Salud o economía

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Hoy es el más común de los lugares comunes, pero es también el más irresponsable que se les pudo ocurrir en tiempos de pandemia.

“Salud o economía es un falso dilema”: el presidente lo repite hasta el cansancio, lo sostienen muchísimos “expertos” y por supuesto lo difunden nuestros periodistas. El dilema no existe, o sea que no estamos obligados a escoger entre cuidar la salud y mantener las actividades económicas.

Lo malo del estribillo es que su primera mitad es evidente, pero el “o sea” que le cuelgan es completamente falso: no hay dilema entre salud y economía, pero hoy sí estamos obligados a escoger entre salud y economía.

El dilema no existe si lo que quieren decir es que el hambre también mata: por supuesto que mata. La pobreza en sí misma es un problema de salud —lo ha sido siempre—, y es evidente que el cierre de la economía la está agravando de manera dramática.

El dilema no existe si lo que quieren decir es que la salud cuesta dinero; por supuesto que cuesta. La gente y los países más ricos tienen mejor salud y mejores servicios de salud: es evidente. Si el Estado se quiebra o si se quiebran empresas y trabajadores, no es posible sostener los hospitales: también es evidente.

Pero con esas obviedades se está diciendo apenas que entre salud y economía hay nexos muy estrechos. La falacia —irresponsable y dañina en este caso— es no pasar de la superficie, no precisar, ni estimar, ni tratar de medir esos nexos, no aclarar la secuencia temporal de los daños que la salud le está haciendo a la economía y la economía le está haciendo a la salud en esta crisis.

Porque la crisis consiste precisamente en eso: el poder natural del nuevo coronavirus estriba en que amenaza con matarnos si seguimos trabajando y consumiendo normalmente —o sea, esta vez sí, en que tengamos que escoger entre salud y economía—.

Trivializar o negar este dilema es la manera de esconderse del problema y, en el caso de los gobernantes, de lavarse las manos por sus decisiones sin fundamentos o razones valederas —es decir: decisiones caprichosas o sesgadas en favor de quienes tienen influencias—.

Si estuviéramos en la Edad Media, no habría más que esperar a que pasara la pandemia con sus secuelas económicas terribles. Pero la ciencia y el Estado se inventaron justamente para defendernos de la naturaleza, y por eso los científicos y gobernantes responsables coinciden en que sin garantías previas de salud no es sensato ni es posible reabrir la economía.

No es sensato reabrir la economía cuando la ola de contagios está apenas comenzando y no tenemos las pruebas ni las camas para extirpar los brotes consiguientes. No es posible reabrir la economía si los trabajadores van a morir como moscas y los consumidores van a temer ir de compras.

Ese falso dilema que no es falso es en Colombia la fuente de tensiones entre Iván Duque y Claudia López, donde el primero acelera la apertura sin tener las salvaguardas, y la segunda ha ido quedando limitada a dejar la constancia de que el dilema era cierto.

Y es porque donde manda capitán…

* Director de la revista digital Razón Pública.

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