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El gran cine femenino, el movimiento que impulsa nuevas voces en el cine colombiano

Jennifer Arenas, Gala del Sol y Angélica Blandón hablaron sobre este espacio que articula historias, formación y reflexión dentro de la industria audiovisual.

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Por Daniel Guerrero Aldana
29 de marzo de 2026
Angélica Blandón, Jennifer Arenas y Gala del Sol.
Fotografía por: Revista Vea

El cine colombiano suma en estos días una iniciativa que, más allá de su paso por cartelera, propone abrir una conversación más amplia sobre quiénes cuentan las historias y desde dónde se construyen. El Gran Cine Femenino reúne tres producciones nacionales —“Legal”, “Llueve sobre Babel” y “Lejos, aquí”— en un circuito que pone en primer plano el trabajo de mujeres dentro de la industria audiovisual.

Aunque el proyecto se presenta como una muestra, las voces que lo integran coinciden en que su alcance va más allá de la exhibición. La actriz y productora Jennifer Arenas lo define como un movimiento que busca visibilizar el trabajo femenino en distintos frentes del cine, pero también como una invitación a fortalecer la industria en conjunto. No se trata, insiste, de generar divisiones, sino de sumar miradas y capacidades para que más historias colombianas lleguen a la pantalla.

Un proyecto que busca mover la industria

En esa misma línea, la actriz Angélica Blandón lo describe como un “pretexto” para que el público regrese a las salas y se acerque al cine nacional. Para ella, la iniciativa permite mirarse como sociedad desde otros ángulos y reconocer que las historias también pueden contarse desde perspectivas diversas.

La directora y guionista Gala del Sol aporta otra lectura: más que llenar un vacío, el proyecto evidencia una transformación que ya está en marcha. “El cine tradicionalmente en este país ha sido hecho por hombres”, señala, y en ese contexto, este tipo de espacios funcionan como una forma de mostrar nuevas posibilidades narrativas y creativas.

Sin plantearse como un discurso de confrontación, las tres coinciden en que el momento responde a un proceso de apertura. La presencia de mujeres en roles de dirección, producción o escritura no se presenta como una novedad aislada, sino como parte de una evolución dentro del sector audiovisual.

El cine como espacio de reflexión

Además de las proyecciones en salas, El Gran Cine Femenino se despliega en una serie de actividades paralelas que incluyen conversatorios, talleres y encuentros con el público. Es ahí donde el proyecto empieza a tomar otra dimensión: no solo como exhibición, sino como una conversación que se extiende.

La idea aparece desde distintos frentes. Para algunas, tiene que ver con lo que ocurre después de ver una película. “Las historias nos generan preguntas, nos incomodan”, explica Jennifer Arenas, al referirse a esa necesidad de no dejar la experiencia en la sala. Otras lo conectan con la posibilidad de entenderse como sociedad desde otro lugar. Angélica Blandón lo resume en una imagen directa: el cine como “radiografía de lo que somos”.

Pero también hay una lectura más práctica, ligada al momento que vive la industria. Gala del Sol habla de la necesidad de acercar a quienes hacen las películas al público, de romper esa distancia que antes parecía natural. No es solo mostrar una historia, sino compartir el proceso, hacer visible de dónde viene.

En ese cruce, lo que aparece no es una única intención, sino varias que coinciden: provocar, dialogar, acercar.

Historias que se construyen en colectivo

Esa apertura hacia el público tiene un eco directo en la forma en que estas películas se hacen. En las tres experiencias aparece una misma idea, aunque formulada de maneras distintas: el cine no se sostiene en una sola mirada.

Del Sol lo plantea sin rodeos al hablar de su trabajo como directora: no se trata de imponer, sino de potenciar a quienes hacen parte del equipo. En su caso, incluso, la película nació del trabajo con actores, en un proceso donde los personajes y la historia se fueron construyendo juntos.

Algo similar, aunque desde otro lugar, atraviesa la experiencia de Angélica Blandón. Al asumir la producción, el proceso dejó de ser únicamente interpretativo para volverse también técnico, logístico, colectivo. No es solo estar frente a la cámara, sino entender todo lo que permite que esa imagen exista.

Arenas, por su parte, lleva esa idea más allá del rodaje y la conecta con la industria. Habla de la necesidad de trabajar en conjunto, de dejar de ver el crecimiento del otro como una amenaza. En su reflexión, el cine aparece como un espacio que solo puede sostenerse desde el equipo, no desde la competencia.

Más allá de la actuación: tomar decisiones

En ese mismo movimiento se evidencia otro cambio: la forma en que las mujeres están ocupando el cine ya no se limita a la interpretación. Cada vez es más frecuente que el paso hacia la producción, la escritura o la dirección surja como una necesidad más que como una estrategia.

En algunos casos, ese tránsito nace de una inquietud personal. Blandón lo plantea desde la urgencia de contar ciertas historias y no depender de que alguien más las active. En otros, como en el caso de Jennifer Arenas, aparece desde el vínculo con una experiencia concreta que necesitaba ser llevada a la pantalla desde el origen del proyecto.

Y también está la apuesta por explorar lenguajes distintos. Gala del Sol, por ejemplo, construyó una película que se aleja de ciertas expectativas sobre lo que “debería” ser una historia hecha por una mujer. Su proceso, lejos de seguir una ruta tradicional, se armó desde la experimentación, el trabajo colectivo y la intuición.

No es un cambio uniforme ni responde a un solo camino, pero sí deja ver una tendencia: la necesidad de incidir en las decisiones, no solo en la ejecución.

Barreras que aún persisten

Ese avance convive, sin embargo, con tensiones que no han desaparecido. Algunas tienen que ver con la forma en que se percibe el trabajo femenino dentro de la industria; otras, con las condiciones necesarias para sostener los proyectos.

Arenas lo plantea en términos de respeto y de cómo ciertas dinámicas todavía generan resistencia. Angélica Blandón, en cambio, lo aterriza en una decisión más íntima: asumir el riesgo, incluso cuando el camino no está claro. “Tomar la decisión es el primer punto de partida”, dice, reconociendo que no hay garantías.

Gala del Sol suma otro elemento: las expectativas sobre lo que se espera ver. Su experiencia desarrollando una propuesta estética poco convencional estuvo atravesada por cuestionamientos constantes, desde el tono hasta los personajes. Aun así, decidió sostener esa visión.

Lo que aparece, entonces, no es un único obstáculo, sino varios que se cruzan: culturales, estructurales, creativos.

Así, más que una respuesta cerrada, El Gran Cine Femenino se configura como un punto de cruce. No una sola voz, sino varias que, sin necesidad de coincidir en todo, dejan ver un mismo movimiento: el de una industria que empieza a pensarse desde otros lugares.

Daniel Guerrero Aldana

Por Daniel Guerrero Aldana

Periodista y comunicador social egresado de la Universidad Central con máster en Innovación Social. Escribe sobre entretenimiento, con enfoque crítico y sensibilidad por las historias que conectan con la gente.nguerrero@elespectador.com
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