Las bibliotecas se reinventan con tecnología

En las universidades se adelantan procesos de adaptación para tener espacios híbridos en los que el estudiante pueda elegir entre miles de contenidos digitales sin moverse de casa o llevarse el tradicional libro de papel.

Las bibliotecas han sido espacios casi sagrados para los intelectuales y son los principales sitios que almacenan vestigios del conocimiento de la humanidad en tomos y tomos. Aunque la etimología de la palabra sólo haga referencia a un lugar para guardar libros, su connotación va mucho más allá por tener un carácter preponderante en las sociedades actuales, en las que la información tiene un valor esencial para la generación del saber. (Lea "Streaming de libros infantiles")

Sin embargo, a medida que avanza el mundo, cambian las costumbres y tendencias y las novedades de la tecnología empiezan a abarcar más y más terrenos en la vida cotidiana y los espacios en los que se desenvuelven las personas. El tema ya ha sido tocado por varios entendidos desde hace años, incluso antes de que las redes sociales y las tecnologías de la información tuvieran el auge de hoy, teniendo en cuenta el uso de los computadores para facilitar tareas como la búsqueda de contenido, el almacenamiento y la digitalización. (Lea "Visita al museo en la era digital")

¿Cómo continúa la biblioteca de hoy su adaptación a las nuevas tecnologías? Ruth Elena Vallejo, gerente de Biblored, no desprecia la capacidad de internet y las nuevas tecnologías en la masificación de los contenidos, sin embargo, señala que las personas pueden darse cuenta de la calidad de la información cuando asisten a una biblioteca. Uno de los principales retos es encontrar lo valioso y veraz en medio del mar de datos que se encuentra por las redes.

“Uno puede pensar que las personas lo encontrarán todo en Google, pero, si se mira más de cerca, se puede analizar qué tipo de diferenciación hay y cuál es el acceso a la información. Ahí cobra valor la biblioteca al contar con un proceso curatorial, ya que en los buscadores puede aparecer mucha basura”, señala Vallejo, para quien las condiciones de las bibliotecas permiten que se haga un tipo de lectura diferente y haya un diálogo para la construcción colectiva.

No obstante, los esfuerzos de Biblored para crear una cultura de consumo digital y el uso de las redes para la consulta de contenidos son evidentes. Ha adquirido libros electrónicos y permite el acceso a 1.500 contenidos digitales. En ese sentido, Raquel Miranda, directora del Centro de Información y Documentación de la Universidad de Cartagena, señala que desde hace diez años se dio inicio en esta institución a un proceso de adquisición de bases de datos electrónicas de revistas científicas, con dos objetivos claros: brindar a los estudiantes una nueva opción para realizar las investigaciones académicas y garantizar el acceso a la bibliografía a quienes cursan programas a distancia con la universidad.

“Los estudiantes puede elegir si leer en la biblioteca o desde sus casas. Hay que tener en cuenta también que en la universidad pública tenemos alumnos de todos los estratos y muchos no tienen acceso a computadores, por eso contamos con el concepto de la biblioteca híbrida, en la que se pueden encontrar colecciones en papel o digitales”, explica Miranda. Esta universidad también tiene las tesis de grado digitalizadas para facilitar su consulta entre los miembros de la comunidad.

En la Universidad del Norte, en Barranquilla, los cambios más significativos que ha tenido la biblioteca Karl C. Parrish se enfocan en la implementación de los sistemas de búsqueda y recuperación de información, como Aleph, con el que se gestiona el catálogo público de colecciones impresas (Sibila); Primo, que permite recuperar las colecciones impresas y digitales desde una sola interfaz (Sibila+), y Dspace, que se utiliza para gestionar el repositorio digital institucional donde se preserva y da acceso a la producción intelectual que se genera en la institución y que ofrece servicios de difusión para la comunicación académica, cultural y científica.

“También hemos adquirido un sistema de seguridad electromagnética que nos permite controlar los libros que entran y salen de nuestras instalaciones, así como la tecnología RFID (identificación por radiofrecuencia) para la generación de los inventarios de las colecciones físicas”, explica Marlem Uribe, coordinadora de colecciones digitales de la Uninorte.

Más recientemente, desde el Estado, se ha promovido la implementación de las tecnologías de la información en las bibliotecas públicas. Entre 2011 y 2014 se realizó el piloto del proyecto de uso y apropiación de las TIC, en el que participaron 26 bibliotecas públicas del país y que contó con un presupuesto de US$3,2 millones aportados por la Fundación Bill & Melinda Gates. (Lea "Bibliotecas públicas, dotadas con tecnología")

Los resultados de este primer ejercicio se describen en el aumento del número de usuarios, la diversificación del perfil, el incremento en los servicios innovadores y la identificación de las formas en que usaban la tecnología. La fundación aprobó entonces nuevos recursos, por US$15 millones, para poner a rodar el proyecto en firme, cuya implementación terminará en 2018, cuando se dotarán las bibliotecas y se capacitará al personal para que estos espacios puedan responder a las nuevas necesidades de los usuarios.

Sin negar que la tecnología es necesaria, ambas expertas concuerdan en que el espacio físico de la biblioteca es irreemplazable y que elegir entre las instalaciones de los libros en papel y quedarse en casa o desplazarse a cualquier otro lugar para leer un libro electrónico es cuestión de gustos.

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