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Así funciona el sistema con el que Colombia coordina la cooperación internacional

Detrás del mecanismo están el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Departamento Nacional de Planeación y la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia. Sus 68 proyectos activos suman 90,8 millones de dólares y llegan a 30 departamentos.

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Redacción Diálogos Sociales
25 de marzo de 2026 - 02:25 p. m.
El SNCIC es la apuesta del Gobierno para superar la desarticulación interinstitucional.
El SNCIC es la apuesta del Gobierno para superar la desarticulación interinstitucional.
Foto: APC Colombia
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Articular la cooperación internacional en Colombia había sido, durante años, un desafío para los actores involucrados. Para responder a esa necesidad, y en medio de un contexto global marcado por recortes y tensiones diplomáticas, el país puso en marcha un mecanismo que coordina estos esfuerzos bajo una misma estructura con el objetivo de dar un lugar estratégico a las agendas regionales y movilizar recursos que respondan a las prioridades de los territorios: el Sistema Nacional de Cooperación Internacional de Colombia (SNCIC).

Implementar esta herramienta —creada a través del Decreto 603 de 2022— es la apuesta del Gobierno para superar la desarticulación interinstitucional, uno de los desafíos más importantes que afronta la institucionalidad colombiana. Detrás de su arquitectura hay tres actores clave: el Ministerio de Relaciones Exteriores, que traza la política exterior; el Departamento Nacional de Planeación (DNP), que define las prioridades de desarrollo; y la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (APC Colombia), que articula y acompaña técnicamente a los territorios.

Para Mauricio Jaramillo, viceministro de Asuntos Multilaterales, el valor del sistema está en que ha permitido avanzar en tres objetivos de Estado: “En primer lugar, diversificar las relaciones de Colombia con el mundo y llegar a regiones del sur global que no estaban dentro de las tradicionales. En segundo lugar, llevar la ayuda, las lecciones y el conocimiento de otros países a los territorios, es decir, poner la política exterior y la cooperación al servicio de las regiones. Y, en tercer lugar, adaptarse a un escenario internacional cambiante, en transformación”.

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Los resultados de esa apuesta empiezan a verse en cifras, pero también en cómo opera este Sistema. En total, se han identificado 137 iniciativas que se clasifican en cinco modalidades: Ayuda Oficial al Desarrollo, Cooperación Sur-Sur, Cooperación Triangular, cooperación intranacional Colombia enseña a Colombia (Col-Col) y Contrapartida Nacional —en la que el país también pone recursos para cofinanciar iniciativas—. De ese total, 68 están en ejecución, aprobadas o finalizadas. En conjunto suman una movilización de 90,8 millones de dólares y una cobertura de 30 departamentos.

Ese alcance va de la mano de una red de espacios donde la cooperación se aterriza: 26 instancias territoriales —entre mesas, comités y consejos— y 11 espacios sectoriales e intersectoriales en los que se define, ejecuta y hace seguimiento a los planes de trabajo en cooperación. Es ahí donde el diseño institucional del sistema se traduce en gestión.

Para Sandra Bermúdez Marín, directora de Coordinación Interinstitucional de APC Colombia, el SNCIC “es una herramienta viva que no solo le da un lugar prioritario a las regiones, articulando actores, acciones y procesos en los niveles nacional y territorial, sino que impulsa la gestión estratégica de la cooperación no reembolsable, promueve el fortalecimiento de los flujos de Cooperación Sur-Sur y triangular, facilita la adecuada priorización de demandas y ofertas, y contribuye a mejorar la transparencia y la rendición de cuentas mutuas”, explica.

En términos concretos, esa visión estratégica se traduce en una mayor capacidad para orientar los recursos hacia donde más se necesitan. Martha Cecilia García, subdirectora general de Inversiones, Seguimiento y Evaluación del DNP dice que “el Sistema ha permitido concretar de manera más efectiva la oferta de cooperación con las necesidades y prioridades del país. Desde esta perspectiva, la cooperación internacional se consolida como una herramienta clave para fortalecer las capacidades territoriales, cerrar brechas y acelerar la ejecución de proyectos de alto impacto para la región”.

En la práctica —explica— la articulación se ve en figuras como los pactos territoriales, que organizan mejor la llegada de recursos, alinean a las entidades y enfocan la inversión en proyectos estratégicos en regiones que históricamente han estado rezagadas.

Encuentros territoriales con una mirada descentralizada

La lógica del Sistema Nacional de Cooperación Internacional de Colombia de conectar proyectos, recursos y prioridades ha llegado a los territorios. En 2025, tras un Primer Encuentro Nacional del Sistema, se realizaron cuatro Encuentros Territoriales en las regiones del Caribe, Pacífico, Amazonía y Centro del país.

Fueron espacios donde distintos actores pudieron sentarse a conversar, alinear prioridades y empezar a construir confianza, con una mirada más descentralizada de la cooperación y con impacto directo en el desarrollo de los territorios, la sostenibilidad y la construcción de paz en Colombia.

