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El giro en la financiación de Colombia: la cooperación del país se fortalece en la filantropía y los mecanismos innovadores 


Ante la reducción histórica de la ayuda internacional el país busca diversificar sus fuentes de financiamiento. El reto no es solo atraer más recursos, sino lograr que se sostengan en el tiempo y lleguen a territorios donde persisten brechas estructurales.

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Redacción Región en Acción
22 de abril de 2026 - 04:22 p. m.
Acciones de cooperación impactan los territorios.
Acciones de cooperación impactan los territorios.
Foto: APC Colombia
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En medio de la reconfiguración del orden mundial –marcada por los conflictos y la violencia– y la reducción histórica de la Asistencia Oficial al Desarrollo (AOD), Colombia ha unido esfuerzos con nuevos aliados del sector privado y la filantropía internacional para financiar el desarrollo de una manera distinta.


La Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (APC Colombia) lleva un tiempo avanzando alternativas. Hay varias. Por un lado, la filantropía, incluido el capital filantrópico: donaciones de fundaciones, empresas y personas que apoyan causas sin esperar retorno. Por otro, mecanismos financieros innovadores, como bonos de impacto, fondos privados y finanzas mixtas. Son lógicas que le apuntan al problema de cerrar una brecha de financiamiento que la cooperación tradicional no puede cubrir sola.


“Colombia reconoce la importancia de la cooperación internacional, pero el desafío actual exige diversificar las fuentes de financiamiento para el desarrollo. En esa línea, dejamos construida una nueva arquitectura que integra cooperación, filantropía e inversión social privada, incorporando mecanismos innovadores para cerrar brechas estructurales que aún persisten”, señaló Alexandra Palencia, directora de APC Colombia.


Esa mirada es necesaria, sobre todo si se tiene en cuenta que cifras del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) muestran que, al ritmo actual, solo hasta 2030 el país alcanzaría a cumplir el 43 % de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una meta que requiere una gran cantidad de recursos.


A esa brecha se suma otro reto. La dificultad no empieza cuando un donante se va, sino mucho antes. El 78,5 % de los donantes filantrópicos identificados ni siquiera llegan a hacer una segunda contribución. Esto quiere decir que las organizaciones han logrado atraer, pero no fidelizar a sus donantes.


Parte de la razón de ese problema está en quiénes son esos donantes. Así lo explica Javier Ciurlizza, director de la Fundación Ford para la Región Andina —el donante filantrópico más importante del país en la última década—, quien señaló que muchos de ellos no son grandes organizaciones, sino personas que hacen contribuciones puntuales después de viajar al país o de tener contacto directo con comunidades.


“En Estados Unidos hay una cultura de donación muy desarrollada, pero muchas veces está ligada a temas muy específicos”, explicó. Para él, esos aportes no siempre se mantienen en el tiempo. Eso deja como un reto claro que no solo hay que atraer más recursos, sino lograr que permanezcan.


Según el director de la fundación, el problema está en cómo se organiza esa filantropía. Los recursos llegan, pero no siempre encuentran canales claros ni información suficiente para sostenerse en el tiempo. “Muchos donantes apoyan siempre a las mismas organizaciones. Mientras tanto, hay comunidades que siguen siendo invisibles. Entonces, creo que el Estado y la sociedad civil, y nosotros como organizaciones, debemos colaborar para que los donantes individuales tengan más y mejores oportunidades, así como un fácil acceso a la información de proyectos e iniciativas que puedan merecer sus aportes”, añadió Ciurlizza.


Esa dificultad se cruza con la característica de que Colombia es un país de ingreso medio alto, lo que lo deja en desventaja frente a países con mayores niveles de pobreza, que suelen concentrar la filantropía internacional. En ese contexto, señaló, es clave visibilizar las historias de regiones. “Una cosa es hablar de Bogotá, Medellín o Barranquilla, y otra muy diferente es focalizar ese apoyo en regiones como el Pacífico o la Amazonia”, donde persisten carencias en servicios públicos y educación, y donde la filantropía puede hacer una diferencia.


¿Qué hace atractivo al país para atraer más inversión?


Con esos retos de frente, APC Colombia identifica tres ventajas competitivas para atraer más filantropía internacional: su biodiversidad y rol amazónico, el crecimiento turístico con 6,6 millones de visitantes en 2024 -el 25 % de ellos estadounidenses- y su reconocimiento internacional por el Acuerdo de Paz de 2016, uno de los hitos más importantes en la construcción de paz a nivel global.


Fue justamente ese Acuerdo el que trajo nuevamente la oficina de la Fundación Ford en Colombia, después de que esta cerró en 1965 por temas de seguridad. Según Ciurlizza, lo firmado en La Habana hace 10 años se convirtió en una oportunidad para acompañar a organizaciones del país en procesos como la construcción de memoria, la verdad y la participación de comunidades étnicas en sus propios procesos de reconciliación. Desde entonces su trabajo se ha concentrado en territorios atravesados por el conflicto, con apoyo a organizaciones de víctimas, así como al desarrollo del capítulo étnico del Acuerdo de Paz.


“Hemos apoyado a la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, estamos apoyando a la Jurisdicción Especial para la Paz, pero principalmente a muchas organizaciones que han construido sus historias de violencia, sus relatos de las víctimas y que buscan que esas historias sean más visibles. Por ejemplo, en el norte de Cauca, en Buenaventura, en zonas que fueron fuertemente afectadas por el conflicto. Y el segundo tema importante del Acuerdo de Paz es el capítulo étnico, una hoja de ruta para la participación de comunidades indígenas y afrodescendientes en la construcción de su propio proceso de paz”, señaló.


A la Fundación Ford, que encabeza la lista de donantes filantrópicos, le siguen la Howard G. Buffett Foundation y la Conrad N. Hilton Foundation. En conjunto, las tres han aportado más de USD 200 millones en la última década.


