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La Odisea de Christopher Nolan: ¿por qué apostó todo para rodarla en IMAX?

Para filmar “La Odisea”, Christopher Nolan consumió 610 kilómetros de negativo. Es el primer largometraje rodado íntegramente con cámaras IMAX en cinta de 70 milímetros, una hazaña que obligó a resolver problemas de ruido, peso y espacio que el director había enfrentado en dos décadas de usar este formato.

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Por Marcela Osorio Granados
16 de julio de 2026
Christopher Nolan junto al director de fotografía Hoyte van Hoytema durante el rodaje de 'La Odisea'.
Fotografía por: Melinda Sue Gordon / Universal Pictures
Christopher Nolan junto al director de fotografía Hoyte van Hoytema durante el rodaje de 'La Odisea'.

Christopher Nolan junto al director de fotografía Hoyte van Hoytema durante el rodaje de 'La Odisea'.

Fotografía por: Melinda Sue Gordon / Universal Pictures

Imagine un rollo de película tan largo que, extendido en línea recta, pudiera unir Bogotá con Popayán, en Cauca. Esa es la cantidad de negativo que consumió “La Odisea”, la nueva película de Christopher Nolan: 610 kilómetros de cinta, un récord para una producción que desde el rodaje empezó a hacer honor a su nombre.

La película es el primer largometraje rodado completamente con cámaras IMAX en cinta de 70 milímetros y parte de una premisa tan ambiciosa como seductora: reivindicar el cine como un acontecimiento que solo puede vivirse plenamente en una sala. El gran formato y la exclusividad de la exhibición en teatros vuelven a dar la pelea en la era del “streaming”.

Pero la tarea resultó casi tan épica y titánica como el viaje que narra la película. Rodar “La Odisea” íntegramente en IMAX significó enfrentarse a las limitaciones de un formato concebido para ofrecer la máxima calidad de imagen, aunque no precisamente la mayor comodidad en un set de filmación o la mayor facilidad para su proyección.

Ahí está justamente la dificultad. IMAX no es simplemente una pantalla más grande: es un sistema pensado para capturar y proyectar mucha más imagen que el cine convencional. Mientras la mayoría de las películas se proyectan en un formato angosto, más largo que ancho, IMAX utiliza una imagen mucho más alta, capaz de llenar casi por completo el campo de visión del espectador.

Esa diferencia comienza desde la cámara. En su versión fotoquímica más exigente, IMAX utiliza película de 70 milímetros que avanza horizontalmente, en lugar de hacerlo de forma vertical, como ocurre en el cine tradicional. Además, cada fotograma ocupa el espacio de 15 perforaciones del negativo, frente a las cuatro del clásico 35 milímetros o las cinco del 70 milímetros convencional. En términos simples, cada imagen es varias veces más grande y almacena una cantidad superior de información, suficiente para alcanzar un nivel de detalle comparable a resoluciones digitales cercanas a los 18K.

La contrapartida es que también consume película a un ritmo descomunal. Cada cargador apenas alcanza para entre dos minutos y medio y tres minutos de filmación continua antes de tener que reemplazarse.

Llevado al set, eso significa interrumpir constantemente el rodaje para cambiar el negativo. Tom Holland, quien interpreta a Telémaco, hijo de Odiseo, contó en una entrevista que durante los primeros días creyó que algo estaba haciendo mal en su actuación: cuando llevaba apenas unos minutos interpretando una escena, alguien gritaba “¡corte!”. Solo después entendió que no era un problema de su desempeño, sino que la cámara simplemente se había quedado sin película.

A eso hay que sumarle otro problema, nada menor en un set: el mecanismo que hace avanzar la película produce tanto ruido que registrar el sonido directo de una escena con diálogo íntimo era, en muchos casos, inviable. “¿Cómo podemos hacer que esta tecnología funcione como un medio íntimo?”, era una de las preguntas de Hoyte van Hoytema, director de fotografía de varios proyectos de Nolan.

Para superar esas limitaciones, IMAX, en conjunto con Nolan y Van Hoytema, desarrollaron una nueva generación de cámaras con una especie de encapsulado acústico.

Aunque Nolan viene usando equipos de IMAX desde 2008, incrementando su uso en cada cinta, nunca había podido rodar un proyecto completamente en 70 milímetros por el problema del ruido.

Y, claro, una cosa es tener este ruido cuando se ruedan secuencias de acción en “Batman” o planos de paisaje para “Interstellar”, pero el juego cambia totalmente en escenas con diálogos en habitaciones y silencios profundos, en donde los gestos y las miradas guían la tensión, como los interrogatorios en “Oppenheimer” por la supuesta militancia comunista del padre de la bomba atómica.

De hecho, Matt Damon, quien encarna a Odiseo, aseguró que durante una parte de la producción no se le hizo publicidad al hecho de que todo se estaba filmando con esta tecnología, justamente porque no sabían si serían capaces de finalizar todo el proyecto con ese nivel de complejidad: “Hasta que en algún punto nos dimos cuenta de que estábamos cerca del final y podíamos rodar todo en 70 milímetros”, recordó el actor en una entrevista reciente.

Al final, la adaptación del encapsulamiento acústico permitió que el ruido de todo el mecanismo se redujera lo suficiente como para grabar las escenas de diálogo sin tener encima del sonido una suerte de matraca alimentada con una turbina de avión.

