Nació en Girardot, Cundinamarca; se crio en otro municipio del departamento, Tocaima, y a los 18 años se trasladó a Bogotá. Tenía intenciones de ser abogado, pero su paisano, el actor Alfonso Ortiz, lo convenció de involucrarse en un naciente proyecto teatral llamado La Mama. Desde entonces solo ha vivido por y para hacer teatro. En la década del 80 aceptó trabajar en televisión. Lo hizo para una serie de la desaparecida programadora Cinevisión cuyo nombre no recuerda, donde actuó con Jairo Camargo; luego vendría una película sobre el cura Héctor Gallego.
No tiene nada contra las pantallas. “Nunca quise hacer televisión, no porque la deteste, la respeto mucho, sino porque me he dedicado a mi oficio de hacer teatro, me gusta el público ahí frente a mí (…) Lo otro es que, hay una cosa que por mi modo de ser y de la manera como enfrento la vida, a mí la farándula no me gusta, o sea, el ambiente en que uno se tiene que desenvolver cuando está ahí, no me gusta”.
Misael Torres lleva 54 años dedicado al teatro al aire libre, el mismo que lo ha llevado a ser lo que él denomina “un andariego”. Ha vivido en California, Estados Unidos, donde hizo parte de un grupo de pantomima; en Taganga, Magdalena, donde creó la Casa de la Cultura, y en varias ciudades y municipios colombianos a donde ha llegado a montar sus piezas, sobre todo los denominados “clásicos”. Lo hace de la mano del talento que él mismo forma en estos lugares. De esta manera, un vendedor, un dueño de restaurante o una ama de casa se puede convertir en intérprete. Se le considera además un investigador de su oficio. “Soy popular, no famoso, a mí me conocen en todo lado” refiriéndose a la bienvenida que siempre recibe cuando decide comenzar el trabajo de adaptación y montaje de una obra en un rincón colombiano.
Adicionalmente, escribió un texto para brindar herramientas a los talentos que se encuentra.

Misael Torres tiene 75 años, menciona que ha sobrevivido a tres matrimonios, una pandemia y un terremoto
Formando actores en distintos rincones del país
“Se llama ‘Las cuatro claves del actor festivo’. Es el resumen de casi 40 años de investigación en torno a una preocupación que me empezó porque decidí que el teatro que iba a hacer es uno ligado a la memoria histórica, mítica, cultural, artística de los pueblos, de las regiones, en donde se expresa, digamos, el arte popular, que son las fiestas populares, los carnavales.
A partir de esa visión comencé a preguntarme cómo formar actores y actrices en el contexto de estos eventos festivos. No es lo mismo hacer una obra para una sala de teatro, como generalmente están las carteleras de nuestro teatro, sino como en el carnaval del Diablo de Riosucio, Caldas, o en el carnaval de Blancos y Negros, o en el carnaval de Barranquilla, o en las fiestas de San Pacho en el Chocó”, menciona el cundinamarqués que cree que su texto le puede ser útil no solo a esos denominados “actorales naturales”, sino a cualquier intérprete que se haya preparado en academia porque brinda herramientas para construir personajes.
En su opinión, el potencial interpretativo es algo inherente a la condición humana. “Los ejercicios que he inventado, los dos los pueden acometer. El que tiene experiencia tendrá que sacar todo de su fundamento para hacer una cosa y el que no tiene experiencia usa lo natural al ser humano, que es creativo, es ingenioso, y entonces se logrará”.
Torres, que además de formar sus elencos realiza adaptaciones de las obras para que puedan ser disfrutadas por los públicos que acuden a las funciones al aire libre, no siente que esté revolucionando nada. Por el contrario, lo suyo ha sido volver al origen. “Fíjese que las tragedias griegas eran al aire libre, donde las veían 10 ó 15.000 personas en los anfiteatros”.
Cali, una ciudad muy artística y cultural
Próximo a cumplir 75 años, lleva seis radicado en Cali. “Este andariego está aquí en Cali porque fui operado a corazón abierto. Tengo un problema de isquemia coronaria y pues lo que me dijo mi médica es que lo mejor era que yo viviera en un clima digamos a nivel del mar, en Bogotá es más jodido respirar. Cali es un crisol de sorpresas porque la gente lo identifica solamente con la salsa, pero también hay un movimiento teatral que se está volviendo a organizar. Una gran riqueza cultural”.
Allí lo sorprendió el terremoto que inicialmente confundió con un evento de salud. “Yo no sé si sentí terror, si sentí miedo, lo único es que en un momento dado sentí fue un vacío enorme. Pensé que me había pasado algo por mi problema coronario, que tenía como un desmayo, pero cuando vi que todo empezó a moverse fue tremendo”, mencionó al recordar que se resguardó en el baño y cuando todo pasó salió como pudo a la calle en toalla.
Ahora que la ciudad se enfrenta con las consecuencias del desastre natural y viene un trabajo de reconstrucción, pero también de dolor colectivo por lo perdido, Torres recuerda que la Feria de Cali nació en 1957 tras una tragedia que cobró miles de vidas, y cree que el arte puede contribuir a sanar heridas que deja el terremoto.
“La Feria de Cali nació después de un gran duelo, ocurrió una explosión en 1957 que dejó más de 1.000 personas muertas. Fue una respuesta para sanar. El arte siempre sana, tiene que ver con una relación emocional, porque el arte tiene que ver con una relación espiritual y porque el arte produce un modo de comunicar contenidos que no es desde la racionalidad, sino desde aquella función humana que le permite a los seres, digamos, entender ciertas circunstancias que no son fáciles de entender desde la racionalidad”.
