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Recogiendo los pasos de la guerra

No se sabe –ni hay manera de averiguarlo con certeza– cuántas minas antipersonal dejaron sembradas las Farc y el Eln en todo el país. El desminado humanitario, cuyo propósito es que la población pueda recuperar el territorio que alguna vez les arrebató la violencia, es una tarea hercúlea que siempre estuvo en manos de los militares. No obstante, desde hace más de un año, respaldados por un decreto que firmó el ministro de Defensa en 2011, los militares tienen socios: los civiles.

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