“Quería ser ingeniero”, dijo en nuestra última charla, pero Yeison Jiménez estaba destinado a ser artista, por eso vibraba desde que era el niño de Manzanares Caldas, el hijo de Orlando Jiménez y Luz Feni Galeano, el hermano de Lina Marcela, que recorría feliz las calles de su pueblo, solo pensando en los deberes escolares, “era el chico extrovertido, el de los chistes y la risa”, recordó hace varios años, cuando posó para su primera portada de Vea, algo que había decretado cuando nos concedió su primera entrevista. En ese momento ya se había trazado una ruta y no descansaría hasta lograrlo. Yeison siempre fue franco al hablar de su origen, sus inicios y sus problemas, porque todos los inconvenientes que tuvo que sortear lo llevaron a formarse.

Yeison Jiménez cumplió uno de sus grandes sueños: el 26 de julio del 2025 hizo un inolvidable concierto en El Campín.
El escenario donde todo empezó
Fue un pequeño que tuvo que afrontar la separación de sus padres cuando tenía 8 años, “pasé de tenerlo todo a quedarme sin nada”, recordó. La ausencia de su padre fue difícil de asumir y su llegada a Bogotá, a los 13 años, también lo sumió en un mundo de incertidumbre. Y apareció Corabastos, la central de abastecimiento donde trabajó durante seis años, el lugar donde empezó a gestarse el éxito y a donde llegó por capricho del destino. Lo mandaron a entregar un encargo de arepas y desde ese día encontró la posibilidad de trabajar vendiendo aguacates. “Yo no tenía otra opción, no sabía hacer nada, era un niño y en la única parte que podía trabajar era en una plaza de mercado”. Nunca dejó de cantar ni de soñar, así sus compañeros se rieran de los sueños de éxito del muchacho que aprendió a escribir canciones gracias a una ‘tusa’ adolescente. También supo tomar los comentarios como venían, porque nada le iba a dañar los planes. “Me daba pena, pero nunca flaqueé, siempre estuve claro en que me gustaba cantar”. Esa también fue una época tempestuosa para Yeison, la de los excesos de licor, de las amistades poco recomendables, de un amor que duró seis años y de situaciones límite que lo pusieron a mirar de cerca a la muerte. “cometí todos los errores que un joven puede tener en nuestro país”, reconoció en ese momento, pero todo eso lo hizo madurar.
La estabilidad del amor
A la par de su búsqueda de reconocimiento como músico, que nunca cesó, encontró esa estabilidad que estaba buscando y que llegó de la mano de Sonia Restrepo, la jovencita que conoció en Pensilvania (Caldas), la mujer que le brindó un hogar y cumplió su deseo de ser padre. Camila, Thaliana y Santiago eran también sus grandes amores, los niños que le dieron la posibilidad de ser un papá presente y consentidor, el anhelo que tuvo siempre.
Nunca paraba de soñar y era ambicioso. Conquistó Colombia y sus ojos se posaron en América y en Europa. Lo logró, y así como en territorio nacional se convirtió en el más importante referente del género, en el exterior también logró el éxito. Durante meses planeó un show sin precedentes. “El gran reto de Yeison Jiménez en el primer Campín que hizo, era convencer a la gente que un artista de música popular merece llenar un estadio y que la gente salga diciendo volvería a un estadio El Campín de música popular o a un estadio en Colombia porque nadie lo había hecho. Yo no tenía modelos a mirar. Lo que yo hice fui pionero”.
