Durante mucho tiempo se ha dicho que abrirse camino significa llegar a ciertos lugares: los escenarios más grandes, el reconocimiento masivo, la validación de una industria que dicta quién merece ser visto y quién no. En conversación con Vea, de El Espectador, Ana Veydó, la voz del grupo Cimarrón y una de las mujeres que más ha contribuido a llevar el joropo colombiano a escenarios internacionales, propone otra forma de entender el éxito.
La cantante boyacense es una de las figuras más importantes del joropo contemporáneo. Fue pionera del canto recio femenino —un estilo tradicionalmente interpretado por hombres— y, junto a Cimarrón, ha llevado la música llanera a escenarios de más de 40 países. La agrupación ha sido nominada al Grammy y al Latin Grammy, y su trabajo ha contribuido a que el joropo deje de ser visto únicamente como una expresión regional para convertirse en una de las músicas tradicionales colombianas con mayor proyección internacional.
“A veces hay que romper techos para construir un lugar propio”
Abrirse espacio, explica Ana Veydó, ha significado aceptar que en el joropo no había un camino trazado para una mujer como ella. En lugar de seguir una ruta establecida, tuvo que construir la suya, aun cuando eso implicara avanzar sin referentes y asumir que muchas decisiones serían, simplemente, un ejercicio de prueba y error.
“Mi carrera se ha construido precisamente en eso: en una constante de estar rompiendo techos. Además, con la música tradicional no hay otro camino y, el día que uno quiera desistir de él, pues mejor se va a hacer otra cosa”, expresó.
Esa sensación de estar explorando un territorio nuevo no desapareció con el paso de los años. Por el contrario, terminó definiendo la identidad artística de Cimarrón y la manera en que Ana Veydó entiende la creación.
“Con nuestra propuesta hemos ido abriendo caminos muy a la topa tolondra, porque eso no está hecho con el joropo. Lo que yo hago y la manera como lo veo, creo que no lo hay. Cimarrón se convirtió en mi nicho y en mi territorio para crear”, agregó.
“Hay libertad en no querer pertenecer”
Con los años, la manera de entender la música también transformó para Ana Veydó su manera de entender la vida. En sus propias palabras, “la libertad no llega al ocupar todos los espacios posibles, sino al reconocer cuáles realmente valen la pena”.
“He aprendido a ubicarme, a dejar de sufrir por querer estar donde sé que no pertenezco, pero que ahora sé que no me interesa. Sencillamente soy feliz con lo que hago musicalmente y con los espacios que he caminado”, afirmó.
Ana Veydó también mencionó que en un momento en el que las redes sociales parecen imponer un mismo modelo de éxito, de belleza e incluso de trayectoria profesional, su apuesta ha sido construir una carrera desde un lugar distinto, sin intentar responder a expectativas que nunca sintió propias.
“Ese también es un nicho pequeño, pero mucha gente lo valora. Sé que eso va a ser más fuerte y que algún día tendrán que mirar y llegar a esa manera de ver la vida, porque no hay otra. Si no, las mujeres vamos a estallar en esas búsquedas de perfección que no somos. A mí no me gusta que todo esté construido para agradar el gusto masculino”, concluyó.
Después de escuchar a Ana Veydó, resulta difícil reducir su historia a la de una artista que llevó el joropo a los grandes escenarios del mundo. Su recorrido invita a una pregunta más amplia: ¿cuántas veces seguimos intentando encajar en espacios que nunca fueron pensados para nosotros? Su respuesta no está en abandonar esos lugares, sino en tener la convicción de crear otros donde la autenticidad no sea una condición negociable.

Ana Veydó participó recientemente en la nueva versión de 'La Culpable', canción de 'La Pipa de la Paz', álbum de Aterciopelados que cumple 30 años en este 2026.
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