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Enseñar vale más que castigar. Ese es el lema que se maneja en los pasillos de la Secretaría de Cultura de Bogotá para recorrer los barrios de la capital y lograr que miles de metros cuadrados estén libres de desechos en andenes, riachuelos o esquinas. El proyecto, considerado como una apuesta que mezcla pedagogía, incentivos económicos y liderazgos comunitarios, ya ha logrado despejar más de 32 barrios y ha impulsado que vecinos o juntas de acción comunal sin ninguna formación en gestión de residuos consoliden propuestas hechas “por y para el territorio”.
Se trata de ´La basura a tiempo´: una estrategia que busca convertir la capital colombiana en referente de gestión de residuos mientras que los vecinos y asociaciones comunales diseñan estrategias —financiadas por la Secretaría— para embellecer los espacios y crear cultura ciudadana.
“Todo inicia con la participación ciudadana: los vecinos identifican problemas en sus propios barrios y luego las soluciones. Así se crea una mejor relación con los residuos, los espacios y se construye una cultura de limpieza y arraigo por las manzanas en Bogotá”, comenta Angélica Martínez, subsecretaria de Cultura Ciudadana y Gestión del Conocimiento de la Alcaldía.
Laboratorios de soluciones
La estrategia se remonta a 2024, cuando la Alcaldía detectó que la cultura ciudadana podría servir como principal aliciente para mantener limpias las calles con estrategias comunitarias y sentido de pertenencia. En aquel entonces se empezó a diseñar la apuesta para que los beneficios de disponer correctamente los residuos se potenciaran: el embellecimiento en las calles atraía turismo y este, a su vez, generaba réditos económicos para los comercios y quienes residían en los barrios.
La Alcaldía entendió que una Bogotá limpia no podía limitarse únicamente a sancionar a los vecinos que, por desconocimiento o indiferencia, disponen cientos de toneladas de desechos en andenes, calles o, como en el caso de Santadercito, en el riachuelo que da a espaldas del barrio. Así que creó una estrategia que pensó en todos los frentes de batalla para lograr limpieza y cultura cívica. La clave consiste en escuchar las propuestas diseñadas por los vecinos, quienes conocen desde hace décadas cómo funcionan los barrios y que elaboran un verdadero laboratorio de soluciones que versa sobre mantener limpios andenes, embellecer fachadas, postes o participar en campañas de comunicación y memoria para contar la historia de los sectores a través de los años.
La estrategia se complementó con la articulación que ha tenido la Alcaldía con la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp) para que cada integrante de la comunidad, sea residente o comerciante, conociera cuándo, cómo y dónde disponer adecuadamente los residuos y contribuir a barrios limpios, pero también beneficiándose de las bondades económicas y de arraigo de la estrategia de Barrios Vivos.
Así funcionó con don Gerardo, un habitante de larga data de la localidad de La Candelaria. Fue gracias a él que iniciativas de comunicación y pedagogía empezaron a materializarse en el centro histórico y sus alrededores para escuchar a los vecinos sobre cómo gestionar las basuras y de qué manera diseñar estrategias que beneficiaran la limpieza de una de las localidades más patrimoniales de la capital y, a la par, ofrecer beneficios económicos a sus habitantes. Entre las iniciativas de don Gerardo y los vecinos de La Candelaria nació la creación de personajes inspirados en la historia y el patrimonio de la localidad que fueron utilizados para enviar mensajes de cultura ciudadana. Además, participó junto con docenas de comerciantes de la zona en campañas de comunicación y el famoso “voz a voz” para que la limpieza en andenes y senderos peatonales fuese la norma, no la excepción.
Estrategia comprobada
Hay otras historias que ilustran cómo los laboratorios de soluciones muestran resultados aplicables y que pueden perdurar en el tiempo.
Magda Liliana Nieto, comerciante y habitante del barrio Santadercito, en la localidad de Usaquén, recuerda que durante años peleó con los transeúntes para que dispusieran correctamente los desechos. Encontraba colchones, bolsas de basura o grandes volúmenes de escombro a la salida de su vivienda o la papelería que le da los recursos para vivir.
Así que Nieto juntó otras 24 personas en el barrio, identificaron que el principal problema era la mala disposición en las calles, y diseñaron una estrategia que hoy tiene macetas, jardines y señalización en todos los postes del barrio para crear cultura ciudadana.
La Secretaría de Cultura, en este caso, respaldó el proyecto con conocimientos técnicos y un monto de casi COP 50 millones para que los vecinos en Santandercito lograran tener un barrio limpio, sin basuras, plagas y que se asociara gracias al embellecimiento en las calles al progreso, comercio y turismo.
“Este es nuestro barrio. Aquí crecimos, nuestros hijos también. La gente no quería entender al inicio, pero hoy es la mayoría de la comunidad trabajando en pro del bien común y de pasar de tener esquinas llenas de basura a calles limpias, coloridas y donde florece la cultura”, comenta Nieto.
Todas las latitudes
La estrategia, comenta la Secretaría, ha sido implementada en 19 de las 20 localidades urbanas que conforman Bogotá, pues el engranaje fundamental no son las distancias geográficas o las particularidades de cada una de las zonas. Para la Secretaría de Cultura, la campaña hasta ahora comienza todo un ciclo que busca sembrar las semillas de una capital más limpia y con más conciencia ciudadana. Martínez lo explica así: “Todos pueden cooperar, no solo en la disposición correcta de residuos, sino en la construcción de un tejido social compuesto de cultura ciudadana y arraigo por los barrios. Los 32 barrios que han hecho parte de la estrategia demuestran que sí es posible una ciudad limpia y consciente de sus contextos”.
