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Aunque por la UPAC se suicidaron 2.000 personas, la crisis no pudo acabar con su vida

María del Pilar Moncada es sobreviviente del golpe económico que amenazó a muchos colombianos de quedar sin vivienda.

Óscar Pérez - El Espectador

Una fuerte crisis económica azotó a muchos hogares colombianos a finales del siglo XX y principios del XXI. Su impacto fue tal que muchos de los afectados optaron por el suicido al verse contra las cuerdas de no poder responder a las millonarias deudas que habían adquirido para financiar su vivienda. A esto se le conoce como la crisis de la UPAC.

Fernando Salazar, director de Anupac, asociación creada para atender a las víctimas de este golpe económico, recuerda con dolor los diversos casos en que la presión fue tan fuerte que el suicidio se convirtió en una desesperada escapatoria; según sus cálculos, para 2.000 personas. “Hay una historia que es bastante desgarradora. Se trata de unos padres de familia que, producto de las deudas, comenzaron a reñir. Los hijos, en un intento por aliviar esa tensión, comenzaron a buscar formas de ingresos para ayudar a pagar la deuda. Por un lado, el hijo comenzó a vender drogas, pero fue atrapado y encarcelado. Esto significó un duro golpe para el padre de ese hogar”.

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“Sin embargo, la estocada final la recibió al enterarse de que su hija de 16 años se estaba prostituyendo. El impacto fue tal que este hombre se pegó un tiro y terminó así con su vida”.

La Unidad de Poder Adquisitivo Constante (UPAC) fue creada por un economista canadiense, Lauchlin Currie, quien además fue dos veces nominado al premio Nobel de Economía. Su propuesta era simple, pero a la vez brillante. A mediados del siglo pasado, según lo descrito por Salazar, la gente no ahorraba porque los bancos no reconocían una compensación por la depreciación que tenía el dinero año tras año. Las personas preferían gastar su dinero.

La cosa cambió cuando se instauró la UPAC, en el gobierno de Misael Pastrana, ya que se les reconocía a los ahorros un interés equivalente a los cambios económicos, es decir, se garantizaba que, si el dinero depositado alcanzaba para un bulto de naranjas, en los próximos años pudiera servir para lo mismo.

Sin embargo, este sistema se modificó cuando el Congreso permitió que el Banco de la República se independizara y que su junta directiva decidiera el porcentaje de la UPAC. Lo que en principio fue un 18 %, equivalente al promedio del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de la época, pasó a ser un 36 % de un año al otro. La UPAC ya no dependía del IPC sino de la tasa de Depósitos a Término Fijo (DTF).

Esto significó un duro golpe para las personas que habían adquirido un crédito para financiar su vivienda. De un momento a otro comenzaron a ver cómo las tasas de interés se multiplicaban, alcanzando, según Salazar, incrementos de hasta el 53 % efectivo anual y del 79 % para los morosos.

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María Victoria Salazar y María del Pilar Moncada fueron víctimas de este escenario. Aunque no se conocen, tienen muchas cosas en común que van más allá de su primer nombre: ambas se separaron de sus esposos producto de tensiones, a las dos les tocó asumir las riendas del hogar y lidiar con las deudas y, las dos aseguran que si no hubiera sido por la mano de Dios no estarían de pie en la actualidad.

Moncada, con voz suave, recuerda la angustia que vivió en sus años de deuda, misma que no le permitía conciliar el sueño, reforzada por las escenas que constantemente veía en su conjunto residencial de cómo llegaban a desalojar a sus vecinas, a quienes desde la ventana veía cómo quedaban en la calle con sus hijos menores de edad.

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El caso de Salazar, hermana del director de Anupac, no es muy diferente. Con rosario en mano rogaba todos los días que Dios la ayudara a salir bien librada de la situación. Su crisis fue tal que la educación de su hijo se vio amenazada, tuvo que presentarse ante las directivas de la universidad para rogar una beca, la situación simplemente no le permitía darse el “lujo” de pagar los estudios.

En suma, para estas dos madres la crisis de la UPAC no solo significó tener que pagar más de tres veces el valor real de su vivienda, también tuvieron ver cómo su hogar se disolvía y enfrentarse a la realidad de elegir entre pagar la deuda o tener para comer.

Anupac nació como una asociación que aboga por las víctimas de este escenario. Su director logró tumbar el jugoso negocio que por años tuvieron los bancos y demostrar que las finanzas del pueblo se estaban desangrando. El Congreso le dio la razón y permitió que, en muchos casos, familias fueran indemnizadas.

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Tanto María Victoria como María del Pilar son ejemplo de quienes lograron seguir adelante. Aunque la primera no ha podido recuperar su casa, puesto que aún sigue la puja legal, se ve a sí misma como una guerrera que logró sobrellevar la situación. Califica a los hombres que dejaron su hogar por la deuda como cobardes e invita a las personas que pasan por una situación a no desfallecer, ni mucho menos pensar en quitarse la vida, a escudarse en Dios, quien ha sido su apoyo durante todos estos años.

“Toca sacar berraquera, echar pa’ lante y no dejarnos amedrentar por nada ni por nadie, porque cuando a uno, de mujer, la ven sola, la gente le cae encima”, es la conclusión que saca de esta experiencia María del Pilar, quien pudo llegar a un acuerdo con el banco y hoy no debe un solo peso por su vivienda.

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Diego Ojeda / @diegoojeda95.

Economía

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