El dilema de Twitter

La plataforma deberá definir qué tipo de compañía quiere ser: si enfocarse en sus usuarios avanzados, volverse más accesible para quienes usan menos el servicio o incluso ponerse a la venta.

Dick Costolo dejó el más alto cargo en Twitter, compañía que en 2014 obtuvo US$1.400 millones y sumó más de 300 millones de usuarios. / Bloomberg

Dick Costolo renunció a su posición como CEO de Twitter y con su renuncia llegaron preguntas, especulaciones, proyecciones. Todo en una gran escala, pues se trata de una gran compañía, al menos una con más de 300 millones de usuarios y que, a pesar de crecer en este campo, no lo hace tan rápido como se espera. Y aunque obtiene ingresos, tampoco son los que se esperan, pues sus pérdidas siguen siendo considerables. En 2014 la empresa obtuvo US$1.400 millones, pero perdió US$578 millones, dinero que principalmente se invirtió en desarrollo de nuevos productos y muchos mercadeo.

Esperar es una palabra compuesta, pues de cierta forma implica al menos dos partes en la acción: quien espera y lo que espera. La primera porción de la ecuación en este caso son los inversionistas y la bolsa de valores (Twitter se convirtió en una compañía que se cotiza públicamente en 2013) y lo que esperan es que la empresa sea como Facebook, una red social con cuatro veces más usuarios y con ingresos 10 veces más grandes. Pero Twitter no es Facebook, por obvio que parezca.

El asunto está relacionado con la concepción misma de cada compañía: Twitter es un inacabable río de datos, una plataforma cuya estructura permite que el usuario mismo cure enteramente la forma como consume el contenido que el mundo tiene para ofrecerle. Claro, cada persona elige qué perfiles seguir de acuerdo a sus gustos e intereses, pero esas elecciones, multiplicadas a lo largo y ancho del servicio, terminan por exponer al usuario inicial a una variedad más abierta de información. Esto se ve reforzado por la interfaz misma del sitio, en la que se privilegian los eventos más recientes: la inmediatez acá lo es todo y es el usuario quien ejerce como filtro.

Pero no todo el mundo está dispuesto a pasar sus días pendiente de una red social. Para muchos ni siquiera es una cuestión de interés, sino de escasez de tiempo. El enfoque Facebook pone a jugar un algoritmo que, al menos en parte, se encarga de esta curación del contenido, basándose en los gustos y amigos de cada usuario, entre otras variables.

El resultado de estos enfoques es que, tal vez, la primera visión entrega una perspectiva más comprensiva y profunda del mundo para algunos, pero la segunda está más relacionada con lo que, en últimas, resulta más cercano, íntimo e inmediato para la mayoría de las personas.

Un estudio de este año publicado por el Pew Researh Center, elaborado en 32 países emergentes o en desarrollo, afirmó que el 86% de las personas que se conectan a la red lo hacen para contactar amigos y familiares, apenas el 54% lo hace para acceder a noticias políticas y menos del 50% busca información de salud o acceso a servicios gubernamentales. La combinación de estos factores crea entonces un superpoder llamado Facebook, por un lado, y, por el otro, Twitter, una compañía con una plataforma capaz de transformarse en herramienta de resistencia política en asuntos como la Primavera Árabe, pero con problemas para satisfacer las demandas de los accionistas.

“Dick Costolo cometió un grave error: dirigir Twitter en la era de Facebook”, escribió la periodista Sarah Lacy en un largo texto en el que también ponía en entredicho el modelo de crecimiento de las compañías de tecnología que entran al barril sin fondo del mercado público de acciones.

Lacy recuerda que, después de su salida a bolsa, Facebook comenzó a recibir una serie de críticas que prontamente se convirtieron casi en un mantra del mercado: la compañía no lograba capitalizar su éxito en el terreno móvil. Lo siguiente que vino fue la compra de Instagram y Whatsapp por un valor combinado de US$20.000 millones, dos acciones que parecieron enteramente motivadas por el afán de los inversionistas. La periodista lo resume lacónicamente: “En un mundo en donde el capital de inversión no fuera el sistema circulatorio de la industria, las mejores compañías privadas deberían seguir siendo privadas”.

Pero Twitter no vive en ese mundo. Sus opciones, ahora temporalmente en manos de Jack Dorsey, cofundador y antiguo CEO de la empresa, incluyen varios caminos que públicamente ya habían comenzado a ser discutidos hace un tiempo.

El primero es una posible adquisición por parte de Google, algo que le daría al buscador una fuente extraordinaria de información acerca del mundo, un asunto que está en el corazón de su misión y de su modelo de negocios. Sobre este rumor hay opiniones encontradas: en una llamada el jueves con inversionistas, Costolo dijo que Twitter está enfocada en seguir siendo una compañía independiente, pero “evaluará con cuidado cualquier oferta”, según reportó Bloomberg. The New York Times aseguró que gente en ambas empresas dijo que no se estaba trabajando en un negocio de este calibre.

El otro es una mejoría notoria en la interfaz del servicio, y aquí la cosa puede tomar varias rutas: o se enfoca en los usuarios más avezados o en los que entran al sitio de vez en cuando. En medio de esta tarea, Twitter podría terminar por redefinir la forma como despliega su contenido (el estricto orden cronológico del servicio), entre otras cosas.

Sea cual sea la ruta que la compañía elija, de cierta forma tendrá que llegar a términos con su identidad: querrá ser como Facebook o no, con todo lo que esto implica.

 

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