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En una visita a territorio, acompañé a las mujeres de Tumaco a una de las piscinas de cría de camarón y, durante la travesía en lancha, el manglar fue nuestro vigía. Al chocar contra el oleaje, observaba cómo, con sus hermosos cruces de raíces, los árboles de mangle se abrazaban para crear una barrera que contribuye a conservar la biodiversidad, proteger las costas, ser fuente de recursos para las economías locales, mitigar el cambio climático y ser un filtro para la vida y la paz.
En este y otros recorridos de fortalecimiento regional, he tenido la fortuna de compartir con las comunidades sus apuestas para sustituir cultivos de uso ilícito por café y cacao, restaurar el bosque seco tropical, brindar soluciones fotovoltaicas para una transición energética justa y contribuir a la construcción de paz, entre muchas otras iniciativas que responden a las necesidades de desarrollo territorial.
Una ruta similar transita el Sistema Nacional de Cooperación Internacional de Colombia (SNCIC), cuya puesta en marcha inició en el actual Gobierno. En este Sistema, como el entramado de mangle, se han interconectado 26 espacios de articulación territorial, así como 11 mesas sectoriales e intersectoriales. En ellos, las regiones y los sectores de Gobierno, junto a otros actores, priorizan sus necesidades y las concretan en proyectos o iniciativas para ser tramitadas; fortalecen y comparten sus capacidades en un maravilloso proceso de cogestión de asistencia técnica y financiera; y reconocen en el otro su valor, su saber y sus recursos.
De la misma forma que el manglar teje una red de cuidado y soporte, el Sistema ha diseñado una arquitectura institucional con una capacidad instalada que permite la integración, interconexión y maximización del impacto social de los proyectos y genera un mayor apalancamiento y eficiencia de recursos, en una gobernanza colaborativa con soluciones comunes que responden a las prioridades nacionales y territoriales del país.
Un ejemplo de esta suma de esfuerzos que multiplica impactos, la podemos evidenciar en la financiación de más de 2 millones de dólares del proyecto: «Restauración de bosques para la resiliencia ambiental y la construcción de paz con comunidades rurales en la región del Caribe», que fue aprobado en el Plan de Acción del Fondo Colombia Sostenible, y que impactará a La Guajira, Bolívar y Magdalena.
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Esta travesía del Sistema contiene un trabajo oculto, como las raíces del mangle que se entrelazan bajo el agua para ser refugio, proveer sustento y adaptarse a los desafíos naturales. Así, el Sistema se vuelve espejo para transformar y mejorar la calidad de vida de las mujeres piangueras y cacaoteras, para brindar seguridad alimentaria al campesinado y para cerrar las brechas sociales y construir la paz territorial en el país.
Al dejar atrás las aguas, bajé de la canoa, pero el mangle se quedó en mí, en mi sistema, porque el Sistema es nuestro manglar, porque la cooperación está en nuestro Sistema.
*Columna de opinión realizada por la Directora de Coordinación Interinstitucional de APC Colombia