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¿Cómo fueron sus inicios como profesora?
Cuando estaba en sexto semestre de la licenciatura en Lengua Castellana y Comunicación me dijeron que debía buscar un colegio para hacer mis prácticas. Llegué a un colegio pequeño en Girón, de pocos recursos, que funcionaba por concesión del Estado. Lo que no sabía era que, para cuando yo llegué en abril, ya habían renunciado cuatro profesoras al curso que me asignaron: cuarto de primaria.
El primer día, antes de entrar al salón, vi a un niño que tenía a tres compañeros tirados en el piso. Cuando entré, me preguntó: “¿Usted quién es?”. Le dije que era su profesora. Entonces me dijo, muy tranquilo, que él ya había hecho renunciar a cuatro profesoras. Yo le respondí: “¿Usted quiere que yo me vaya?”. Me dijo que no sabía. Y yo le dije: “Entonces vamos para el salón, que vamos a jugar”.
Lo que descubrí en él fue una energía desbordante que nadie había sabido encauzar. A través de actividades y juegos encontré la manera de conectar con él y, con el tiempo, se convirtió en mi mano derecha.
¿Cómo logró cambiar la dinámica de ese colegio?
Un día descubrí que el colegio tenía una banda de marchas con instrumentos guardados y sin usar. Le pregunté al rector por qué nadie los sacaba. Me dijo que no tenían profesor. Inmediatamente le dije: “Yo soy la profesora de la banda”. Él me miró y me dijo que sí.
Ahí encontré la clave para la disciplina, me inventé condiciones para participar: tenían que tener una nota de comportamiento mínima de nueve sobre diez, no haber perdido más de dos materias en el período, y no tener anotaciones en el observador. Desde ese día, el salón de cuarto de primaria —ese mismo que había hecho renunciar a cuatro profesoras— cambió por completo. Incluso los papás que habían retirado a sus hijos del colegio empezaron a volver.
¿Cómo fue su experiencia dictando clase en bachillerato?
En los cursos que dicté clase, décimo y undécimo, normalmente son los grados que muchos profesores evitan porque los llaman “estudiantes problema”. Yo siempre digo lo contrario: no son estudiantes problema, son estudiantes que ven más problemas, porque ya están abriendo los ojos a la vida. Están pensando si enamorarse o no, si estudiar o ir a trabajar al taller del papá. Yo me ponía a su nivel. Nunca los ridiculicé. En mi clase se reían, hacían chistes, y yo me reía con ellos. Me parece fundamental mostrarles que hay un mundo más grande.
Usted es famosa por enseñar ortografía. ¿Cuál es su método?
Siempre quise enseñar ortografía aplicada, no solo la de memoria. Con mis estudiantes hacíamos dictados de cincuenta palabras, hacíamos correcciones, y luego los estudiantes escribían párrafos usando las palabras en las que se habían equivocado. Después hacíamos un glosario. Había un plan completo.
Una vez en un colegio, la jefe de área dijo que los dictados estaban “mandados a recoger”. Cuando los estudiantes se dieron cuenta, me propusieron ellos mismos: “Profe, hagámoslos a escondidas”. Yo digo que éramos criminales de la ortografía. Con el tiempo, esa misma jefe de área se dio cuenta de que los dictados habían tenido sus frutos, por lo que propuso un plan de ortografía para todo el colegio, inspirado en lo que habíamos hecho.
¿Cómo nació La Profe Mónica en redes sociales?
Cuando llegó la pandemia, empecé a hacer videos en YouTube. Un día, buscando algo en casa con mi hijo, apareció entre los resultados un video que yo había subido explicando qué es un sintagma nominal. Tenía cerca de seis mil visualizaciones. Para mí era muchísimo. Mi hijo me preguntó por qué no hacía más contenido. Me puse a buscar canales de profesores de español y casi no había ninguno organizado como tal. Decidí empezar.
Grababa con una cámara que ya tenía, ponía un tablero pequeño en mi casa, y yo misma editaba y subía el contenido. Así hice como cuarenta videos. Mi sobrina Danna Marcela, que estudió producción audiovisual, empezó a ayudarme con la edición. El logo que tengo me lo regaló un ilustrador hace muchos años, como un detalle. Cuando decidí ponerle nombre al canal, supe que ese iba a ser el logo de La Profe Mónica.
En 2022 YouTube me invitó a un encuentro de edutubers en México, con todo pago. Ese año me volví viral. Pasé de cincuenta mil a cien mil suscriptores en cuestión de semanas. También me invitaron a ser panelista de TikTok en el She Is Global Forum en Cartagena. En 2023 me entrevistaron medios de todo el mundo: Univisión, Telemundo, NTN, TV Chile, medios de México. Todo llegó solo, sin que yo lo buscara.
¿Qué significó ganar el premio de TikTok Latinoamérica?
Estaba nominada en la categoría de educación junto con creadores muy reconocidos de México. Cuando dijeron mi nombre, hubo personas en el teatro que no sabían quién era yo. Pero cuando volví a entrar al recinto después de las entrevistas para medios, la gente ya me había buscado en redes. Todos estaban aplaudiendo. Eso me parece espectacular, porque son las vitrinas que uno debe agradecer.
¿Qué consejos daría a quien quiere hacer contenido educativo en redes?
Lo primero: vuelva coloquial lo que va a enseñar. Si yo digo “la morfosintaxis en esta oración funciona así”, solo me entienden los que ya saben de morfosintaxis. Pero si digo “el orden de estas palabras puede cambiar el sentido de lo que usted dice”, me entiende cualquier persona. El lenguaje sencillo y cercano llega a más gente.
Lo segundo: sepa cómo empieza y cómo termina su video. Una buena pregunta al inicio, desarrollada como tutorial, funciona muy bien. Y en lo posible, que no dure más de minuto y medio.
Lo tercero: mantenga su propósito. Las fórmulas de “te doy los tres trucos más sorprendentes” funcionan dos o tres meses y luego se desgastan. En cambio, si su propósito real es enseñar, usted siempre va a encontrar la forma de hacerlo, porque el propósito no cambia.
¿Cuál es el truco más útil para recordar las reglas de acentuación?
Hay fórmulas que funcionan al cien por ciento. Las palabras agudas llevan tilde si terminan en n, s o vocal, como en “canción”, “Jesús” o “maní”. Las graves llevan tilde si no terminan en ninguna de esas tres opciones, por eso “árbol” lleva tilde. Las esdrújulas y sobresdrújulas siempre llevan tilde, sin excepción.
Y hay otro caso: las palabras monosílabas normalmente no llevan tilde. “Fe”, “fue”, “vio”: ninguna lleva tilde. La única excepción es cuando necesitamos diferenciar dos palabras que se escriben igual, como “mi” y “mí”. Eso se llama tilde diacrítica. Lo demás es práctica: mientras más se ejercita, más se interioriza.
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