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Charles Kao: el hombre que, sin pensarlo, se ideó el mundo moderno

Este ingeniero, junto con George Hockham, fue el primero en demostrar la viabilidad de la fibra óptica para las telecomunicaciones y, de paso, para el futuro de la información. Recibió el premio Nobel de Física en 2009 y murió el 23 de septiembre.

Santiago La Rotta

02 de octubre de 2018 - 09:48 p. m.
/ Getty Images
Foto: Getty Images/iStockphoto - ARICAN
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En 1966 las telecomunicaciones globales giraban, en buena parte, alrededor de redes hechas, en su mayoría, de cobre. Las transferencias de datos (llamadas telefónicas, principalmente) dependían casi enteramente de las bondades del espectro electromagnético y los avances en microondas. Internet estaba a poco menos de 20 años de debutar en su forma más primitiva y restringida.

Ese mismo año, Charles Kao y George Hockham presentaron los resultados de un estudio, respaldado con tres años de trabajo, en el que sentaron las bases para la transmisión de información a través de fibra óptica: en otras palabras, este par de científicos le dio alas a la revolución que no terminaría por estallar, ya de veras, sino más de 30 años después, con el advenimiento de las conexiones de banda ancha, la adopción de la web 2.0, la entrada de las redes sociales, la economía colaborativa y, en general, con la era digital. Llamar “revolucionario” a su trabajo es merecido y, quizá, una subestimación.

Kao falleció el 23 de septiembre pasado. Recibió el premio Nobel de Física en 2009, entre varias docenas de otros premios y distinciones. Trabajó 30 años en la misma empresa (ITT Corp.), fundó la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Hong Kong y se convirtió en una figura tutelar en la comunidad científica y en el mundo empresarial. Se definió siempre como un hombre callado, incluso algo retraído. “No sé si fue la educación de mis primeros años, pero, ya de adulto, nunca he terminado de sentirme del todo cómodo con las ocasiones sociales”.

Para cuando Kao recibió el premio Nobel en 2009 (que compartió con otros tres científicos), la Academia Sueca estimaba que el total de cables ópticos instalados se acercaba a los 1.000 millones.

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La investigación de Kao y Hockham fue definitiva pues, hasta ese momento, la transmisión de información utilizando luz era un asunto precario, por ponerlo de alguna forma: la señal se interrumpía a poca distancia desde el punto de emisión y había grandes pérdidas y filtraciones durante su transmisión. El trabajo de este par de científicos demostró que con altos estándares de pureza en la fibra, el viaje de información a bordo de la luz podía ser largo y sin mayores interrupciones. “No fue un momento eureka. Duramos tres años planeando y probando. Lo que hicimos fue trabajar duro probando las teorías que había, proponiendo, haciendo nuevas pruebas y encontrando resultados. Las ideas sobre cómo mejorar el viaje de información a través de la fibra me rondaban constantemente”, dijo Kao en una entrevista para el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos de EE.UU. (IEEE, por sus siglas en inglés).

La historia de Kao, como suele suceder con los descubrimientos en ciencia y tecnología, tomó varios años (e incluso décadas) en llegar al estado actual, pleno en gloria y reconocimientos. Los primeros prototipos de la fibra óptica que este ingeniero eléctrico describió en su investigación de 1966 no llegaron sino hasta 1974 y la verdadera ganancia y aprovechamiento de este medio de comunicación no comenzó a ser evidente, en una escala global, sino hasta mediados y finales de los años 90.

Para 2026, el mercado global de fibra óptica se espera que llegue a casi US$8.000 millones; China representa actualmente más del 50 % de la demanda por este bien. Y solo este año es muy posible que se sobrepasen los 300 millones de kilómetros de fibra instalados en todo el mundo.

El apetito seguirá creciendo, pues el milagro de la fibra es que es relativamente barata (aunque la infraestructura alrededor de ella, como nodos de conexión y decodificadores, no lo sea) y su estabilidad en la transmisión es más alta que la del cobre y otros metales. Actualmente, la batalla en el frente de la fibra óptica es lograr mejores velocidades de transferencia sin pérdidas de señal, así como métodos para mejorar su producción y respuesta ante diferentes protocolos de comunicación.

En otras áreas se hacen experimentos con formas de empaquetar datos, como las redes cuánticas (que ya han probado emisiones y recepciones exitosas tanto en modelos con nodos idénticos o híbridos). En caso de ser posibles, estas plantearían un nuevo paradigma en la distribución global de información.

Recordar a Kao es, en cierto sentido, una pequeña celebración de internet y de las promesas de tener un mundo conectado (así sea para ver videos de gatos). Puede que suene algo optimista e ingenuo, y es probable que lo sea; pero también lleva una paradoja oculta: el hombre que hoy permite ir del anonimato al estrellato (o al desprestigio), mediante historias de Instagram, era una persona tímida cuya reputación se construyó en décadas, no en minutos.

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Durante su entrevista con el IEEE, Kao dijo: “No creo que la fibra vaya a tener un reemplazo en 1.000 años. El material es muy barato, pues utilicé el más abundante en el mundo. Y además es durable. Ahora, también aclaro a quien me escuche: si digo esto, no me crea”.

Por Santiago La Rotta

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