Este artefacto es conocido entre la producción como “el ataúd” y, ya con todo el montaje en su sitio, hace que cada cámara llegue a pesar más de 150 kilos. Esto requirió la instalación de nuevas placas en los sistemas de transporte de todo el equipo.

Además de los problemas de peso, la producción tuvo que emplear un mecanismo de espejos para corregir algunos problemas de alineamiento visual que introdujo el tamaño masivo de las cámaras una vez fueron revestidas con sus ataúdes.

La grabación en IMAX con cinta de 70 milímetros horizontal no solo complicó las cosas por el ruido y tamaño de las cámaras, así como por su apetito insaciable de kilómetros de película, sino que devolvió todo el proceso de posproducción a una era anterior a la digitalización de la industria audiovisual.

Los cortes entre escenas (una toma mejor que otra, un encuadre mejor que otro) se hicieron de forma manual: con tijeras, pegante y una prensa caliente para unir de nuevo los segmentos de cinta.

Además de esto, la corrección de color se hizo de forma manual, no a través de un computador, y la copia “final” de todo el proyecto se produjo en cinta con una limpieza química previa para eliminar impurezas.

En declaraciones al programa “60 minutos”, Nolan habla del proyecto como el regreso no solo a las técnicas con las que se produjo todo el cine antes de la era del bit y el electrón, sino a una forma más humana de la industria.

El director se refiere a cosas como la experiencia comunal de ir a cine, el trabajo humano detrás de una película, el cuidado manual por cada aspecto de un megaproyecto como “La Odisea”.

Y esta conversación llega en paralelo con una discusión en la que una parte de la industria comienza a hablar de la posibilidad de crear cine mediante inteligencia artificial (IA).

Hace apenas unas semanas, la icónica productora A24 anunció una asociación Google (a través de Deepmind) para desarrollo de proyectos usando IA. El proyecto incluye una inversión de unos USD 75 millones en la productora.

Pero más allá de una nostalgia por el pasado de una industria que tiene un modelo económico en constante destrucción y evolución, buena parte del discurso de Nolan alrededor de IMAX gira alrededor de la calidad de la imagen, que puede ser unas tres veces superior a una producción digital actual, en números simples.

Del sueño de Multiscreen al IMAX de Nolan

Sin embargo, para toda su popularidad actual, el sueño de IMAX comenzó siendo muy distinto. De hecho, el nombre de la compañía (que significa algo como Imagen Máxima, en inglés) ni siquiera señalaba hacia estos lares.

El primer intento corporativo de Graeme Ferguson, Roman Kroitor, Robert Kerr y William Shaw (los cofundadores de la empresa y la tecnología) era la proyección de gran formato, pero en varias pantallas: varias imágenes, pero sincronizadas. La empresa comenzó llamándose Multiscreen Corporation.

Los primeros pasos de estos personajes por soñar el cine en grande, literalmente, incluían plataformas que rotaban a la audiencia. Y edificios enteros para albergar las pantallas y los múltiples proyectores. En otras palabras, técnicamente inviable si se quería hacer a escala. Esto fue para finales de los años 70.

El foco cambió hacia una imagen de mayor tamaño y, con ello, una resolución superior: la película de 70 milímetros, pero proyectada horizontalmente. Esto representaba sus propios desafíos de ingeniería, que fueron resueltos en buena parte por Shaw.

Para 1970, la empresa proyectó su primera cinta bajo estos parámetros, en la Feria Mundial de Osaka, Japón, en el pabellón de Fujifilm. La cinta fue “Tiger Child”.

Desde ahí la compañía fue adaptando sus productos para proyecciones en museos y para usos educativos, primordialmente (en 1984 se grabaron las primeras secuencias de gran formato en el espacio, en un documental para la NASA sobre las misiones en transbordadores).

En la primera década de este siglo, la empresa anunció el lanzamiento de proyectores digitales para sus formatos y con este hito IMAX comenzó a popularizarse, no tanto el 70 milímetros “tipo Nolan” (si lo podemos apodar de esa forma), pero sí la grabación y proyección en mayores tamaños y con mejor calidad.

La opción de producción adoptada por Nolan para “La Odisea” es tan complicada que, para este punto, menos de 50 teatros a nivel global pueden proyectar la cinta en toda su gloria, la vasta mayoría ubicados en Estados Unidos y Canadá, y con una mayor densidad en California (en donde las boletas están agotadas desde hace días).

Los demás teatros IMAX operan, por lo general, con una combinación de proyectores bien sea a base de xenón o láser (la mejor opción antes de irse al “70 milímetros Nolan”); estas son las versiones que hay disponibles en Colombia, por cierto.

Mientras algunas productoras exploran el cine hecho por inteligencia artificial, Nolan apuesta por el extremo opuesto: cámaras de 150 kilos, tijeras, pegante y carne y hueso manipulando cada fotograma. Son dos futuros posibles para una industria que todavía no decide hacia dónde caminar, y “La Odisea” es por ahora el argumento más costoso a favor de uno de ellos.

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Por Marcela Osorio Granados

Especializada en temas de política, paz y posconflicto. Magíster en Estudios Políticos del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional. Periodista con 17 años de experiencia en prensa, periodismo digital y creación y presentación de productos audiovisuales. Creadora de La Huerta y Entre Montañas.@marcelaosorio24mosorio@elespectador.com
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