El sol no suele ser protagonista en el Festival Estéreo Picnic. Esta vez sí. Desde temprano, el cielo despejado y el calor inusual en Bogotá marcaron el inicio de una jornada que rompió una de las costumbres más arraigadas del público: la de llegar preparado para la lluvia.
La cita arrancaba a las 2:00 p.m., pero incluso una hora después el ingreso todavía tenía sus pausas. La fila de acreditaciones avanzaba con lentitud, algo habitual en el primer día, y obligaba a asumir el inicio sin afán. No fue un problema mayor, pero sí el primer recordatorio de que el festival se activa progresivamente.
Adentro, la bienvenida fue inmediata. En tarima estaba Royel Otis, y con él llegó también esa sensación de estar, ahora sí, dentro del festival. No hizo falta mucho más: bastó la música, el clima y el movimiento de la gente para empezar a entrar en sintonía.
Ese proceso no es automático. Se da mientras uno recorre, observa, se ubica. Mientras el cuerpo se adapta al espacio, al calor, a los sonidos. En medio de ese tránsito, también hubo tiempo para preguntarle al público del escenario Páramo (donde se presentan la mayor cantidad de aristas de música electrónica) por sus apuestas del día, por los nombres que cada quien llevaba marcados en su propio itinerario.
Fue después de ese primer contacto con la gente que apareció RØZ, sumando a esa construcción inicial del ambiente. Todavía no era una multitud compacta, pero sí un espacio que empezaba a tomar forma, a llenarse, a responder.
El entremés antes del show principal del FEP
En medio de ese arranque, hubo una pausa. En la zona de prensa, a pocas horas de su presentación, Elniko Arias hablaba de su debut en el Estéreo Picnic. Más que nervios, lo que transmitía era expectativa: el primer gran escenario, la oportunidad de llevar su propuesta —entre el rap y el reguetón— a un público distinto.
Fue un momento breve, pero suficiente para entender otra dimensión del festival: la de los artistas que están llegando por primera vez y que ven en este espacio una validación.
La salida de esa conversación marcó también el cambio de ritmo. Afuera, casi de inmediato, la música volvió a imponerse. Briela Veneno estaba en tarima y lo que minutos antes parecía un espacio disperso empezó a tomar forma. Más gente acercándose, más movimiento, más cuerpos respondiendo al beat.
Con esa energía, el recorrido continuó hacia el escenario Un Mundo Distinto, donde Addison Rae conectaba con su público en su primera visita a Colombia. Su show, alineado con su estética pop, encontró respuesta en quienes ya la esperaban.
Pero la noche ya apuntaba hacia otro lugar. Con una bebida en mano y el reloj acercándose a las 9:00 p.m., el destino era claro: el escenario Estéreo Picnic. A las 8:45 p.m., Turnstile asumió ese primer gran momento de convocatoria. La energía cambió de escala: más gente, más intensidad, una respuesta colectiva mucho más evidente.

El vocalista de la banda estadounidense Turnstile, Brendan Yates, canta durante el primer día del Festival Estéreo Picnic (FEP) este viernes, en Bogotá (Colombia).
El festival, sin embargo, no ocurre en una sola tarima. Hubo tiempo para pasar por el escenario Lago y encontrarse con Balú Brigada, una de esas sorpresas que aparecen en el recorrido, antes de seguir moviéndose entre escenarios.
En ese tránsito, también apareció Lorde, nuevamente en Un Mundo Distinto, con un público que coreaba cada canción. Fueron solo algunos momentos antes de retomar el camino hacia el set del japonés Yousuke Yujimatsu, que cumplió con las expectativas dentro del circuito electrónico.
Entre trayectos, también hubo espacio para lo esencial: comida, descanso breve y recarga de energía. Porque el festival también se sostiene en esos momentos.
Tyer, The Creator: el rey de la primera noche
La noche tenía un protagonista claro: Tyler, The Creator. Su presentación no solo era una de las más esperadas del día, sino de todo el cartel, y además marcó su primera vez en Colombia. Y respondió como tal. Desde el inicio, su energía definió el tono de un show dinámico, impredecible, con esa mezcla de irreverencia y control que lo caracteriza.
En medio del show, el artista también se tomó un momento para reconocer al público. “He encontrado mucho amor aquí, les agradezco mucho”, dijo visiblemente emocionado, antes de quitarse la gorra que llevaba y ponerse un sombrero vueltiao con los colores de la bandera de Colombia. La reacción fue inmediata: aplausos, gritos y una conexión que terminó de sellar uno de los momentos más fuertes de la jornada.
Con el cierre del escenario principal, el festival se dispersó hacia la electrónica. Peggy Gou, Peterblue y Brutalismus 3000 ofrecieron distintos caminos para terminar la noche, todos con un denominador común: mantener la energía en alto hasta el final.
¿Qué más hay por contar del primer día del FEP?
Más allá de la música, el festival operó dentro de lo esperado. Zonas de comida, baños, sistema cashless y flujos de ingreso funcionaron sin mayores contratiempos. Y el clima, nuevamente, fue un aliado: frío al final de la noche, sí, pero seco de principio a fin.
Así cerró el primer día de una edición que todavía tiene nombres fuertes por delante y que, en su arranque, mostró un festival en buena forma, con un público que respondió desde temprano y una jornada que fue de menos a más.
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