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Si no eres de mi generación puede que Habbo no te suene nada. Si lo eres, puede que tampoco.
Habbo Hotel es una red social. Es un hotel en línea donde cada usuario tiene un avatar personalizado y una colección de salas. Habbo era mi vida, o al menos la única que me importaba. No recuerdo la fecha exacta de la primera vez que ingresé, pero jamás olvidaré lo difícil que fue salir.
Mis verdaderos amigos estaban en Habbo, invertía mucho más dinero en las necesidades de mi avatar (ropa, furnis, mascotas) que en las mías. A escondidas de mis papás, por supuesto. (Lea "La pesadilla que viví por confiar en alguien que conocí en internet")
Mientras no estaba en Habbo no había nada más en qué pensar. Las mañanas en el colegio se me hacían eternas y la tarde/noche no era suficiente para estar en el hotel. Esto ya estaba lejos de ser una simple adicción.
Mis papás siempre estaban trabajando, así que tampoco había mucho que pudieran hacer al respecto. Para no recibir ningún reporte, siempre sacaba tiempo para hacer mis tareas o al menos para copiarlas. Ser vetado de Habbo ni siquiera hacía parte de mis opciones.
Con el tiempo, me fui desprendiendo de mi vida en línea. Había encontrado una nueva adicción —sana, por llamarla de algún modo— en los libros. Muchos de mis amigos virtuales comenzaron a irse, hasta que llegó mi turno. A mi salida ayudó que hackearan mi cuenta y se llevaran todos mis furnis. Finalmente, el hotel me cerró sus puertas.