Buena parte de esos recursos filantrópicos se han concentrado en zonas más golpeadas por los grupos armados. Sin embargo, no solo la filantropía ha apoyado a esos territorios. En municipios PDET, el Fondo Multidonante de Naciones Unidas –un fondo de cooperación tripartito que incluye al Gobierno colombiano, sistema de ONU y países donantes que apoyan al Acuerdo de Paz–, logró a través de mecanismos innovadores que cada dólar de cooperación movilizara seis del sector privado, con impacto directo en más de 33 municipios.

Ese tipo de mecanismos reflejan un giro en la cooperación internacional hacia modelos donde el financiamiento está cada vez más ligado a resultados. Canadá, por ejemplo –que cofinanció el estudio de APC Colombia sobre mecanismos innovadores–, ha venido migrando hacia un modelo de cooperación basado en alianzas estratégicas.


La cooperación de Canadá en Colombia ha evolucionado en los últimos años hacia un modelo basado en alianzas estratégicas e innovación, con el objetivo de aumentar el impacto y la sostenibilidad de las intervenciones. A través de nuevos mecanismos de financiamiento, buscamos articular actores del desarrollo para unir recursos, coordinar esfuerzos y generar soluciones más integrales en los territorios”, explicó Elizabeth Williams, embajadora de Canadá.


Entre 2019 y 2025, el Programa de Desarrollo en Colombia de Canadá movilizó USD 44 millones del sector privado. “Canadá ve a Colombia como un escenario fértil para estas alianzas, gracias a un sector privado sólido y a una institucionalidad fortalecida”, agregó la embajadora.

En ese enfoque, el pago por resultados –un mecanismo del que Colombia es pionero, según Williams– se ha convertido en una de las principales apuestas. Para la embajadora, “es clave para incentivar mayor efectividad, eficiencia y transparencia de los proyectos de desarrollo. Si bien este es uno de los elementos más retadores, la experiencia nos ha demostrado que los resultados obtenidos justifican el esfuerzo”.


La diáspora colombiana en Estados Unidos, otra de las ventajas


Los colombianos que viven en Estados Unidos –la comunidad más grande de América del Sur– se convierten en otro de los actores en los que APC Colombia identifica una oportunidad para atraer filantropía.

Así lo demuestra la experiencia de la Fundación Sanar de Risaralda, que lleva 36 años atendiendo a niños con cáncer y sus familias, y decidió ir al mercado estadounidense. Luis Jairo Posada, miembro de su junta directiva y su coordinador de filantropía internacional, explicó a este diario que el punto de partida fue un taller de APC Colombia llamado “Círculos internacionales de generosidad”, en el que aprendieron que acercarse a la filantropía internacional no es conseguirse un amigo que done, sino que se trata de un proceso riguroso que requiere estrategia.

“A veces uno ve la filantropía como que me consigo un amigo al que le pido que me dé, pero esto es serio. Estamos hablando de presupuestos significativamente elevados que tenemos que cumplir en la misión”, dijo Posada.

Y agrega que hay dificultades para hacer visible el trabajo: “A veces en este tipo de fundaciones hacemos mucha labor y no la damos a conocer bien”, reconoció.


Desde ahí construyeron su modelo. Primero mapearon cuántos colombianos viven en cada ciudad de Estados Unidos. Luego identificaron aliados en diferentes ciudades –a quienes llaman “Embajadores Sanar”– para que conectaran a la diáspora con la causa. “Hay un millón seiscientos sesenta y tres. Tenemos cuántos hay en cada ciudad. Entonces digamos, por ejemplo, que en Nueva York es donde hay más, entonces bueno, consigamos amigos en Nueva York, consigamos amigos en Miami, que ahí es la segunda ciudad, y así en cada una”, agregó Posada.


En ese camino la fundación aprendió las lógicas de la filantropía de Estados Unidos que allí, a diferencia de Colombia, el 66 % de las donaciones las hacen personas naturales, no empresas, y que dependiendo del estado donde viven, los donantes pueden descontar hasta el 100 % de lo donado en su declaración de renta. Para poder recibir esas donaciones con beneficio tributario en Estados Unidos, APC Colombia les ayudó a profundizar con una figura llamada patrocinador fiscal, que para este caso es una fundación estadounidense que les sirve de paraguas legal.


La clave, añadió, está en lo que viene después de la primera donación. “No que me donaron una vez y ya se me olvidó. Es el reporte juicioso, los primeros días del mes, en qué estamos gastando esas inversiones. Hay que mantener esa conexión permanente sin atosigar a la persona. Que él vea. Hay gente que dona por una vez, hay gente que dona todos los meses, y hay gente que te ayuda a conseguir donantes”.


El proceso, resume, tiene que ser riguroso en tres frentes: tener un propósito claro y visible, entender bien las regulaciones del país de destino y hacer que donar sea fácil. “Si tú entras a una página web que esté complicada, que esté enredada, ya perdiste”, explicó.


Aun con esos esfuerzos de organizaciones y fundaciones como Sanar, la brecha sigue siendo amplia. Entre 2015 y 2025, según un informe de APC, Colombia recibió solo el 0,04 % del mercado filantrópico de Estados Unidos que en ese periodo movilizó USD 795,7 mil millones. La apuesta de APC Colombia es alcanzar el 0,5 %, es decir, multiplicar por 10 los recursos que hoy recibe el país.

El desafío no es solo atraer nuevas donaciones, sino lograr que se mantengan en el tiempo. La Fundación Sanar está aprendiendo a hacerlo desde Pereira, y el país todavía está en el camino de encontrar formas para lograrlo desde otros territorios más allá de Bogotá.


Por Redacción Región en Acción

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