentaria; construcción de paz y reparación histórica; diálogos culturales Colombia-África y procesos de la diáspora africana; y transición energética y cambio climático.

A estos ejes se suman enfoques transversales orientados a fortalecer la gobernanza de la cooperación y el uso de datos para el desarrollo, con el objetivo de asegurar que las iniciativas respondan a necesidades reales de los territorios y generen impactos sostenibles en el tiempo.

Un diálogo entre regiones

En ese contexto, Colombia será sede entre el 18 y el 21 de marzo del Foro de Alto Nivel CELAC–África, un encuentro que reunirá representantes de América Latina, el Caribe y países africanos para fortalecer la cooperación entre ambas regiones (ver balcón).

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En el marco de ese foro, hoy se desarrollará la jornada “CELAC y África frente a un mundo en transformación: Bases para una cooperación estratégica”, orientada a identificar oportunidades de colaboración y a construir una agenda conjunta en temas como asuntos sociales, soberanía alimentaria, innovación, seguridad humana y construcción de paz.

Para la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia, este tipo de espacios permiten fortalecer las alianzas entre regiones que comparten retos similares y que pueden encontrar en el intercambio de experiencias una herramienta para enfrentarlos.

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Además de los canales diplomáticos, la cooperación también se construye a través de intercambios directos entre territorios. Rutas de aprendizaje, talleres y visitas de campo que permiten que funcionarios, investigadores, líderes sociales y representantes de organizaciones conozcan experiencias desarrolladas en otros países y dialoguen sobre soluciones a problemas compartidos.

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Las iniciativas buscan compartir conocimiento técnico.
Foto: APC Colombia

Una de esas experiencias reunió a participantes de distintos países en una ruta de aprendizaje sobre gestión comunitaria y adaptación climática. Entre quienes participaron estuvo Zabawi Yenengo, representante de Conservación Internacional en Liberia y del Proyecto Acelerador de Adaptación.

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Durante los días de intercambio —marcados por recorridos territoriales, conversaciones con comunidades y discusiones técnicas— Yenengo fue identificando algunos de los elementos que más llamaron su atención. Al intentar resumir lo aprendido, lo plantea de forma directa:

“He aprendido mucho, pero le daré tres puntos positivos”. El primero tiene que ver con la participación social. “Es la participación de las mujeres y los jóvenes. Es difícil ver eso en nuestro país y realmente lo aprecio”.

El segundo aprendizaje, dice, se relaciona con la manera en que las comunidades gestionan sus recursos naturales y utilizan herramientas tecnológicas para monitorearlos. “Y la tecnología para monitorear sus recursos, lo que tienen, y no solo usar tecnología, sino también monitorear constantemente la gestión de sus recursos y su organización, su respeto, su cultura; el trabajo en equipo ha triunfado”.

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El tercer aspecto que destaca está relacionado con la autonomía comunitaria. “Y no dependen completamente del gobierno ni de las ONG. Pero donde (yo) trabajo, (se puede) ver que dependen de las ONG y me gustaría trasladar eso a Liberia y animarlos a trabajar por su cuenta”.

Experiencias como esta reflejan uno de los principios centrales de la Cooperación Sur-Sur: la posibilidad de aprender de prácticas que ya funcionan en otros contextos del Sur Global y adaptarlas a realidades distintas.

Iniciativas que conectan regiones

Ese tipo de intercambios forma parte de una red más amplia de proyectos impulsados en el marco de la Estrategia África. En los últimos años Colombia ha desarrollado diversas iniciativas de cooperación con países africanos, muchas de ellas enfocadas en sectores como agricultura sostenible, fortalecimiento institucional, medio ambiente, cultura, ciencia y tecnología, salud y construcción de paz.

Estas iniciativas buscan compartir conocimiento técnico, promover el aprendizaje mutuo y fortalecer las capacidades institucionales y comunitarias en ambos lados del Atlántico.

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En muchos casos, esos encuentros se convierten en espacios donde las experiencias locales dialogan con agendas globales como la adaptación al cambio climático, la seguridad alimentaria o la construcción de paz.

Cooperar para la paz

Entre quienes participan en los intercambios impulsados por estas iniciativas también hay representantes de otros países de América Latina. Es el caso de Araceli Rodríguez Morán, funcionaria de la Secretaría de Agricultura de México.

Durante los encuentros, una de las preguntas que surge con frecuencia es qué significa realmente la paz en contextos tan diversos. Para Rodríguez Morán, la respuesta está ligada a la vida cotidiana de las personas.

“Para mí la paz significa la felicidad de la gente, o sea, no puede haber una paz si la gente no es feliz. Tenemos que aspirar a que la gente tenga dignidad, a que la gente disfrute de cada momento de su vida y que pueda sonreír con facilidad”.

En los intercambios impulsados por estas iniciativas también hay representantes de otros países de América Latina.
Foto: APC Colombia

El intercambio también le permitió observar de cerca experiencias de reconstrucción social en países que han atravesado conflictos armados.

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“Bueno, la verdad es que me voy impactada porque estamos hablando de países que vienen de procesos militarizados, en donde están tratando de reconstruir las vidas de muchas mujeres y bueno, pues creo que eso me lo llevo porque nosotros no tenemos esa experiencia, digamos, en términos de salir de una guerra, pero sí tenemos la experiencia de la violencia intrafamiliar”.

En ese proceso, explica, la igualdad de género es un elemento fundamental.

“La igualdad de género es, digamos, lograr que se den las condiciones necesarias para la participación de las mujeres; o sea, no solo es paridad, es generar condiciones para que las mujeres puedan integrarse a todos los ámbitos de la vida política, social-comunitaria, familiar, etcétera”.

Cuando se le pregunta qué significa cooperar, lo describe como un ejercicio colectivo.

“La cooperación es generar tareas que nos lleven a la colaboración, poder intercambiar desde estrategias hasta, digamos, consejos sobre cómo podemos abonar a un fin común”.

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Y cuando imagina el horizonte de ese trabajo compartido, lo expresa de forma sencilla: “En un mundo en paz en donde podamos convivir todos, todas, todes, y que podamos hacerlo en armonía y que podamos hacerlo en paz”.

La Estrategia África busca consolidar esta reconexión en el largo plazo, ampliando los espacios de cooperación entre América Latina y el continente africano y promoviendo el intercambio de conocimientos y experiencias entre regiones que comparten desafíos globales.

Son esos intercambios —como el que vivió Zabawi Yenengo— los que terminan dando forma a una red de aprendizajes compartidos entre territorios distantes, pero conectados por problemas comunes y por la búsqueda de soluciones propias.

En ese proceso, África deja de ser un actor lejano en la política exterior colombiana para convertirse en un socio estratégico con el que se construyen nuevas rutas de cooperación desde el Sur Global.

Por Región en Acción

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