Por: Marcos Peckel

Sanciones

Por estos días el peso de la maquinaria de sanciones de Estados Unidos se ensaña con los regímenes de Venezuela e Irán, con la intención manifiesta de promover en ambos países un cambio de régimen. 

El problema para los sancionados es que sanciones que empiezan en Estados Unidos no se quedan ahí, por el contrario, trascienden por los tentáculos del sistema financiero y comercial global dominado por Washington. Hay casos en que las sanciones  han tenido  el efecto deseado, otros el opuesto,  Cuba, y otros, ni uno ni otro.    

En al caso de Irán las sanciones que impuso la administración Trump, una vez se retiró del acuerdo nuclear, están teniendo un efecto dramático sobre la  economía persa. Irán fue apartado del sistema financiero mundial,  controlado por Estados Unidos, que posibilita las transacciones de dinero entre bancos y Estados.

Los europeos, desesperados por salvar el acuerdo nuclear no han podido crear un sistema alternativo. Las ventas de petróleo iraní están siendo reducidas al mínimo por la presión que ejerce Estados Unidos sobre los mayores compradores que enfrentan la amenaza de ser castigados si comercian con Teherán. India, Japón, Turquía  y Corea entre otros requieren de  permisos especiales  por parte de  Washington, cada vez más restringidos, para  adquirir petróleo iraní. 

La economía persa se contraerá  un  8% en 2019,  la moneda ha perdido dos tercios de su valor, la inflación esta disparada y el malestar con el régimen de los ayatolas es generalizado.    

En ese contexto se explican las actividades de sabotaje que ha emprendido Irán o sus proxis  contra Arabia Saudita y objetivos en el Golfo, jugando con  el “coco” de una conflagración regional. Estados Unidos en respuesta ha incrementado   su presencia militar en la región. Cualquier chispa puede encender  la pradera, sin que nadie realmente lo desee.  El régimen iraní hará lo necesario para sobrevivir.

Situación similar enfrente Maduro  con  una maquinaria de sanciones que cada vez aprieta más. Elliot Abrams,  enviado especial para Venezuela de la administración Trump nos contaba en Washington como Estados Unidos ha venido cerrando las hendijas por la cuales Venezuela busca un respiro de las sanciones, ya sea con  la venta del oro,  la  del poco petróleo que aun produce PDVSA e importaciones no esenciales.  Gran cantidad de activos venezolanos, entre 10 mil y 50 mil millones de dólares, están congelados en diferente bancos y países.

Fue Obama quien en 2015 impuso las primeras sanciones a Venezuela  acusando a Miraflores de constituir una “amenaza extraordinaria para la seguridad nacional  de EE. UU.”. Las sanciones han sido endurecidas con el tiempo y Trump se ha lanzado contra la yugular de la economía venezolana, lo que en conjunto con el cerco diplomático y el reconocimiento a Guaidó por medio centenar de países,  puede abrir el camino, ya sea en Oslo o por otro mecanismo, al final del régimen de Maduro.  Según Abrams no es si va a caer,  sino cuándo.                

 

 

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