Datos para cambiar el mundo

En los últimos dos años se ha producido más información que en toda la historia de la humanidad.

Dicen que el primero en ponerle un nombre a la marea de datos en la que vivimos fue Joe Hellerstein, de la Universidad de California, cuando en 2008 vaticinó “una revolución industrial de datos”. Dos años más tarde, la revista The Economist le colgó otra etiqueta al asunto: “diluvio de datos”. Poco a poco otro apodo ganó popularidad y consistencia: big data.

Cada día en el mundo se producen alrededor de 1,25 quintillones de bytes de información. Se calcula que el 50% de los datos producidos en toda la historia de la humanidad se han generado en los últimos dos años. Un ejemplo más claro sobre este punto: todos los trinos enviados antes de 2013, incluyendo por supuesto todos los del expresidente Uribe, ocupan 18,5 terabytes de información. Si quisiéramos imprimirlos a una velocidad de 15 páginas por minuto tomaría 1.200 años completar la tarea.

Lo paradójico en este mundo de datos es que, como lo estima Unicef, al mismo tiempo 35% de los niños que nacen no son oficialmente registrados. Una proporción que puede llegar a 62% en los países menos desarrollados.

Con estos dilemas en mente se reunieron esta semana en Cartagena durante el Data Festival expertos en estadística, funcionarios gubernamentales de varios países, representantes de organizaciones civiles y activistas, para analizar no sólo los riesgos de estas masas de datos en malas manos sino también para tratar de entender cómo las nuevas tecnologías y el rastreo de información pueden contribuir a superar la pobreza e impactar el desarrollo en países pobres y emergentes.

“Lo que estamos viendo es un fenómeno social con implicaciones políticas”, anotó Emmanuel Letouzé, director de Data-Pop Alliance, quien coordinó uno de los paneles de discusión.

La revolución de los datos está permitiendo que los gobernantes, al menos los que realmente quieren hacerlo, tomen decisiones más informadas y precisas. Pueden recibir información casi en tiempo real sobre desabastecimiento de productos, migraciones, concentraciones de poblaciones pobres, expansión de epidemias y un sinfín de problemas. Pero no es una revolución sólo al servicio de los gobiernos establecidos. Es, y debe ser, de acuerdo con la mayoría de asistentes al evento, una revolución al servicio de las comunidades.

Bitange Ndemo, ministro de la Información y las Comunicaciones de Kenia y uno de los más entusiastas promotores de esta revolución, explicó cómo un programa para digitalizar la información de salud pública y la recopilación de datos entre más de 240 hospitales en su país ha permitido reducir el gasto en 40%.

Por su parte, Tatyana Orozco de la Cruz, directora del Departamento de Prosperidad Social, presentó tres herramientas que le han permitido al gobierno colombiano ser más estratégico en las inversiones sociales. Una es el Índice de Pobreza Multidimensional, que combina 10 variables y da una idea no sólo de quién es pobre sino cómo es pobre, es decir, cuáles son sus principales carencias.

Otra es el Mapa Social, una interesante herramienta digital que compila información de 13.198 proyectos en el país desarrollados por 2.081 organizaciones en todo el territorio nacional. Por último, Orozco habló de la Llave Maestra, otra herramienta que agrupa información socioeconómica de todo el país para la toma de decisiones políticas.

Los ejemplos de la revolución de los datos al servicio del desarrollo están por todas partes. Desde Río de Janeiro, donde se han utilizado cámaras conectadas a cometas para recopilar información de riesgo asociado a desastres, hasta Uganda, donde los mensajes de texto sirven para rastrear la epidemia de paludismo.

El riesgo de esta obsesión por cuantificar y monitorear el desarrollo, advierte Sabina Alkire, una de las creadoras del Índice Multidimensional de Pobreza y directora de The Oxford Poverty & Human Poverty Initiative, es que nos dediquemos a medir la pobreza y los problemas sociales en lugar de reducirlos y combatirlos.

Mapa de Kibera (Kenia)

Kibera no sólo es el mayor barrio pobre de Nairobi (Kenia), sino también un punto invisible para la mayoría de políticos y ciudadanos de este país africano. En noviembre de 2009 los habitantes de Kibera comenzaron a reescribir su destino cuando un grupo de jóvenes crearon el primer mapa digital libre y abierto de esta localidad. Mapa de Kibera se ha convertido en un poderoso proyecto que aglutina información comunitaria relacionada con salud, educación y seguridad de gran utilidad. En Mapa de Kibera muchos de los 250.000 residentes están encontrando una manera de dialogar acerca de su desarrollo local entre sí y con las organizaciones de todo el mundo.

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Mtrac, red de salud fabricada con teléfonos

Mtrac es un sistema de alertas basado en el uso de teléfonos que les está permitiendo a los trabajadores de la salud en Uganda comunicarse con el Ministerio de Salud por medio de mensajes de texto simples.

Antes de la implementación del programa las autoridades contaban con muy poca información. En marzo del año pasado, gracias a Mtrac, 1.200 funcionarios, 18.700 trabajadores y casi 8.000 médicos dispersos en aldeas utilizaban el sistema.

Los mensajes de texto les permiten dar alertas en tiempo real de brotes de enfermedades y el agotamiento de los medicamentos esenciales. El número de centros de salud sin medicamentos para paludismo ha pasado del 80% al 15%.

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Mapa social de Colombia

El Mapa social de Colombia es una estrategia del Gobierno Nacional para guiar a los actores que lideran proyectos sociales con el fin de hacer más eficiente su trabajo, y busca apoyar el desarrollo de proyectos sociales de alto impacto que aporten a la superación de la pobreza en el país.

Esta iniciativa de libre acceso incluye referencias a 13.198 proyectos que se están ejecutando a lo largo y ancho del país, e información de las 3.081 organizaciones e instituciones que los lideran. 

A través de una plataforma diseñada por Microsoft, cualquier persona o empresa interesada en aportar al desarrollo del país puede consultar la información que necesita para tomar una decisión más precisa sobre dónde y cómo actuar.

La plataforma ofrece a los usuarios visualizaciones amigables para conocer cuáles son las necesidades más importantes de un municipio y quiénes son los actores que están trabajando para solucionarlas. De esta manera se pueden conectar instituciones con los mismos intereses y evitar la duplicación de esfuerzos. 

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