Actividad cerebral, más cerca de la robótica

La nueva técnica, un sistema con el que se podría operar un brazo robótico o una silla de ruedas motorizada por medio actividad neuronal.

La actividad neuronal “se puede utilizar para reconstruir los movimientos de la persona”, explicó a Efe José Contreras-Vidal, autor principal del estudio publicado este martes en la revista “The Journal of Neuroscience”.

Hasta ahora, los únicos métodos capaces de reconstruir el movimiento humano habían sido de tipo invasivo, los cuales requieren la implantación de electrodos dentro del cerebro a través de cirugía y suponen riesgos como la incompatibilidad biológica con el material y la pérdida de señales causada por el movimiento de los electrodos.

“La técnica no invasiva propuesta -basada en el electroencefalograma- no presenta estos riesgos y, por tanto, aumenta la potencial aplicación clínica a un número mucho mayor de personas, incluyendo niños y personas de edad avanzada”, indicó Contreras-Vidal
Para su investigación, el neurocientífico de la Universidad de Maryland (Estados Unidos) y su equipo colocaron varios sensores en la cabellera de cinco voluntarios para grabar su actividad eléctrica cerebral por medio de un electroencefalograma (EEG).

 Los científicos emplearon un aparato portátil con varias extensiones y nueve botones que permiten registrar la acción del paciente
Cada voluntario debía pulsar, primero, un botón central y, a continuación, dirigir su mano hacia cualquiera de los otros ocho botones situados en los lados, pulsarlo y repetir diez veces esa acción.

Una vez terminada la prueba, los investigadores trataron de descodificar las señales y reconstruir los movimientos en 3D realizados voluntariamente por los participantes con su mano.

Los resultados del estudio mostraron que la actividad cerebral registrada desde la superficie de la cabeza contiene información suficiente para reconstruir los movimientos de la mano, lo que permite controlar brazos robóticos u ordenadores y se conoce tecnología de interfaz cerebro-máquina.

En concreto, uno de los 34 sensores utilizados proporcionó la mayor parte de la información más precisa y correspondió al que se había situado sobre una región del cerebro asociada al movimiento voluntario.

Aunque “la técnica no se ha aplicado a pacientes todavía, tenemos intención de emplearla para pacientes con derrame cerebral y discapacitados”, afirmó Contreras-Vidal, que se refirió además a su intención de aplicarla “a personas de edad avanzada con el fin de entender los efectos de la vejez en el control del movimiento”.

 El descubrimiento podría contribuir además a la mejora de sistemas ya existentes con el fin de que personas sin posibilidad de moverse puedan, por ejemplo, controlar el cursor del ordenador a través de sus pensamientos.

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