El escritor se refirió en charla con Vea, entre otros aspectos a los difíciles y dolorosos momentos que ha vivido y por qué cree que la enfermedad podría estar vinculada con sus miedos.
Hasta el primer trimestre del año pasado, Héctor Forero estaba radicado en México. Luego de vivir en la capital azteca, había decidido comprar un apartamento y hacer su vida en la isla de Cozumel, en la Riveira Maya. Desde allí seguía con su trabajo como creador de series y telenovelas.
Forero, de 57 años, había logrado lo que pocos: escribir tanto para Televisa como para TvAzteca, los dos grandes canales de ese país. ‘Emperatriz’, ‘Mi marido tiene familia’, ‘Amor amargo’ y ‘Un día para vivir’ se cuentan dentro de sus producciones en tierras mexicanas. A ellas llegó 20 años atrás, en el 2006, cuando después de haber creado apuestas como ‘Conjunto cerrado, ‘Padres e hijos’, ‘Rauzán’, ‘Retratos’ y ‘Tabú’ entre otras, decidió probar suerte lejos de casa. Para esta época había superado un linfoma. De ahí que complementaba su trabajo como escritor con el de dar charlas a personas que lidiaban con el cáncer. Hacía especial hincapié en la relación del mal y las emociones mal gestionadas.
Un malestar en el ojo que resultó ser una masa maligna
A Colombia venía de paseo, a chequeos médicos y a visitar la familia, pero hace un año su vida dio un giro inesperado. Luego de presentar malestares oculares y visitar varios oftalmólogos, el quinto le reveló que lo suyo no era ocular. Le descubrieron una masa que resultó maligna. “Empecé con el tema de los ojos, como mareos, vértigos, como que iba a caminar y de repente, de la nada me caía. Creía que tenía algo en los ojos y resulta que no era eso”.
No había nada qué pensar. Forero regresó para ponerse en manos de médicos colombianos y desde entonces está en el país. “Soy colombiano. Y eso a mí nunca se me ha olvidado. Entonces aquí he pagado, he sido muy juicioso, muy aplicado con que la pensión, que la prepagada, que la EPS”.
Vinieron los exámenes y el tratamiento, otra vez estaba decidido a luchar contra el mal, que en esta oportunidad no fue una recaída. “Entiendo que es un linfoma nuevo. Mucha gente me decía ‘ay, qué maravilla, menos mal tú ya pasaste por eso’”, menciona el libretista, quien se molestaba con dichos comentarios porque justamente por haber experimentado un tratamiento en el pasado sabía que lo venidero no era fácil. Y no lo fue.
“Lo peor que he vivido. Yo pensé que me iba a morir…. Te duele, no te puedes parar. Pensé que no lo sobrevivía. Fue muy duro, muy, muy duro”. Para el santandereano lo más difícil fue el trasplante de médula, hace 50 días y que lo obliga a cuidarse de manera radical (alimentación, ambientes públicos) durante 100 días.
“Yo venía derechito a morirme”, Héctor Forero
Hasta hace menos de un mes pocos conocían lo que enfrentaba, pero cuando se sintió un poco mejor resolvió hacer una publicación en las redes sociales sobre el proceso. Ahí aparecieron algunos colegas, amigos y actores que se han unido a su círculo de ayuda, ese que siente lo mantiene en pie.
Después de hablar con una de sus sobrinas concluyó que sus temores no estaban relacionados con la enfermedad misma o la muerte, pero el abandono y la soledad sí estaban ligados. “Tenía mucho miedo a sentirme abandonado, no a la enfermedad, ni a morirme. Cuando regresé a Colombia para esto, yo venía derechito a morirme”.
El apoyo de sus amigos y familia lo llevó a querer luchar y enfrentar el tratamiento, no soportaba la idea de verlos tristes por su causa. “Les prometí que iba a dar todo de mí qué es lo que uno como paciente puede hacer. Hacerse esto, hacerse aquello, hacerse lo otro”.
Hoy cree que el haber estado lejos de los suyos en una especie de autoexilio, lo afectó: “Nada justifica alejarte de tu gente, de tu familia. Eso me lo cuestioné mucho porque yo hace 20 años me fui del país. Sí, entiendo que fui a buscar trabajo y todo eso, pero me aislé mucho, vivía como en otro mundo y siento que me hacían falta. Una amiga fue a visitarme y al darse cuenta de lo lejos que estaba dijo ‘¿y qué te hicimos para que te vinieras hasta aquí?’.
Hace 22 años, cuando enfermó por primera vez, aprendió varias lecciones: “Dejar de culpar a los demás por lo que sucedía en tu vida”, realizar una especie de terapia de perdón, soltando a quienes creía le habían hecho daño y “asumir mi propia responsabilidad y no revictimizándome”.
Hoy, con un nuevo diagnóstico rechaza las frases de cajón que llegan con la enfermedad como “te pasa por algo” o “tú eres tu propia sanación” así como los remedios milagrosos. Más bien se orienta a buscar permanentemente la conexión personal y real con Dios, lejos de la religiosidad o los ritos.
Como escritor y tras superar el cáncer por primera vez, tenía prohibido incluir esa palabra en cualquiera de sus escritos, ahora que lo piensa cree que pudo ser un miedo soterrado que quedó ahí. De momento, no hace planes, no sabe qué seguirá en su escritura, quiere regresar a México, pero no sabe si a vivir o solo eventualmente, tampoco es amigo de los triunfalismos o las expectativas. “Por ahora estoy feliz hoy aquí”. Un reciente examen reveló que todo va bien, las células malignas se han ido.
