Hace más de un año, José Miel, exparticipante de La Descarga, el templo de la música, impactó con su baile y su voz, y llegó a ser finalista dentro del equipo de Marbelle, su mentora. Actualmente llama la atención con su participación en el reality La Casa de los famosos y anteriormente había estado en el montaje teatral La hija del mariachi. El artista siempre se ha mostrado alegre, espontáneo y feliz, sin embargo, detrás suyo existe una impactante historia de vida que dejó al descubierto hace varias semanas para Vea.
JoseMiel fue criado por sus padrinos
José Medina, es su nombre de pila y nació el 23 de julio de 1989 en Bogotá, en un entorno social humilde. “No conozco a mi mamá biológica, sé que es una señora que vendía aguacates en Bosa. Mi padre no se pudo hacer cargo de mí, por temas económicos. Un día, cuando tenía 8 meses, mis padrinos, Amanda Medina, ama de casa, y Saúl Rodríguez, mecánico automotriz, fueron a visitarnos y me encontraron en un estado no muy bueno, estaba desnutrido porque no me cuidaban bien”. Le preguntaron a su padre si podían llevarlo con ellos mientras pasaba la crisis. “Él dijo que sí, no le importó dejarme ir y nunca más me volvió a reclamar”. Don Saúl y doña Amanda nunca le ocultaron su origen y le dieron un hogar que no estaba lleno de lujos, pero donde siempre abundaron el amor y la seguridad.
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“Fue muy lindo y creo que nunca me hizo falta esa parte maternal y paternal biológica, porque ellos reemplazaron eso, me dieron siempre el estudio que necesité y nunca me hizo falta un plato de comida”. En su casa, prefabricada, ubicada en el barrio La Igualdad, en el sur de Bogotá, encontró su camino al arte. “Saúl, mi papá adoptivo, quien falleció hace ocho años, fue quien empezó a apoyarme y pagó, con muchísimo esfuerzo, cursos de actuación y de ballet, ellos no eran adinerados, pero me amaron”.
JoseMiel: orgullosamente artista y homosexual
Aunque es orgullosamente gay, no se identifica con los estereotipos forjados por la comunidad ni por un ‘sistema’ que, para él, no define lo que es. “Soy homosexual y me encantan los hombres. Así de sencillo”. En esa etapa de descubrimiento, el artista contó con el apoyo de doña Amanda y don Saúl, algo fundamental para él. “Mis padres adoptivos, aunque al principio no entendían muy bien lo de mi sexualidad, siempre estuvieron conmigo, fuese lo que fuese, porque fui muy juicioso en la casa y en el colegio. Ocupaba los primeros puestos e izaba bandera”. El cantante retribuyó el amor que sus padres le prodigaron cuando era un bebé, estando siempre presente en la cotidianidad de los suyos. “El típico de lavar la loza y ayudar con el aseo. De vez en cuando bajaba al taller automotriz, me ponía la ropa de trabajo y le ayudaba a mi papá a lijar los carros o le pasaba la herramienta cuando tenía que soldar”.
Con los valores inculcados en casa tomó decisiones y emprendió un camino. “Siempre he sido respetuoso y de buenas amistades. No tomo licor, probé algunas cosas, pero no me quedé, no me gustó, y eso es por esa educación y lo que me inculcaron”. Esa seguridad no lo dejó flaquear ante las burlas de las que fue objeto en la adolescencia, y le permitió ser el hombre que es hoy. “Todos nosotros hemos sido discriminados en algún momento por la sexualidad, pero para mí siempre fue un juego”.
JoseMiel descubrió su talento en el colegio
José tenía 8 años cuando encontró el camino del arte, con el grupo Cantar y Vivir, que se presentaba en Plaza de las Américas. “Allí empecé a explorar la música, el baile y la actuación”.
De esos días recuerda sus primeros escenarios, pues cantaba o bailaba en todas las izadas de bandera y semanas culturales. José Medina encontró su nombre artístico por la característica de su tono vocal. El nombre de José Miel surgió porque su voz era muy suave y dulce, “como de niña”, afirma. Un día, el hermano de una de sus maestras sugirió llamarlo ‘José Miel’, inspirado en el personaje de los dibujos animados de los 70. “Usted fue el hijo perdido de la abejita Maya”, le decían con cariño.
José Miel, dueño de una personalidad arrolladora, recuerda esos días escolares, en los que ya se perfilaba como artista. “En el colegio me decían ‘La gaviota’, porque estaba de moda Café con aroma de mujer y yo cantaba como Margarita Rosa. Los muchachos me molestaban, pero con mis amigas lo disfrutábamos”.