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Dicen que el nombre de la ciudad de Chicago proviene de una deformación de la palabra nativa illiniwek shikaakwa, que designaba una cebolla apestosa, producto de la ribera de la hoy capital del estado de Illinois, Estados Unidos. Lo cierto es que del centro de Chicago se puede decir hoy que es todo, menos oloroso. Una ciudad que controla el nivel de basura en sus canecas públicas a través de internet difícilmente sería maloliente.
Esa es hoy la apuesta de la “Ciudad del Viento”: ser “una de las más efectivas haciendo uso de la tecnología”, en palabras de su alcalde adjunto, Steve Koch. Chicago quiere reaccionar cada vez que un anciano se tropieza cruzando la cebra retrasando los tiempos en que cambia el semáforo o cada vez que una tormenta genera averías en los servicios públicos, y resolver el problema por antonomasia de todas las grandes ciudades: los embotellamientos.
El ingrediente secreto para lograrlo es internet. Desde el año 2012, la ciudad viene desarrollando Windygrid, una plataforma que se alimenta de más de 12 recursos de información para tener una radiografía actualizada de la capital de 2,7 millones de habitantes. A Windygrid llegan datos de la Policía, de la línea 311 de servicio ciudadano y hasta de Twitter.
¿Para qué? Según Tom Schenk Jr., director de análisis y desempeño del departamento de innovación y tecnología de Chicago, la información en Windygrid, que será lanzada como recurso público para que otras ciudades puedan usarla, es útil para desarrollar las políticas urbanas y prevenir y reaccionar ante las eventualidades.
Pero Chicago dio un paso más. Toda la información que tiene allí se ha consolidado en un servicio público de datos (https://data.cityofchicago.org/), que, a través del análisis, hace incluso predicciones, por ejemplo, de dónde provendrá la mayoría de denuncias por presencia de roedores en los próximos siete días. Esto no sólo le permite a la ciudad estar informada, sino a las autoridades anticiparse en la reacción.
La idea es monitorear hasta el más mínimo detalle en los lugares públicos de los más de 400 kilómetros cuadrados que tiene la ciudad: el clima, la contaminación, el tráfico, la densidad de peatones, las vibraciones sonoras, el alumbrado público, los crímenes, la cantidad de nieve en las calles durante el invierno. En resumen, todo.
A través del proyecto piloto Array of Things, se han dispuesto en el centro de la ciudad cuatro puntos de monitoreo a través de sensores conectados a internet que miden, por ejemplo, cuántos peatones hay en un punto para determinar la densidad, cuántas de las 3.000 bicicletas del servicio público de alquiler están disponibles o qué tan llenos están los contenedores de basura, para que el servicio de aseo sepa cuándo ir a vaciarlos.
El sistema podría parecer muy caro y sofisticado, pero según Schenk, la inversión en el desarrollo de Windygrid fue en su momento de US$100.000 y no se ha necesitado un dólar más desde entonces. El servicio público de datos, por su parte, recibe una inversión anual de US$50.000.
De acuerdo con el departamento de Innovación, la gente se ha encargado de alimentar el sistema, creando sitios, por ejemplo, para notificar a la gente cuándo se barrerá la calle de su barrio, con la información que el mismo servicio público suministra. Treinta desarrolladores ciudadanos trabajan con la municipalidad.
Hoy, Nueva York y Chicago son las únicas ciudades que usan la internet de las cosas para analizar información, y que las autoridades reaccionen y los ciudadanos decidan. Prestar servicios eficientes es, sin duda, un factor clave en la solución de los problemas de una ciudad que, según el último censo de Estados Unidos, tiene niveles de pobreza de entre 40 y 60% en los barrios del sur y el oeste.
mmedina@elespectador.com
@alejandra_mdn
* Artículo posible por invitación de Cisco.