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¿De quién es nuestra atención? La respuesta parece obvia: “Es nuestra”, es lo primero que se nos viene a la cabeza. Randima Fernando, cofundador del Centro para la Tecnología Humana, respondería que ya no nos pertenece porque nos la robaron. “A las empresas les resulta muy fácil configurar perfiles sobre nosotros con base en la información que compartimos en las redes sociales, y ellos la pasan a los anunciantes. Este modelo de negocio hace que nuestra atención se vuelva vital y además no se fundamenta en nuestros intereses, sino en los de los anunciantes”, dijo a BBC.
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Junto con su ocio Tristan Harris elaboraron el concepto human downgrading, que en español se traduce a “degradación humana”. Ambos, desde su centro, le apuntan a que cada uno de nosotros tenga una relación distinta con la tecnología, justamente para “revertir la degradación humana”. Así lo ilustró Fernando al medio británico: “A medida que hemos ido mejorando y actualizando nuestras máquinas, hemos degradado a los seres humanos. Y debería haber sido al revés. Eso es algo que se repite constantemente”.
Teniendo en cuenta lo anterior, es hora de preguntarnos también por los efectos en el cuerpo de la adicción a la tecnología. ¿Cómo el embrujo de los comentarios, los likes, el efecto del scroll, en resumen, la satisfacción que produce estar conectados permanentemente, puede afectar nuestra salud física?

¿El cerebro cambiará?
Para darnos cuenta completamente del impacto que la tecnología cotidiana tiene sobre nosotros, buscamos investigaciones científicas y opiniones de expertos sobre el tema, antes de trabajar con un diseñador 3D para crear un humano del futuro cuyo cuerpo haya cambiado físicamente debido al uso constante de teléfonos inteligentes, computadores portátiles y otra tecnología”, se lee en el estudio publicado por Med Alert Help y del New York-Presbyterian Orch Spine Hospital.
Según los investigadores, los humanos del futuro, es decir, los que vivirán en unos 1.000 años, tendrán características físicas muy diferentes a las actuales. Mindy es el nombre de la modelo del año 3000 que los académicos ilustraron con un diseñador 3D.
Los músculos y el esqueleto, comprometidos
De acuerdo con el estudio, “el diseño y los hábitos típicos de los usuarios de los objetos tecnológicos modernos, como los teléfonos inteligentes y los monitores de computador, tienen un impacto significativo en la forma en que nos sentamos y estamos de pie”, aseguraron los analistas. El cuello y la espalda son los principales afectados por el uso constante del celular. Por eso las empresas que teletrabajan han puesto la lupa en los trabajadores que laboran en remoto. Las buenas posturas, ya sea para usar el móvil o la laptop, son esenciales para evitar dolores crónicos, hábitos que atenten contra una postura ergonómica, y, en palabras simples, mantener lejos los dolores en la espalda.
El resecamiento de los ojos
Uno de los efectos más notorios del uso excesivo de la tecnología es el resecamiento de los ojos. Pasar largas horas frente a pantallas electrónicas provoca que parpadeemos con menos frecuencia, lo que reduce la lubricación ocular. Este fenómeno ha llevado a un aumento significativo en la prevalencia del síndrome del ojo seco. Por lo anterior, es necesario que protejamos la vista de la luz de las pantallas. Visitar con relativa frecuencia al oftalmólogo ayudará a reducir el impacto de la tecnología en la salud ocular.
Aproximadamente el 60 % de los estadounidenses sufren del síndrome visual informático (SVI), provocado por la alta frecuencia frente a la pantalla. Aparte de los ojos secos, los síntomas más visibles son enrojecimiento, dolor de cabeza, visión borrosa y dolor de cuello, que se riega por los hombros.
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