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Zoe Gottuso, el arte de subvertir el melodrama y cantarle a Roberto Carlos como una chica

Tras el éxito de ‘Detalles’, su celebrado álbum de versiones de Roberto Carlos, la cantautora argentina regresa a Colombia.

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Por Camilo Gómez Forero
10 de junio de 2026
Zoe Gottuso se presenta hoy en el Teatro Libre de Chapinero en Bogotá.
Fotografía por: Cortesía | DMM
Zoe Gottuso se presenta hoy en el Teatro Libre de Chapinero en Bogotá.

Zoe Gottuso se presenta hoy en el Teatro Libre de Chapinero en Bogotá.

Fotografía por: Cortesía | DMM

Zoe Gottuso saltó al radar con el dúo Salvapantallas antes de encontrar su propio pulso en Mi primer día triste en 2020, un debut solista de corte acústico que la plantó como una de las voces más magnéticas de la nueva camada argentina.

Después de recorrer el continente y abrirle diez noches consecutivas a Coldplay en River Plate, la cordobesa de 29 años decidió romper con las inercias del mercado: congeló temporalmente su libreta de composición para grabar Detalles, un álbum de versiones dedicado a Roberto Carlos que funciona como un manifiesto en favor de la pausa y en contra de la velocidad del algoritmo.

A propósito de su concierto de hoy en el Teatro Libre de Chapinero en Bogotá, nos sentamos a conversar con ella hace unos días mientras terminaba de armar sus valijas en Buenos Aires.

Detalles me pareció un refugio perfecto contra la ansiedad y el agite de la semana. Sé que tanto la disquera como usted, se resistieron al principio porque querías priorizar tu faceta de compositora antes que hacer covers. Tras este resultado, ¿cuál es su reflexión actual sobre interpretar canciones de otros?

“Me alegra que el disco sirva para calmar. Hacerlo fue un research, estudiar a un compositor que me encanta y un ejercicio de ponerme en el lugar de intérprete y entender que las canciones son más grandes que yo. Aunque al principio costó la idea de las versiones, me dejé llevar por lo que sentí con la obra de Roberto Carlos. Me pone orgullosa haber seguido mi corazón porque así conecté con una audiencia nueva y muy melodramática. Respecto a la disquera, terminaron aceptando y entendiendo la propuesta, y ahora yo ya estoy poniendo puño y letra de nuevo".

¿Por qué cree que a los ejecutivos de la música, o de cualquier industria, les cuesta tanto confiar en la intuición de los artistas y de la gente apasionada?

“Qué buena pregunta. No sé si es la respuesta, pero me parece que son más matemáticos. Es la batalla eterna entre el arte y quien piensa en la música y el negocio. Hay de todo, en Sony empatizan un montón cuando les pides que te banquen por pasión, que es un buen camino y a veces un poco largo, pero seguir el corazón no siempre es comercialmente efectivo. Es como enamorarse: no es rápido y te puede romper el corazón. La industria a veces quiere efectividad inmediata, olvidándose de que el año tiene cuatro estaciones, como los humanos. A veces estoy mejor, a veces estoy más triste, pero es como el ‘robotismo’ de las cosas. No los culpo, ellos hacen su trabajo, pero a veces cometemos el error de querer exacerbar lo que da placer para que ocurra todo el tiempo, cuando es algo que solo pasa a veces.

Mencionas las palabras “efectivo” y “matemáticas”. Alguna vez comentaste que el mainstream actual está lleno de hits rápidos, pero vacíos de clásicos. Para ti, ¿cuál es el ingrediente invisible que hace que una canción se quede a vivir en una casa durante treinta años en lugar de desaparecer en una lista de reproducción del momento?

“No sé si hay una fórmula, pero creo que un clásico excede al artista porque este tiene la astucia de interpretar un canto que es contextualmente político o sociológico. Pienso en León Gieco o Mercedes Sosa, personas con el don de cantar cosas que todos queremos cantar, como el amor. Cuando dejas de pensar solo en ti y el canto se vuelve compartido, la canción te sobrepasa. El contexto es vital, además de la melodía y la armonía. Cuando eso ocurre, excede al artista, queda fuera del control de uno”.

Ahora que hablabas de inspiración, pensaba en el panorama actual. En mi caso escucho a muchas artistas mujeres, desde Dua Lipa y Olivia Rodrigo hasta su propuesta. Sin embargo, noto que en mi círculo de amigos hombres esto casi no pasa. ¿Por qué cree que a los hombres todavía les cuesta tanto aventurarse a escuchar a artistas mujeres?

