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Roxana Restrepo, vocalista de Kraken: “Los conciertos me ayudaron a volver a la vida”


La bogotana, voz de la icónica banda, tuvo la música como uno de sus grandes amores. Sin saberlo, se preparó toda su vida para estar en Kraken.


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Por Martha P. Beltrán
03 de septiembre de 2026
“Me siento orgullosa de todas las mujeres que están trabajando por el rock acá en Colombia”.
Fotografía por: Mauricio Alvarado Lozada

La música llegó a Roxana Restrepo por el lado del patinaje, actividad deportiva que escogió en el colegio, pero ver a sus compañeras cantando y tocando algún instrumento en la clase de música despertó en ella un amor que definiría su vida. Su mamá le dijo que sí y también contó con la influencia de su primo hermano, quien tocaba guitarra. Vivía en una casa musical. Nirvana y Korn hacían parte de la banda sonora de la pequeña. “Mi mamá escuchaba Kiss, Led Zeppelin, Marilyn Manson, la influencia fue desde ahí. No sabría decirte qué hizo que me quedara. De pronto, el crecer en una familia muy rockera. Siento que eso influyó en mi oído, en mi forma de ver la vida, en mi forma de ser y como cantaba. Me empezaron a gustar las líricas, las melodías, la exigencia del rock en el canto”.

Descubriendo su voz


Tenía 11 años y era una niña tímida cuando le pidieron a Germán Arredondo, su profesor de técnica vocal, que le ampliara el rango de su voz. “Él empezó a hacerme ejercicios cuando descubrió que yo podía dar más. Ahí comencé a entender que tenía la capacidad de cantar alto y agudo. Estudiando canto desde muy pequeñita, me empecé a descubrir en esta vocación y entendí que tenía una voz maravillosa que me ha permitido cantar cosas complejas y también hacer contacto con otras músicas, que también las disfruto mucho”. Pero mientras todo se desarrollaba muy bien con la música comenzó a tener problemas escolares. Estudiaba en un colegio femenino e integraba la orquesta de la institución, encargada de cantar en las misas y las festividades del colegio. Empezó a resaltar, a ganar concursos y eso provocó una mala reacción de sus compañeras. “No sé si eso le podemos llamar ‘matoneo’, que te hacen a un lado, te ignoran, como que lo que dices no es, no te prestan atención para hacerte sentir mal”. Esa ley del hielo que duró casi tres años y la llevó a bajar mucho de peso, también la hizo fuerte y resistente, pues hizo de la situación adversa una oportunidad para crecer. “Lo que hacía en los descansos era irme a la sala de sistemas a escuchar música y empecé a tener contacto con el metal pesado, el ‘black metal’, el ‘death metal’. De pronto la fuerza me hacía sentir como resistente a todo lo que me estaba pasando. Empecé a conocer mucho del rock. Y ese fue mi refugio, porque los descansos eran tormentosos para mí con ellas”. Pero la situación se volvió dramática: “entré en depresión, no comía, bajé mucho de peso”, recuerda la artista. Su mamá tomó cartas en el asunto y la cambió de colegio. Llegó a una institución mixta y se encontró con compañeros a quienes les gustaba el rock, el pop, la música electrónica. Se identificó con los metaleros y de los rockeros. “Me sentí parte de algo, me sentí escuchada. Fue una etapa durita y me ayudó como a volverme una mujer muy resistente a ese tipo de situaciones”.

“Amo el canto, esto es mi vida. Yo sin mi voz no existo. Y creo que Elkin era de ese mismo talante, como de esa misma convicción de vida, y eso hizo clic. por eso estoy en la banda. Y ellos me ayudaron a fortalecerme”.

“Amo el canto, esto es mi vida. Yo sin mi voz no existo. Y creo que Elkin era de ese mismo talante, como de esa misma convicción de vida, y eso hizo clic. por eso estoy en la banda. Y ellos me ayudaron a fortalecerme”.

Fotografía por: Mauricio Alvarado Lozada

A los 14 comenzó a hacer rock y entre los 16 y 17 años integró sus primeras bandas. Tenía el talento y quería cantar, y en el 2008 comenzó a hacer su proyecto de metal progresivo. “Empecé a trabajar en el Hotel de la Ópera, en el centro, cantaba de todo. Cantábamos son cubano, salsa, boleros. Me pagaban 60 mil pesos en esa época. Y eran turnos de dos o tres horitas, tanditas corticas de media hora. Y yo, con esa platica, empezaba a ayudarle a mi mamá a pagar servicios, empezaba como a ser muy autosuficiente”.


Y Kraken apareció en su vida


“Kraken me empezó a gustar alrededor del 2003, cuando empecé a escuchar su música a través de mi primo”, cuenta. Era una niña de 14 años que estudiaba técnica vocal. Le gustaban mucho las melodías que hacía Elkin Ramírez, pero no tenía mayores datos de la banda y nunca había ido a un concierto. Le regalaron unas boletas de cortesía donde estudiaba, porque sabían que amaba el rock. Eran para mayores de edad, pero importó: Roxana pudo disfrutar de su primer concierto con Kraken. “Disfruté mucho y eso me motivó a seguir haciendo lo que hago hoy día. Siempre quise compartir escenario con Elkin Ramírez. No se dio la oportunidad, infortunadamente. Pero jamás pensé que se llegara a dar la oportunidad de representar su música, y eso es más que honorable para mí, es una bendición”.


A finales del 2017, Luis Ramírez, bajista de Kraken y también compañero de trabajo de Roxana, le dijo que querían verla audicionar para la banda. No se lo esperaba. “Fui realmente con bajas expectativas. Simplemente fui a darme la oportunidad porque Kraken es una banda enorme. Y creo que esas bajas expectativas funcionaron porque no quería pretender estar ahí, sino simplemente disfrutarlo, cantar en una banda tan grande”.


Destinados a tocar juntos


Cuando apareció esta oportunidad, Roxana atravesaba por momentos difíciles. “Tenía una fuerte depresión porque perdí a mi mamá. Entonces, al perder a mi madre y en ese entonces a la pareja que tenía, se vinieron dos duelos muy fuertes. Porque ahí se rompió todo, me quedé muy sola”. Pero llegó Kraken. Se emocionó, pero debido a la depresión, no le puso todo el interés que siente que debería haber tenido. No llegó preparada para la audición con las canciones de Kraken escogidas para la prueba. “No llevé ‘Lágrimas de fuego’, que era una de las canciones para la prueba. Les dije: ‘me sé ‘Aves Negras’, ‘Palabras que sangran’, me sé todas, menos esa”. Pero se dio la magia, los integrantes de la banda no tenían preparado el tema, pero de inmediato se sintieron en un ensayo, no en una audición. “Siento que desde ahí parte todo, como la conexión y la empatía. Los conciertos me ayudaron a volver a la vida, porque estaba muy destruida emocionalmente. No tenía absolutamente nada, como que nada me motivaba. Y volver al escenario fue muy reconfortante, me volvió a la vida. Y yo puedo decir hoy que el estar en Kraken me salvó, y mi perrita, porque ella sí no la puedo dejar a un lado. Porque por ella, por su sola existencia, por un solo lengüetazo, yo le veía sentido a la vida. Bueno, así llegué a Kraken”.

Por Martha P. Beltrán

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