El encuentro de la Región del Pacífico tuvo su sede en Cali. Allí, delegados de los departamentos de esa zona del país se reunieron para revisar los avances de los Planes de Trabajo Territoriales. Fue ante todo un espacio para cruzar experiencias, reconocer problemas comunes y entender que muchas de las apuestas regionales pueden articularse y potenciarse entre sí.

También fue un momento para mirar hacia afuera y revisar los mecanismos de cooperación disponibles y las tendencias de financiamiento internacional, con la idea de que los territorios puedan posicionar mejor sus proyectos ante los cooperantes.

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El encuentro dejó una idea de fondo: el Pacífico empieza a verse a sí mismo como un actor con capacidad de proyectarse en el Sur Global, no solo como receptor de cooperación, sino como generador de iniciativas en sostenibilidad, integración regional e innovación social.

Jair Blandón, director de Cooperación de Chocó, destaca la importancia de estos espacios para articular la acción local con la cooperación internacional. “Es muy estratégico, necesario y ganador para la región Pacífico y para el territorio que este tipo de eventos se realicen acá porque generan la presencia y el acompañamiento de la institucionalidad a los territorios en la planeación estratégica de la cooperación internacional. Fundamental que nos convoquemos todos alrededor de la institucionalidad y que el Sistema Nacional siga operando como eje articulador de la cooperación”, dice.

“Golondrina sola no llama agua”

Ese mismo enfoque —el de fortalecer la coordinación entre actores locales y cooperación internacional— se observa en otras regiones. En el Caribe, por ejemplo, el encuentro territorial sirvió para aterrizar esa conversación en proyectos concretos; identificar nuevas oportunidades, como convocatorias, becas y subvenciones, y reforzar una idea que atraviesa todo el sistema: Colombia no solo recibe cooperación, también la ofrece, especialmente en el marco de la cooperación Sur-Sur.

En medio de ese ejercicio, se anunció la aprobación del proyecto “Restauración Ecológica Caribe”, una iniciativa liderada desde La Guajira y Bolívar que hace parte de otro de los logros que ha tenido el SNCIC, representado en 12 proyectos de Contrapartida Nacional.

La iniciativa de la Región Caribe —financiada con recursos del Fondo Colombia Sostenible y ejecutada por Amazon Conservation Team— combina restauración ambiental con seguridad alimentaria y adaptación al cambio climático. Su duración está prevista para 36 meses y se implementará en municipios como Dibulla, Aracataca y El Guamo.

Andrea Guancha, enlace del sistema en La Guajira, explica que la iniciativa busca restaurar ecosistemas en tierras pertenecientes a mujeres de la asociación, integrando este proceso con su sustento. El proyecto también promueve prácticas sostenibles, como el uso de cocinas ecológicas, y formación técnica para reducir el impacto ambiental y enfrentar el cambio climático.

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Para el departamento —añade Guancha— este tipo de proyectos pone la mirada en territorios que han sido olvidados por el Estado. “Es una gran noticia como departamento de La Guajira, un departamento que históricamente ha sido olvidado por el Estado. Es beneficioso y además es un éxito que en departamentos como los de la periferia de Colombia puedan llegar este tipo de proyectos a beneficiar a poblaciones que realmente han sido totalmente vulnerables a la violencia que se ha presentado en Colombia”, dice.

Otro de los proyectos que ha surgido bajo este esquema es una iniciativa en Caquetá que busca transformar la producción ganadera: el Programa de Producción Láctea Sostenible con Valor Agregado e Innovación para la Conservación Amazónica (Quesería rural).

En el corazón del programa están 130 familias campesinas de Cartagena del Chairá que producen queso picado salado como estrategia de sustento. La iniciativa busca convertir esa práctica artesanal en un modelo más seguro, estandarizado y sostenible, combinando innovación productiva con conservación ambiental. Para lograrlo, articula a entidades como el SENA, el ICA y el Banco Agrario con organizaciones locales y de cooperación internacional.

Ana María Ruiz, enlace territorial del sistema en Caquetá, ve en ese tipo de articulación el sentido mismo de la cooperación en el departamento. “Es una confluencia de esfuerzos que ayuda al cumplimiento de indicadores del plan de desarrollo departamental y al cierre de brechas”, explica. Iniciativas como esta, añade, revierten una vieja lógica: la de los proyectos formulados desde el centro y aplicados en el territorio. Ahora son las propias comunidades las que saben qué necesitan y cómo lograrlo.

La apuesta al final no es solo a mejorar la producción, sino hacerlo de manera sostenible, con acceso a mercados y fortalecimiento organizativo. En el fondo refleja el mismo cambio que busca el Sistema Nacional de Cooperación Internacional: que las regiones no solo reciban cooperación, sino que la conviertan en proyectos concretos con impacto directo en sus territorios.

O como lo resume Ruiz con un refrán del Caquetá: “Golondrina sola no llama agua. La cooperación es llamar a muchas golondrinas a que llamen agua”.

Por Redacción Diálogos Sociales

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