Mientras millones de televidentes la ven cada noche presentando la undécima temporada de “Yo me llamo”, Melina Ramírez parece moverse con la naturalidad de quien ha hecho de la televisión su lugar. Sin embargo, detrás de esa imagen segura hay una historia construida con disciplina, jornadas extenuantes de trabajo y una decisión que hoy guía cada paso de su vida: proteger aquello que ocurre cuando las cámaras se apagan.
Lejos de los reflectores, la presentadora habla de una carrera que nunca imaginó construir y de una maternidad que transformó por completo su manera de entender el éxito. Cada oportunidad apareció de forma inesperada, pero ella decidió asumirla preparándose para el siguiente paso. Más que la presentadora de uno de los formatos más exitosos de la televisión colombiana, Melina se define como una mujer que todavía encuentra razones para sorprenderse y que procura que el reconocimiento nunca esté por encima de la vida que construye con su familia.
Una carrera construida con preparación
Antes del entretenimiento hubo otra faceta que marcó profundamente su forma de trabajar: el periodismo deportivo.
Melina recuerda que llegar a esa área representó uno de los desafíos más grandes de su carrera, especialmente porque tuvo que enfrentar los prejuicios hacia una mujer proveniente del modelaje y los reinados que buscaba abrirse espacio en una fuente tradicionalmente masculina.
“Había mucho estigma, mucho tabú sobre una mujer que venía del modelaje y del reinado entrando a deportes. Pero logré consolidarme muy bien. Recuerdo haber sido la primera periodista en Latinoamérica que entrevistó a James Rodríguez cuando lo fichó el Real Madrid. Yo estaba estudiando Periodismo Deportivo en España, pedí una licencia para viajar y coincidió la fecha. Aproveché ese momento para conseguir la entrevista”, relata.
Aquel paso por las salas de redacción terminó convirtiéndose en una escuela que todavía la acompaña.
“Yo sé redactar, editar, presentar, reportar, investigar. A mí me tocaba escribir los libretos, salir a ser corresponsal, grabar las notas, regresar corriendo, editarlas con los editores y luego maquillarme para presentar noticias. Eso me dio una cancha especial que hoy agradezco. Siempre leo los libretos, los corrijo, opino y propongo porque siento que esa formación me preparó muy bien”, afirma.
Aunque estudió Publicidad y Mercadeo, asegura que nunca planeó terminar frente a las cámaras. Las oportunidades fueron apareciendo y decidió responderles preparándose.
“Cada vez que se me abrían puertas decía: ‘Listo, entonces toca estudiar’. La vida me fue llevando y yo simplemente estudio, me preparo y confío en que la vida me pone en el lugar perfecto, preciso, adecuado y correcto”, explica.
La familia como prioridad
Si hubo un momento que redefinió su manera de entender el éxito fue la maternidad. Desde el nacimiento de su hijo Salvador, en julio de 2019, afirma que sigue trabajando con la misma intensidad, pero con prioridades muy distintas a las que tenía durante sus inicios en televisión.
“Durante muchos años entraba a trabajar a las 3:45 de la mañana y salía a las 5:30 de la tarde. Después seguía estudiando porque todavía estaba en la universidad. Hoy corro para poder ser la mamá que quiero ser, para estar presente para mi hijo, para mi esposo, para mi familia y, al mismo tiempo, trabajar en televisión, sacar adelante mi empresa y mis proyectos. Son muchas cosas al tiempo, pero sí se pueden hacer siendo muy organizada”, dice.
Por eso asegura que existen decisiones que ya no está dispuesta a tomar, incluso si representan oportunidades profesionales.
“Con el paso del tiempo, y sobre todo cuando tienes una familia e hijos, las prioridades cambian. No porque los sueños se dejen a un lado, sino porque hay que encontrar un equilibrio. No estaría dispuesta a renunciar a ser una madre presente. Organizo mis días y corro muchísimo para lograrlo, pero mi prioridad siempre será mi familia”, sostiene.
Criar a Salvador, hijo también del creador de contenido Mateo Carvajal, implica hacerlo en medio de la exposición pública. Sin embargo, insiste en que el verdadero reto está en proteger aquello que ocurre lejos de las redes sociales.
“Cuido muchísimo la privacidad de mi esposo (el actor Juan Manuel Mendoza), de mi hijo y de nuestro mundo íntimo. También tengo una excelente relación con el papá de Salvador. Al final, lo importante es quiénes somos fuera del trabajo y que la prioridad siempre sea Salvador”, afirma.
Esa filosofía también explica cómo le gustaría que pensaran en ella cuando, algún día termine su recorrido en televisión: “Me encantaría que me recordaran como una mujer apasionada, comprometida y muy profesional, pero sobre todo cálida. Trato de ponerle corazón a absolutamente todo de una manera genuina y transparente. Más allá de mi trabajo, quisiera que me recordaran como una persona con una sensibilidad especial ante la vida y ante las personas”.
Quizá esa sea la mejor manera de resumir a la mujer que aparece cada noche en pantalla y a la que existe cuando termina la transmisión: alguien convencida de que el verdadero éxito no está solo en los programas que presenta, sino en la forma cómo decide vivir cuando las cámaras finalmente se apagan.
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