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El modelo educativo en Bogotá que busca entender en lugar de memorizar

Un sistema pedagógico proveniente de Finlandia aterrizó en Bogotá. Se trata del HEI, la herramienta con la que miles de niños en Helsinki han visto cómo pueden aprender a la par que juegan, entienden y se forman para el futuro.

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Tomás Tarazona Ramírez
30 de marzo de 2026 - 04:49 p. m.
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Un sistema pedagógico proveniente de Finlandia aterrizó en Bogotá. Se trata del HEI, la herramienta con la que miles de niños en Helsinki han visto cómo pueden aprender a la par que juegan, entienden y se forman para el futuro.

Un modelo educativo de avanzada llegó a la ciudad para que jugar y aprender no transiten por caminos separados. Se trata del Helsinki International Schools (HEI), una apuesta que propone desplazar el énfasis en la memoria y los resultados académicos hacia un aprendizaje centrado en la curiosidad, el bienestar y las habilidades socioemocionales.

La propuesta comenzó a implementarse en el colegio Buckingham, que adoptó esta metodología en su preescolar. El enfoque, desarrollado junto a la Universidad de Helsinki, reorganiza la experiencia en el aula: el juego estructura el aprendizaje, la exploración guía los contenidos y la autonomía se introduce desde los primeros años.

“Este modelo permite que los estudiantes desarrollen autonomía, creatividad y pensamiento crítico, fomentando una motivación genuina por aprender”, explica la institución, que desde 2025 avanza en su intención de consolidarse como el primer colegio finlandés del país.

Desde la experiencia

El cambio se expresa en la forma en que se construyen las clases. Los espacios abiertos, el movimiento y la interacción constante reemplazan la rigidez de las dinámicas tradicionales. El aprendizaje deja de organizarse en asignaturas aisladas y se articula en experiencias que integran habilidades lingüísticas, matemáticas y socioemocionales.

El juego, en este modelo, funciona como base metodológica. A través de actividades diseñadas con intención pedagógica, los estudiantes exploran conceptos, resuelven problemas y desarrollan pensamiento crítico.

Además, las calificaciones pierden peso en las aulas de clase, pues se da más importancia al proceso de aprendizaje y lo que realmente aprenden los niños.

Juliana Salazar, rectora del colegio, señala que esta lógica también transforma la relación del estudiante con el conocimiento. “Cada niño es el arquitecto de su propio aprendizaje. No se trata solo de adquirir información, sino de formar personas con autonomía, confianza y herramientas para enfrentar distintos escenarios”, afirmó.

“Generación Cero”

La implementación en Bogotá inicia con la denominada “Generación Cero”: un grupo reducido de niños de cuatro años que accede a beneficios económicos durante toda su trayectoria escolar, desde preescolar hasta grado 11. La cohorte funciona como punto de partida de esta metodología en el país y concentra la primera aplicación del modelo en contexto local.

El despliegue del programa incluyó inversión en infraestructura, formación docente y la adquisición de la licencia internacional de HEI. El equipo de preescolar fue certificado en el enfoque finlandés antes de su puesta en marcha, mientras los espacios se adaptaron para favorecer la exploración, el movimiento y el vínculo con el entorno, con huertas, zonas artísticas y ambientes abiertos.

El énfasis está en la autonomía desde edades tempranas. A los cuatro años, etapa clave para el desarrollo cognitivo, emocional y social, el modelo promueve la toma de decisiones, la interacción y la curiosidad como motores del aprendizaje. La evaluación se orienta a procesos y evita la competencia o la estandarización temprana.

“En muchos preescolares el juego existe. Pero una cosa es permitir jugar y otra muy distinta es que la metodología de aprendizaje sea jugar. En el modelo finlandés, el juego es el currículo. Esperamos que cuando estos estudiantes estén en grado 11 sean jóvenes seguros de sí mismos, con pensamiento crítico, creatividad, mente abierta y habilidades socioemocionales sólidas para elegir su propio camino”, comenta Salazar.

Referente global

El sistema educativo finlandés se mantiene como un referente internacional, con resultados que superan de forma sostenida el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en pruebas como PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos). A esto se suma su posición reiterada como uno de los países con mayores niveles de bienestar, de acuerdo con el Informe Mundial de la Felicidad.

El traslado de este modelo a Bogotá introduce una discusión sobre su alcance y sus condiciones de implementación. La propuesta se desarrolla en el marco de una institución privada y se articula con el Bachillerato Internacional, lo que configura una trayectoria educativa con estándares globales desde la primera infancia hasta la educación media.

La llegada del HEI pone sobre la mesa una pregunta de fondo: el lugar del bienestar dentro del aprendizaje y el tipo de formación que se construye desde los primeros años. En ese escenario, la discusión no se agota en cómo aprenden los estudiantes, sino en las condiciones que definen quiénes pueden hacerlo bajo este modelo.

Para Salazar, la llegada del modelo finlandés puede convertirse en un producto de exportación a otras latitudes del país. Sus resultados, comenta la rectora, podrían cambiar el panorama en cómo se han impartido clases en el país: de memorizar y calificar a los estudiantes hacia un modelo en que su bienestar y creatividad sean el centro del proceso.

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