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Un adolescente colombiano perdió la beca universitaria que había conseguido tras años de esfuerzo porque no lograba desconectarse del celular. Se quedaba despierto hasta la madrugada viendo videos, empezó a llegar tarde a clase, dejó de entregar trabajos y se aisló. Cuando sus padres buscaron ayuda profesional se dieron cuenta de que se trataba de una adicción.
El caso fue atendido por la psicóloga especialista en adicciones Liseth Nathalie Moreno, quien asegura que este tipo de situaciones son cada vez más frecuentes en su consultorio. Según explica, tras la pandemia han aumentado de manera significativa los casos de niños y adolescentes con dificultades asociadas al uso excesivo del celular.
El debate no es menor. La semana pasada se conoció que una juez de California desestimó más de dos docenas de denuncias que buscaban responsabilizar personalmente a Mark Zuckerberg, CEO de Meta (matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp) por presuntamente fomentar la adicción en niños y adolescentes. Aunque el directivo evitó la responsabilidad individual, las demandas contra Meta y otras compañías tecnológicas continúan.
Las acusaciones señalan que estas plataformas habrían diseñado productos para aumentar el compromiso de los usuarios más jóvenes, ignorando advertencias sobre riesgos para su salud mental. La juez consideró que Zuckerberg no podía ser responsable solo por su cargo público, pero permitió que continúen las demandas contra las empresas.
Mientras el debate jurídico sigue su curso, la evidencia científica también avanza. Un editorial del Journal of the American Medical Association (JAMA) advirtió que el 48 % de los adolescentes pierde el control del tiempo que pasa en el celular, el 25 % lo utiliza para “olvidar problemas” y el 17 % ha intentado reducir su uso sin éxito.
¿Cómo detectar la adicción al celular en niños y adolescentes?
Para la psicóloga Moreno, lo primero es diferenciar entre uso, abuso y adicción. El uso es parte de la vida cotidiana, el abuso aparece cuando el celular desplaza actividades esenciales, como el estudio o el descanso, mientras que la adicción se presenta cuando la persona deja de ser funcional sin el dispositivo. “Cuando ya no puedo ser funcional en mi día a día por estar pegado al celular, hablamos de una adicción”.
En los menores de edad, la adicción se manifiesta cuando no pueden mantener una conversación sin revisar el teléfono, sienten ansiedad intensa si se les retira el dispositivo, presentan irritabilidad, alteraciones del sueño o aislamiento social. También cuando dejan de asistir a clases, descuidan sus responsabilidades académicas o restan tiempo de calidad con sus familias.
Moreno asegura que muchos de sus pacientes verdaderamente sufren. “No pueden controlarse. Si les quitas el celular por un día, se desbordan, sienten ansiedad, como si hubieran perdido algo muy importante”, señala.
Aunque los adultos también pueden desarrollar esta adicción, la vulnerabilidad es mayor en menores. Según la especialista, cerca del 80 % de sus pacientes con esta problemática son niños y adolescentes. Esto se debe a que en esas etapas de la vida las emociones se sienten con mayor intensidad.
La montaña rusa emocional, sumada a la búsqueda de aprobación y pertenencia, hace que el cerebro de los adolescentes sea más sensible a las recompensas inmediatas, como los “likes” y las notificaciones. La adicción digital también puede abrir la puerta a otras dependencias o conductas de riesgo, especialmente cuando los jóvenes buscan encajar o imitar figuras públicas.
Guía para para actuar a tiempo
¿Qué pueden hacer los padres? La prohibición absoluta no es la solución. “Vivimos en un mundo donde la tecnología es fundamental. Saber usarla es importante, el problema es el mal uso”, afirma Moreno. Los celulares y las redes sociales también pueden ser herramientas positivas, permiten aprender idiomas, acceder a información y desarrollar habilidades. Por eso, lo importante es educar desde el principio en un uso consiente y responsable.
Moreno insiste en establecer límites claros y coherentes, siempre acompañados del ejemplo. “No tiene sentido pedirle a un hijo que no use el celular en la mesa si los adultos lo hacen”. Una estrategia práctica es crear “zonas y horas libres de celular” en casa. Por ejemplo, durante el desayuno, el almuerzo o la cena, todos pueden colocar sus dispositivos en una caja y compartir sin pantallas.
Además, advierte que los niños en edades tempranas no deberían tener celulares propios. En el caso de los más pequeños, subraya la importancia de promover el juego al aire libre, la interacción presencial y las actividades físicas. Aconseja a los padres no recurrir al celular como premio o mecanismo habitual de distracción.
También sugiere eliminar notificaciones innecesarias, ya que este tipo de sonidos activan el sistema nervioso, retirar el celular de la habitación durante la noche y promover espacios familiares sin tecnología, como “ayunos digitales” los sábados o domingos en la mañana.
Entre las recomendaciones adicionales está usar un reloj despertador tradicional para evitar que el celular sea lo último que se ve antes de dormir y lo primero al despertar, activar la escala de grises en el aparato para reducir el impacto de los colores brillantes que estimulan el cerebro y lo mantienen en estado de alerta y revisar periódicamente el tiempo real de uso mediante aplicaciones de control.
En algunos casos, puede ser útil eliminar temporalmente (por uno o varios días) aplicaciones como Facebook, Instagram o TikTok, especialmente cuando la adicción está en una etapa intermedia.
Cuando el problema afecta el rendimiento escolar, las relaciones familiares o la salud emocional, buscar ayuda profesional es fundamental, ya que la intervención temprana puede marcar la diferencia.
Detectar a tiempo las señales, establecer límites saludables y acompañar a niños y adolescentes puede marcar la diferencia entre un uso consciente de la tecnología y una dependencia que termine afectando su proyecto de vida.
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