En el último año, el cine colombiano ha atravesado uno de los momentos más importantes de su historia, convirtiéndose en un destino atractivo para producciones de alto nivel. Además, demuestra una gran capacidad para producir historias de géneros como la aventura, el suspenso, la acción y otros lenguajes cinematográficos. Aunque constantemente se están realizando películas, gran parte de ellas no logra llegar a las salas de cine.
El gran desafío del cine colombiano
Lucho Velasco, actor reconocido por su participación en “La reina del flow”, “Rosario Tijeras”, “El Bronx”, “El general Naranjo”, “Ana de nadie”, entre otras producciones, asegura que Colombia tiene todo lo que necesita para convertirse en una potencia en el mundo audiovisual, pero requiere que sus películas tengan más oportunidades de conectar con el público. “Colombia está muy bien posicionada en este momento con valores de producción impresionantes. Para nadie es un secreto que al país llegan producciones de muy alto nivel, reconocidas mundialmente, con directores también reconocidos. Lo único que le hace falta a Colombia para seguir produciendo cine es que los distribuidores y los dueños de las pantallas permitan tenerlas ahí. En este momento se hacen 80 películas al año, pero no tenemos dónde proyectarlas, ese es el grave problema”.
Más allá de su valor cultural, Velasco resalta que el cine debe ser visto como una industria que no solo crea empleo, sino que también impulsa otros sectores y contribuye al desarrollo económico. “Si tuviéramos pantallas esto se duplicaría y la gente entendería un poco que tener una producción deja muchos servicios, mueve la economía a un nivel impresionante y eso es muy importante. Es un muy buen trabajo, aporta mucho al Producto Interno Bruto del país, pero carecemos de pantallas para poder ver las películas”.

Lucho Velasco, actor, director y productor colombiano.
Lucho Velasco y su faceta como director y productor
Recientemente, el bogotano, quien lleva más de tres décadas frente a la pantalla, inició una nueva etapa profesional. Aunque dirigir y producir no son cosas nuevas para él, es la primera vez que asume ese rol como el objetivo principal de su carrera. “Es una etapa muy diferente. Estar detrás de cámaras siempre lo he hecho, pero nunca había sido público hasta que decidí realmente dar ese paso y que mi prioridad ahora sean la dirección y la producción. Me apasiona al 100 % poder dominar mi set, poder escribir mis historias, poder llevarlas a la pantalla. Soy un amante del cine, estoy buscando historias siempre por el mundo”, afirma.
Su vínculo con el séptimo arte existe hace años. Su carrera en el mundo audiovisual empezó mucho antes de que se convirtiera en actor. En 1994, se desempeñó como productor de campo en la telenovela “Eternamente Manuela”, en Cali. Esta experiencia le generó gran interés por todo lo que sucede detrás de cámaras. Estudió Arte Dramático y, más tarde, se mudó a Bogotá con una beca que le permitió seguir formándose mientras construía su carrera: “El cine siempre ha vivido en mi memoria desde muy chico. Yo me volaba del colegio para ir a oír radionovelas y desde ahí empezó mi cabeza a pensar en esto que estoy haciendo hoy en día. Me quiero morir en el set. Clint Eastwood será mi ídolo. Para mí esta es y será mi vida. Es una gran ventaja que también puedo escribir los personajes para mí, los que yo quiero hacer; los que me llegan me gustan muchos, pero a veces por tiempo y por temporada no los puedo ejecutar. Ahora yo escribo mis personajes para mí, cosa que me encanta. Son muchos años de carrera”.
En esta nueva etapa artística como director, Lucho presenta “La sangre de Dios”, su más reciente película. Esta producción comenzó a gestarse hace unos tres años, inspirada en una historia original de Christian Solano. Velasco se dedicó a desarrollar el guion, transformándolo en una película de aventura que destaca por sus escenarios naturales como el imponente Cañón del Chicamocha y personajes: “El hecho de estar rodando en estos lugares tan mágicos, de tener esta majestuosidad de las cascadas de la selva, inspiró mucho a los actores y a mí como director. Es un cine costumbrista, donde la gente está más familiarizada con la miseria humana, con los casos que tocan el alma. Esta no es una película pretenciosa, pero tiene todos los ingredientes: aventura, grandes personajes, un gran villano y un gran héroe”.
Más allá del resultado final de la cinta, Velasco cree que fue una oportunidad para aprender, tanto a nivel personal como profesional. “Cada producto es como un magíster en una carrera. Aprendí a ser muy tolerante, a tener fe y a creer que siempre se puede, que cuando uno emprende un proyecto seguramente va a tener mil tropiezos, pero al final siempre tienes un buen final. Aprendí a creer mucho en mi equipo, en mis actores y a creer en las historias que yo estoy proponiendo, porque a mí me gusta contarlas y uno cree que lo que uno hace seguramente va a tener un buen desarrollo”.
Un momento de plenitud
Ahora, el actor puede crear historias desde diversas perspectivas: como productor, director o incluso como actor cuando el personaje lo permite. A pesar de ser consciente de los desafíos que enfrenta la industria, Velasco sigue teniendo una perspectiva optimista. “Lo que quiero es seguir haciendo estas historias, que sean de amplio espectro, que puedan verlas jóvenes y chicos. Deseo que la gente vaya al cine y se divierta y ya después que podamos estar en plataformas. Aquí nadie está compitiendo con nadie. Yo no pretendo competir con Hollywood ni con las películas costumbristas nuevas”.
Además de su crecimiento profesional, Velasco está atravesando un momento personal que comparte con orgullo. “Tener a mis hijas, que compartan un poco el oficio que yo vengo haciendo hace más de 30 años y que ellas ahora quieren ser parte de esta vida, me enorgullece mucho. Nunca las he obligado, sino que ellas han tomado la decisión y eso me gusta más por decisión propia. El orgullo es absoluto. Ahora tengo una familia hermosa, tengo una vida generosa, tengo una carrera que va mejorando con el tiempo. Tengo grandes historias para contar. Estoy físicamente impecable, tengo buena salud, tengo una esposa que me ama y que amo, una familia fantástica y mientras Dios me permita seguir haciendo historias me haré más feliz todavía”.

