Hace 10 años me encomendaron la tarea de entrevistar a Alfonso Lizarazo. Para ese entonces, el creador de ‘Sábados Felices’ y el ‘Festival Internacional del Humor’ ya no presentaba ni dirigía ninguno de los dos espacios, pero seguía muy activo en el entretenimiento. Trabajaba con Telecaribe y residía en Barranquilla, la ciudad natal de su esposa. Venía una vez al mes a ocuparse de asuntos en Bogotá y en la capital del Atlántico realizaba el ‘Festival del humor Caribe’ donde convocaba a comediantes y humoristas de todo el continente.
Cuando llegaba a la capital atendía muchos compromisos y por eso, lograr una cita él resultó complejo. Esperé por más de un mes, hasta que un día me citó en Parque Central Bavaria, donde permanecía cuando venía a la ciudad. Me advirtió que la cita sería corta. Fue al final de la tarde, y la media hora que había destinado para la entrevista terminó siendo una charla muy larga.
Hablar con Alfonso Lizarazo resultaba una cita con la historia misma de la televisión colombiana, pues recordaba anécdotas precisas con personajes que aún estaban vigentes en pantalla. Allí precisó que cuando llegó a Bogotá terminó trabajando en radio por casualidades de la vida misma.
En realidad, pensaba que sería vendedor, aunque algunos perfiles indican que le hubiera gustado ser abogado. Amante de los deportes, especialmente del fútbol y el beisbol que jugó de niño en las calles de su barrio, el Girardot, en Bucaramanga, contó que siempre se caracterizó por tener buena potencia en la voz. La radio le llamaba la atención.
Sus comienzos en el entretenimiento fueron en ese medio. En Caracol Radio, el entonces gerente Julio Nieto Bernal le permitió trabajar como control máster. Luego se convirtió en director de su propio espacio musical. “Fui presentador de cosas serias”, dijo refiriéndose a los espacios ‘Juventud moderna’ y ‘Estudio 15’. En este último recibió a los grandes ídolos de la época de los años 60. Rocío Dúrcal, Camilo Sesto, Julio Iglesias y José Alfredo Jiménez fueron algunos de sus invitados.

"La gente nos demostraba su cariño atendiéndonos, nos preparaban la mejor comida y era de verdad muy bonito sentir esos recibimientos”.
En tiempos en los que sonaba la denominada Nueva Ola, y las canciones de Oscar Golden, Lyda Zamora, Claudia de Colombia o Christopher lideraban las listas, Lizarazo era el anfitrión de ‘Estudio 15’, un programa radial que luego llegó a la televisión.
Luego de presentar ‘Operación Ja Ja’, y ante la necesidad de crear el remplazo del espacio, ideó ‘Campeones de la risa’, un programa que después el mundo del entretenimiento conocería como ‘Sábados Felices’, el que con 54 años al aire se convierte en el más longevo vigente de humor en el mundo.
Por aquel entonces Caracol era una programadora. Don Alfonso recordó que a su oficina del edificio Barichara, ubicada en el centro de Bogotá, llegaban muchos artistas. El santandereano, con ojo clínico para las aptitudes histriónicas, identificaba si tenían madera para actuar y contar chistes y los incorporaba al elenco del programa que presentó y dirigió por 26 años. Lizarazo descubrió talentos legendarios como Hugo Patiño, Carlos ‘el Mocho’ Sánchez, ‘El Flaco’ Agudelo y Óscar Meléndez, quienes fueron parte del primer equipo.
En la entrevista lamentó que ya no existiera ‘Lleva una escuelita en tu corazón’, la obra social que llevaba al elenco a distintos municipios del país donde no existía un centro educativo. En cada lugar jugaban un partido de fútbol y recaudaban fondos para esa causa. Para Lizarazo, la función social era parte vital de ‘Sábados Felices’. En la charla compartió fotos de momentos en sitios recónditos del país a donde no iba nadie, “solo nosotros”. En esa época, bastaba con enviar una carta al programa invitando al elenco y luego don Alfonso leía la misiva al aire y confirmaba la presencia del elenco en el sitio. Rememoró que siempre le ganaban los partidos de fútbol al equipo local. Heriberto Sandoval recordó en ‘Día a día’, que Lizarazo se enojaba si no le pasaban el balón y que, en efecto, como buen jugador de fútbol, no había partido en el que no marcara gol.
Alfonso Lizarazo, un hombre incansable, recordó su fuerte ritmo de trabajo: salían de viaje un viernes o sábado -a veces se movilizaban por carretera- regresaban el domingo. Lunes, martes y miércoles eran para trabajar en ideas y libretos, además de ensayar. Las grabaciones del programa eran los jueves desde muy temprano hasta los viernes al amanecer.
“Un pueblo sin escuela es un pueblo sin futuro”, era el eslogan que cada sábado repetía al aire y con el que hicieron realidad 320 escuelas. “Fuimos a todo tipo de lugares”. Fueron tantos, que mientras observaba las fotografías en blanco y negro no siempre recordaba el lugar donde fueron tomadas. En aquella época los recibía mucha gente, con caravanas y carros de bomberos. Cuando el equipo se despedía le daban regalos y no fueron pocas las ocasiones en que los lugareños lloraban, agradeciendo que por primera vez alguien de la televisión fuera a ayudarlos.
“Fuimos a muchos sitios que ni siquiera tenían un hostal y nos hospedábamos en las casas, lo que era muy bueno, resultaba mejor incluso que estar en un hotel. La gente nos demostraba su cariño atendiéndonos, nos preparaban la mejor comida y era de verdad muy bonito sentir esos recibimientos”, mencionó Lizarazo en dicha charla.
El secuestro y la política
En medio de sus viajes por distintos municipios, su rapto lo convirtió en noticia nacional. En la charla, Lizarazo lo calificó como “su momento más difícil”. Fue 1994 cuando fue secuestrado por grupos al margen de la ley, muy cerca del batallón de la zona. “No nos ocurrió nada en lugares que nos decían que eran peligroso. En una ocasión fuimos a un territorio muy apartado en el Magdalena Medio. Íbamos en lancha y vimos que a nuestro lado estaba el ejército cuidándonos, nos explicaron que íbamos a un lugar complicado. Al llegar, todo estuvo perfecto. Cuando nos fuimos la gente lloraba de agradecimiento y nos dijeron que allí todos eran guerrilleros hasta las monjas, pero no nos pasó nada. En cambio, cuando me secuestraron nos tomaron por sorpresa. Vimos un retén, pensamos que eran militar y luego presentaron y tan pronto me vieron dijeron ‘a usted es que necesitamos’ y me llevaron”.
Lizarazo admitió que el temor fue inevitable, pero finalmente después de caminar durante una semana entre los campos del Valle de Cauca y quedarse en casas de campesinos, fue liberado con un mensaje para el entonces presidente Ernesto Samper. El grupo solo deseaba amnistía.
Recordó que “haber cometido política” en 1998. Así se expresó sobre su retiro temporal de la pantalla para lanzarse a elecciones al Senado. Con poca campaña y mucho cariño y popularidad, logró una destacada votación que lo llevó a ser senador.
Lizarazo, el hombre de la risa, que apadrinó centenares de escuelas en el país, el padre de cuatro hijos, un profesional exigente y disciplinado, marcó un hito en Colombia. Gracias por la alegría.
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