Cuando la realidad se vuelve un juego

Zaytoun es un proyecto que narra la lucha de un niño palestino en el campo de Yarmuk, en Siria.

Cortesía Zaytoun

Un videojuego como herramienta de activismo, un videojuego como elemento para el cambio, quizá. Un producto que, más allá de las noticias y los ensayos, invoque ideas y discursos, pero sobre todo que presente una experiencia, una inmersión en un escenario tan extraño como vital.

Zaytoun es eso, la puerta de entrada al mundo de los refugiados del campo de Yarmuk en Siria, un espacio creado en 1957 para albergar palestinos que, como buena parte del país árabe, hoy se encuentra bajo algunas las más precarias condiciones de vida en el planeta. Además de ser un producto, Zaytoun es alguien, un niño que trata de escapar de la guerra siria: el personaje de una cruel odisea que, como advierten los desarrolladores en el tráiler del proyecto, no debería ser un videojuego.

Pero lo es porque “si le digo que para entrar a Yarmuk toca pasar por seis puestos de control, pues ya está, es apenas un dato. Pero si lo experimenta a través de un personaje, un niño en este caso, el jugador debe pensar la situación a la que se enfrentan los refugiados en este lugar. Esto es algo que no hace ningún otro contenido, pero que sí puede alcanzar un videojuego”.

Mohamed Tayeb es una de las 12 personas que trabajan de lleno en Zaytoun, una plataforma que esta semana fue seleccionada como el mejor proyecto digital de activismo en la categoría de artes y medios de los Bobs, premios entregados desde 2004 por la Deutsche Welle a iniciativas en línea que están comprometidas con la libertad de expresión y los derechos humanos.

Antes de ser un videojuego, Zaytoun era una especie de plan de comunicaciones para difundir información cuando en 2011 recién empezaban las marchas contra el régimen sirio que, después de la represión oficial, terminaron por devenir en la guerra civil que hoy sigue arrastrando al país, y a una parte de la región, hacia un abismo humanitario. “En ese momento hubo un encuentro de comités locales y empezamos a crear estrategias para comunicar lo que estaba sucediendo. En un principio llegamos al cómic como herramienta para difundir nuestra información y después entramos al videojuego”, cuenta Tayeb, quien asegura que la plataforma respondía a una necesidad de informar cuando muchas de las cosas que sucedían en Damasco, o en Yarmuk, no eran comunicadas por medios locales o árabes: “Todo sucedía en Facebook o en redes sociales”.

Más que un producto de la imaginación, Zaytoun es algo así como un videojuego de no ficción: un ejercicio de documentación de una situación delicada y, por eso, su construcción también es un asunto delicado. Tayeb cuenta que el equipo creativo se nutre de la información y los guiones que tres periodistas en Siria producen para la plataforma, los datos de lo que sigue sucediendo en el remolino de una guerra que, aunque ha desestabilizado la región, sucede bajo cierto grado de aislamiento del exterior. Además de estos reportes, el proyecto también se nutre de una serie de talleres de dibujo hechos con niños refugiados que, de cierta forma, aportan una perspectiva visual fresca y honesta de cómo es la vida dentro del país árabe y del campo de Yarmuk mismo; estos talleres se han realizado con jóvenes hoy refugiados en países como Jordania.

“El primer capítulo del videojuego estará disponible en diciembre de este año. Aquí el jugador arranca con el personaje de Zaytoun, un refugiado atrapado en Yarmuk que debe escapar del lugar. Pero antes de salir de allí, su primera tarea es sobrevivir. En algún punto alguien le pregunta al personaje cuándo fue la última vez que comió y el niño responde ‘hace dos semanas’. En esta parte retamos al usuario con pequeñas misiones para conseguir agua y comida, para mantenerse vivo”.

Tayeb también cuenta que en el segundo episodio Zaytoun logra salir de Yarmuk, pero ahora se encuentra en un terreno aún más extraño pues, para muchos, el campamento ha sido su hogar toda la vida y deben enfrentarse de repente a un país destruido por la guerra. “Salir de Siria es muy complicado, por eso los palestinos que allí residen enfrentan tres prisiones: Yarmuk, Damasco y Siria. En estos caminos juegas mucho con tu vida. El usuario se encontrará con lo mismo, las opciones difíciles que deben enfrentar los refugiados”.

La advertencia de los desarrolladores resuena más fuerte: “Esto no debería ser un juego”. “Mi objetivo personal es poder conectarnos con la mayor cantidad de personas y pueblos que también tienen luchas sociales”. En últimas, quizá por eso es mejor que esto sí sea un videojuego.