La esperanza tiene forma de número siete

"En nuestros corazones éramos gigantes" es un libro que relata la historia real de los Ovitz, una familia de enanos rumanos que sobrevivieron a los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau.

Los siete hermanos Ovitz fueron sujeto de incontables análisis y ensayos clínicos por parte del tristemente célebre doctor Josef Menguele.Planeta.

Para los periodistas Yehuda Koren y Eilat Negev todo empezó con una pequeña nota al margen en un libro de historia, allá por los años noventa del siglo XX: "En 1949, una compañía llamada ‘los siete enanos de Auschwitz’ hizo una gira por las ciudades de Israel con un espectáculo de canto y baile".
 
 A siete décadas del horror del nazismo en Europa, nuestras vidas parecieran estar saturadas de historias sobre el Holocausto judío. De Ana Frank a Primo Levi, si algo no ha faltado son testimonios memorables sobre el más sangriento y sistemático genocidio que ha vivido la humanidad en su pasado reciente. Y si embargo, a pesar de esta saturación aparente, cuando aparece una nueva obra al respecto algo se activa en nosotros. El morbo, el deseo de encontrar alguna razón más para odiar la barbarie o una lógica a semejante irracionalidad. Y es que, como dicen los autores de En nuestros corazones éramos gigantes (Planeta, 2017), lo vemos todo pero no entendemos nada.
 
 Con el subtítulo de “la imposible historia real de siete enanos que sobrevivieron a los campos de concentración” (muy efectista y que nada deja a la imaginación, por cierto), los periodistas Yehuda Koren y Eilat Negev se acercan a los Ovitz, una familia de judíos transilvanos que formó una compañía artística compuesta en su totalidad por los siete hermanos enanos. Perdidos en sus comarcas del interior, los Ovitz permanecieron ignorantes de los embates de la guerra durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial, pero finalmente fueron deportados a Auschwitz, donde hubieran pasado a engrosar las filas de los muertos seguros si el sádico y tristemente célebre SS-Hauptsturmführer Josef Mengele no se hubiera fijado en ellos.
 
 El libro recorre con minuciosidad de perito la estancia de la familia Ovitz en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Fue la inusual tasa de nacidos con pseudoacondroplasia -un tipo enanismo caracterizado porque sus pacientes tienen la cabeza y el torso de tamaño regular y las extremidades muy pequeñas- en una misma familia lo que salvó a los Ovitz, que se convirtieron en unas de las cobayas favoritas del llamado Ángel de la muerte, cuya obsesión con la eugenesia y la fama encontró en Auschwitz y su población desechable el lugar ideal donde llevar a cabo investigaciones de dudoso rigor científico.
 
 La historia de la familia Ovitz atrapa nuestra atención por su exotismo, pero al adentrarnos en la lectura encontramos mucho más que la típica historia de sobrevivientes del exterminio. Es la lucha de seres humanos distintos por ser aceptados con su diferencia, no a pesar de ella. Por supuesto, en un entorno como un campo de concentración, en que todas las diferencias se extreman y resaltan, su enanismo resalta, y de hecho les permite vivir, pero no por ello son menos víctimas.
 
 El tradicional trauma del sobreviviente del campo de concentración, adquiere en el caso de los Ovitz un matiz particular, porque a esto deben sumar la cuestión de lidiar con su condición de favoritos en el interior del campo. En nuestros corazones… es un ejercicio de revisión de la historia, desde los hechos documentados y las memorias (no pocas veces reconstruidas) de sus protagonistas. Los testimonios de otros cautivos acerca del papel de los enanos como una suerte de bufones de los oficiales nazis del campo es a menudo desmentido por estos, pero Koren y Negev dejan la puerta abierta y prefieren no parcializarse ni dar un dictamen. En un lugar que mató a 9 de cada diez personas que desembarcaron en su puerta, quienes lograron salir con vida son pasto a menudo de las trampas de la memoria: los cambios, las omisiones, las vergüenzas y el deseo de haber tenido un pasado mejor se entremezclan todo el tiempo dentro de sí. La historia, sobre todo la que se basa en testigos y relatos orales, es una arcilla demasiado susceptible. Cada ser lidia con sus dolores de manera particular, es uno de los mensajes que nos desliza entre bambalinas la obra.


 Aunque la escritura carece de alto vuelo estético, el valor testimonial y el rigor de la investigación de los autores eleva el libro a una categoría especial. Yehuda Koren y Eilat Negev se embarcaron en una meticulosa búsqueda que los llevó de Israel hasta las puertas de Rozavlea, la pequeña aldea de la que salió la familia Ovitz en Transilvania, a entrevistar a decenas de personas, entre los que se incluyeron la singular Perla Ovitz, única hermana sobreviviente al comienzo de su investigación (falleció en septiembre de 2001), descendientes de los Ovitz, vecinos, compañeros de reclusión en Auschwitz-Birkenau y científicos especializados, y la revisión de una cantidad impresionante de archivos y documentos de todo tipo. Por desgracia quien se acerque al libro corre el riesgo, siempre latente en este tipo de materiales, de que la recapitulación de los horrorosos métodos de la cotidiana tortura, camuflados de investigaciones científicas, terminen por abrumarlo, o peor aún, aburrirlo.
 
 Los protagonistas de En nuestros corazones éramos gigantes no forman parte de la raza de Oscar Matzerath, son enanos sí, pero su historia importa más allá. Es la historia de una familia, de un grupo de personas sobreviviendo, no desde el exotismo, sino desde la dignidad. 
 

 

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