Silvio ‘Salvo’ Basile llegó a Cartagena casi por accidente y se quedó por convicción. Venía de Nápoles, traía consigo la disciplina del cine europeo y una curiosidad intacta por el mundo, pero no imaginaba que aquella ciudad caribeña, entonces convulsa y luminosa, se convertiría en su patria definitiva. Murió en la madrugada del lunes 26 de enero de 2026, a los 85 años, en la misma ciudad donde había dicho —con humor y ternura— que quería ser enterrado, “con una pepa de mango entre las piernas”.
Nació el 18 de mayo de 1940 en Nápoles y llegó a Cartagena en noviembre de 1968 como asistente de dirección de Gillo Pontecorvo en el rodaje de “Quemada” (1969), película protagonizada por Marlon Brando. Ese trabajo no solo marcó un punto alto en su carrera temprana, sino que definió su vida. Allí conoció a Jacqueline Lemaitre, quien se convertiría en su esposa, formó una familia y comenzó una relación íntima con una ciudad que, con los años, haría suya.
Desde entonces, su nombre se volvió habitual en los créditos del cine, el teatro y la televisión colombiana. En el escenario interpretó obras clásicas como “La paz de Aristófanes” y “El león en invierno”, así como montajes contemporáneos y musicales. En televisión fue un rostro recurrente en producciones de finales de los noventa y comienzos de los dos mil, con participaciones en títulos como “La mujer en el espejo”, “Prisioneros del amor”, “¡Ay cosita linda, mamá!”, “Pobre Pablo” y “Sofía, dame tiempo”, en las cuales encarnó personajes secundarios que, sin buscar protagonismo, aportaron oficio y verosimilitud.
El cine, sin embargo, fue su territorio natural. Actuó en producciones europeas y latinoamericanas, y también cumplió roles de producción y asistencia de dirección en películas fundamentales del cine colombiano como “La estrategia del caracol” e “Ilona llega con la lluvia”. Participó en “El amor en los tiempos del cólera”, adaptación de la novela de Gabriel García Márquez dirigida por Mike Newell, y mantuvo hasta sus últimos años una relación activa con proyectos audiovisuales, incluso acompañando trabajos rodados en Cartagena desde dentro y fuera del set.
Sin embargo, reducir a Salvo Basile a una filmografía sería injusto. Su verdadero legado se mide en procesos, en generaciones formadas y en una idea clara del arte como herramienta de transformación social. Durante años fue una figura clave del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI), del que hizo parte de su junta directiva, y un promotor de espacios culturales, talleres y proyectos comunitarios. Maestro por vocación, fue también un gestor que entendió la cultura como un ejercicio colectivo.
Quienes lo conocieron recuerdan su acento intacto, su humor directo y su profunda identificación con Cartagena. Hablaba de la ciudad con la autoridad de quien la vio cambiar y con el cariño de alguien que decidió quedarse cuando pudo irse. En sus propias palabras, Cartagena no fue solo un lugar de trabajo, sino un destino.
Salvo Basile venía enfrentando una enfermedad que deterioró su salud en los últimos meses. Su muerte fue confirmada por autoridades culturales y generó múltiples mensajes de despedida desde el ámbito artístico y político. El alcalde Dumek Turbay Paz lo definió como “el italiano más cartagenero de todos”, una frase que resume con precisión su vida.
El 'Italiano más cartagenero' de todos, el gran Salvo Basile, falleció esta madrugada. Llegó a #Cartagena en el 68 y aquí se quedó.
— Dumek Turbay Paz (@dumek_turbay) January 26, 2026
En alguna oportunidad dijo que Cartagena era la ciudad donde iba a morir y «donde me van a enterrar con una pepa de mango entre las piernas». Buen… pic.twitter.com/R9W4iKC97D
Con su partida, Cartagena pierde a uno de sus grandes narradores silenciosos. No solo al actor que apareció en pantalla, sino al hombre que creyó en la cultura como memoria viva. Salvo Basile fue más que un referente: fue un maestro cercano, generoso con su tiempo y riguroso con el oficio. En talleres, conversaciones informales o encuentros fortuitos, insistía en la disciplina, en el respeto por el equipo y en la responsabilidad ética del creador. Defendía la idea de que el cine y el teatro no podían desligarse de la realidad social que los rodea, y por eso promovía proyectos que dialogaran con la identidad caribeña, con sus contradicciones y su riqueza cultural. Su legado, más que visible, es profundamente humano.
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