“Creo que al hombre le ha tocado un rol en el que a veces le asusta conectar con ciertas partes, o quizás no le enseñan a hacerlo. Hay pocos que conecten con su lado más blando y femenino. Mi proyecto es bastante femenino e incluso un poco queer. Recién que decías en el momento en el que escucharías Detalles, que lo elegirían muchos para calmarse, también me gustaría conectar más con los hombres, por ejemplo, y ‘rockearle’ un poco más en vivo. No por complacerlos, sino por una búsqueda mía. Me doy cuenta con mis amigos más hombres, más heterosexuales, que les gusta cuando se pone más movido. Hoy, mi público es 60 % femenino, pero luego vienen los novios, que se terminan enganchando. Así que al final siento que es una cuestión de animarse, de ir acercándose a esa parte más blanda".

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Definió a Roberto Carlos como un “dandy” y ha dicho que usted también habita ese rol en escena. Históricamente, el “dandy” ha sido un concepto ligado a lo masculino. ¿Cómo se reconfigura hoy eso, siendo una mujer en el escenario y estando respaldada por tantas mujeres detrás del proyecto?

“Es verdad que me siento un poco dandy, aunque ni sé si existe la palabra en femenino para eso. No sé si está bien decir que una mujer es una dandy. Creo que esto es posible gracias al feminismo y a toda la lucha que hemos dado en Argentina para ganar nuestro lugar. Para que hoy pueda agarrar esta música del pasado que escribió un hombre para chicas, cantarla yo y producirla junto a mi pareja mujer, María, que es la productora del disco. Ni lo pensé, pero ahora tiene todo el sentido que cante a Roberto Carlos como una chica que le canta a chicas canciones de melodrama. Me parece vanguardista, que lo traiga de la época de mis abuelos a 2026, dos mujeres, y bastante queer. Ese espacio nos lo otorgaron las mujeres que marcharon por sus derechos. En mis conciertos no reparto rosas, pero se arma una atmósfera muy seductora y romántica donde las chicas quedan embelesadas".

Sé que durante la pandemia también estudió a Gustavo Pena. Cuando se obsesiona con un autor y se sumerge en su discografía, ¿qué es lo primero que busca en su obra?

“Busco crecer, desarrollarme como artista y afilar mi ojo y mi oído. Creo que todo el espectro sensorial se aprende, como un tenista que repite un movimiento cien veces. Cuando me obsesiono con una obra la quiero escuchar muchas veces porque primero me tocó el corazón, y esa emoción me permite escucharla repetidamente. Y segundo, porque cuando me pasa algo en el corazón lo puedo hacer repetidas veces. En esa repetición, como guitarrista y cantante, como hacedora de canciones, es donde aprendo de los demás: les robo lo mejor, como inspiración, para después reescribir y hacer otra cosa. Soy adicta a aprender”.

Ya hablamos del tiempo, ahora hablemos del espacio. Su show de cierre de gira se llamará Un día de verano en Buenos Aires, pero ahora viene a una Bogotá gris, fría y lluviosa. ¿Cómo se adapta un repertorio sonoramente tan soleado a un clima que empuja a quedarse hacia adentro?

“Haremos un mix de mi discografía que incluirá mis primeros discos, Detalles y varias colaboraciones. Mi música es bastante soleada, pero creo que en Bogotá podemos convertirnos en ‘nostálgicos del sol’: aunque esté gris afuera, podemos añorarlo y cantarle igual. De hecho, me parece que es la manera. No le encuentro problema, mi trabajo es lograr que el público venga si quiere ver un poco de eso. Detalles es un disco rutero para viajar con good vibes, y en el show mi tarea es transmitir esa energía o jugar con lo lindo de lo deforme, porque no todo tiene que ser de una sola manera. Vas a tener que ir al concierto para ver si lo logro".

Mientras trabajaba en Detalles, escuchaba a la par cosas más alternativas como Cocteau Twins, My Bloody Valentine y el lado experimental de Cerati, llenos de delays y distorsiones. ¿Por qué sus composiciones actuales van por ese camino eléctrico, que parece ir en contravía de la cantautora acústica tradicional?

“Me encanta la pregunta. Es real que estuvimos indagando por el lado de Cocteau Twins y el shoegaze, pero ahora en el estudio siento que estoy haciendo pop, aunque no uno de cantautora tradicional. Sigo encontrando cosas entre los pedales y la guitarra eléctrica que me compré, y por primera vez trabajo con más personas, saliendo de la soledad de mi cuarto. Hago esto porque me empalago de mí misma, me canso si me quedo en lo mismo. Reabrazo mis discos anteriores, pero ojalá en nuestra próxima entrevista me digas que pusiste una canción mía en un atardecer y la gente movía los hombros. Como una atleta de la música, ahora digo: ‘Che, quiero probar otras cosas’. Sería una desgracia quedar atrapada en un loop eterno".

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Por Mariana Álvarez Barrero

Periodista de la Universidad del Rosario. Apasionada por la agenda global, la literatura y la economía. Además, presentadora de Moneygamia, formato audiovisual de finanzas fáciles de El Espectador.malvarez@elespectador.com
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