Hace apenas unos días, Macario Martínez se subió por primera vez a un escenario en Colombia como parte del Festival Estéreo Picnic 2026. Lo hizo después de un recorrido poco habitual: el de un joven que, hasta no hace mucho, trabajaba como recolector de basuras en Ciudad de México mientras intentaba abrirse camino en la música.
Momentos antes de su presentación en el país, el artista habló con este medio de comunicación y repasó el camino que lo llevó hasta ese punto: uno construido entre trabajos precarios, procesos creativos caseros y una relación con la música que nació lejos de cualquier lógica de industria.
De los trabajos mínimos a las primeras canciones
Antes de llegar a escenarios internacionales, la vida del artista estaba lejos de la industria musical. En Ciudad de México, su rutina combinaba empleos informales y de bajo ingreso con una inquietud constante por el arte.
“Trataba de balancear mis trabajos con la música. Eran empleos en los que ganaba poco, pero me alcanzaba para invertir en cosas básicas: mi primer micrófono, una base, lo que fuera necesario”, recordó.
Su acercamiento inicial no fue desde el protagonismo, sino desde la observación. Durante un tiempo se dedicó a la fotografía, registrando conciertos de bandas independientes. Ese entorno, más que cualquier formación académica, terminó por impulsarlo a crear.

“Estar rodeado de tantos proyectos me inspiró. Tenía amigos que trabajaban todo el día y en la noche tocaban. Eso me parecía increíble”, Macario Martínez, cantante mexicano.
En 2019 grabó su primera canción de forma casera. A partir de ahí comenzaron las invitaciones a pequeños shows: casas de amigos, bares, espacios reducidos donde el público cabía en pocas filas. No había aún una proyección de carrera ni expectativas de éxito.
“Nunca lo vi como un proyecto que fuera a pegar. Lo hacía porque me hacía muy feliz. Me emocionaba todo el proceso: escribir, hacer la portada, compartir la canción”.
Esa relación casi íntima con la música, desligada de la industria, marcó el tono de sus primeras composiciones. Canciones atravesadas por lo cotidiano, por la observación de lo urbano y por la experiencia directa de una vida sin reflectores.
Macario Martínez: viralidad, exposición y un cambio de ritmo
El punto de quiebre llegó sin estrategia de lanzamiento. A inicios de 2025, un video —grabado en medio de su trabajo como recolector— comenzó a circular en redes sociales hasta convertir su historia en tendencia. De un momento a otro, el reconocimiento público transformó no solo su carrera, sino su vida diaria.
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♬ sueña lindo, corazón - Macario Martínez
“Lo más difícil ha sido que mi ritmo de vida ya no es el mismo. Antes no me reconocían en la calle, y ahora muchas personas me saludan. Sin embargo, eso me hace muy feliz”, admitió.
El contraste no es menor. De una rutina anónima pasó a una exposición constante, con viajes, entrevistas y presentaciones que modificaron su cotidianidad. Aunque valora el contacto con el público, reconoce también el costo de esa visibilidad.
“Me hace muy feliz saludar a la gente, pero a veces extraño ser ese desconocido que nadie tenía en el radar”, expresó.
El proceso no ha estado exento de tensiones. Tras el impulso inicial de apoyo, también llegaron momentos de crítica. Sin embargo, su respuesta ha sido insistir en el trabajo musical como eje principal.
“Al principio hubo mucho apoyo, después una etapa de hate, pero con las canciones y el trabajo se fue generando respeto”, agregó.
Esa insistencia ha sido clave para que su proyecto no quede reducido a la anécdota viral. Aunque muchos lo conocieron por su historia, él busca que la permanencia se sostenga en lo sonoro: “Hay personas que me conocen por la historia, pero cuando me ven en vivo, conocen la música. Y eso es lo importante”.
Del anonimato al Estéreo Picnic
En ese tránsito entre lo cotidiano y el escenario, Macario nunca dejó de imaginar un futuro ligado a la música, aunque no necesariamente al éxito masivo. Su expectativa era más modesta, pero igualmente persistente.
“Pensaba que tal vez sería una persona de 40 años con un trabajo normal, pero que seguiría haciendo sus shows. Y estaba bien con eso”, contó.
La posibilidad de llegar a festivales internacionales no estaba en ese horizonte inicial. Por eso, su presencia en el Estéreo Picnic 2026 representa no solo un logro profesional, sino un punto de inflexión simbólico.
Minutos antes de su presentación, el enfoque no estaba en la magnitud del evento, sino en la conexión con el público. Su expectativa, más que deslumbrar, era generar una experiencia emocional.
“Afortunadamente, funcionó. Y ahora estamos acá, en un festival en el que siempre quise estar. Me gustaría que la gente se diera el tiempo de sentirnos, de escuchar y de dejar que nosotros los abracemos con la música”, mencionó.
Esa intención resume, en buena medida, la esencia de su propuesta. Sus canciones no buscan alejarse de su origen, sino profundizar en él. La ciudad, la soledad y los detalles mínimos siguen siendo el centro de su narrativa.
En el Estéreo Picnic, esa mirada encontró un nuevo escenario. Uno masivo, sí, pero atravesado por la misma sensibilidad con la que empezó: la de alguien que, incluso en medio del ruido, sigue atento a lo pequeño.
La historia de Macario Martínez puede haber sido el punto de partida. Pero sobre la tarima, lo que terminó por sostener su presencia fue otra cosa: las canciones.
@macariomartinezmusica Así sonó “Azul” en Colombia, gracias por venir a vernos 💙🇨🇴@Festival Estéreo Picnic #macariomartinez #musicamexicana #festivalestereopicnic
♬ sonido original - Macario Martínez
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