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“Mockus mantiene ventaja en los departamentos de Twitter y Facebook”, rezaba un tweet que una ferviente seguidora del candidato del Partido Verde escribió el domingo de elecciones en la medida en que avanzaba el escrutinio de los votos de la primera vuelta para elegir presidente. El tweet, a la luz de los resultados electorales de ese día, evidencia dos cosas: el amplio uso de las redes sociales en esta elección (primera vez que el fenómeno se ve con tanta incidencia) y que no basta twittear para triunfar en las urnas, como también lo dijo un usuario de esta red.
El ascenso de Barack Obama a la Presidencia de los Estados Unidos fue tal vez la primera vez, o al menos la más impactante, en la que el poder de convocatoria de las redes sociales se trasladaba al plano real, a la cruda matemática de la mayoría que hace la democracia. “Únanse y triunfaré”, pareció ser el mensaje en ese momento. La experiencia no se replicó en la pasada primera vuelta en Colombia.
Para marzo, el perfil de Antanas Mockus en Facebook ya era el de uno de los 12 políticos más populares del mundo (por encima de Nelson Mandela) y su página llegó a ser la de mayor crecimiento en el planeta para comienzos de mayo, según el diario El País de España. Para entender un poco la proporción de la estadística: Facebook sería hoy en día el tercer país más grande del globo, con más de 400 millones de habitantes/usuarios, si tan sólo ocupara un lugar en el mapa.
Compañía no es seguridad
“Uno de los problemas que tienen la redes sociales, al hablar de política, es que fueron creadas para hablar del yo, y de sus amigos, mas no para discutir un nosotros. No creo que construyan esfera pública de la misma manera que lo pueden hacer los blogs u otras formas de interacción en línea”, piensa Álvaro Ramírez, profesor asociado de la Universidad de Bergen (Noruega), experto en redes sociales, además de activo bloguero. Lo expresado por Ramírez, en últimas, cuestiona la utilidad de las redes sociales cuando se trata de entablar debates y discusiones que permitan, a su vez, generar opinión, todos términos asociados al ejercicio de la política y a la toma de partido por parte del elector.
En 2009, la firma norteamericana de análisis de tendencias Pearl Analytics calculó que el 40,55% de la información puesta en Twitter por los usuarios de este país era irrelevante (Estados Unidos representa algo más del 30% del tráfico de esta red social). Ciertas estadísticas, algo informales, afirman que el 57% de los tweets corresponden al estado actual de los usuarios o a conversaciones privadas entre éstos.
Ahora, lo que sí quedó claro con la marcha de rechazo en contra de las Farc, en febrero de 2008, fue que las redes sociales, en ese caso Facebook, tienen un enorme poder de convocatoria, de agrupamiento. Pero en política, compañía no implica seguridad, confianza, debate o argumentación. “Fenómenos como esa manifestación evidencian el alcance de las redes, pero igual no creo que sean las adecuadas para definir una esfera pública o para solucionar los debates políticos”, afirma Ramírez.
Algo diferente piensa Juanita León, directora de lasillavacia.com, portal de información sobre la actualidad política, quien dice que las redes sociales “son una herramienta para difundir ideas, a veces ciertas y a veces rumores que forman parte de la guerra sucia, pero también se vuelven el lugar de intercambio y debate político por excelencia. Son un buen termómetro del nivel de debate político entre unas generaciones”. En opinión de León, una de las cosas más interesantes de la actual campaña presidencial es que “los candidatos descubrieron que estas plataformas son el nuevo medio de información”.
Sigan al líder
El nacionalsocialismo fue un movimiento democráticamente elegido en la Alemania de los años cuarenta. ¿Más es mejor? “La opinión pública es algo bastante influenciable. Es como si se tratara de una lotería y todos quieren comprar el número ganador. Ver que un candidato tiene más seguidores en una red social influye en el inconsciente colectivo. Es como dice la frase popular: ‘Para donde va Vicente va la gente’”, explica Beatriz Franco, profesora de la Universidad del Rosario. Semanas antes de la primera vuelta, varios medios de comunicación, además de los mismos usuarios de Twitter, registraron el hecho de que había perfiles en esta red social que seguían a Juan Manuel Santos, pero que no tenían ninguna publicación, ningún tweet.
Las matemáticas, al menos en este caso, pueden equivocarse. Si bien la página número uno en Facebook durante la campaña presidencial de Estados Unidos era la del entonces senador Barack Obama, una de sus competidoras en afiliados era precisamente un perfil creado en contra del candidato. Como en todo fenómeno de masas, la simple suma de usuarios/seguidores/afiliados puede no garantizar nada, sino apenas un índice de popularidad, popularidad en línea.
Tan cerca, tan lejos
Colombia es uno de los países de Latinoamérica con mayor crecimiento de usuarios en Facebook (según el Ministerio de Comunicaciones, hay nueve millones de colombianos suscritos a esta plataforma). Sin embargo, tan sólo un poco más del 50% de la población cuenta con una conexión a internet, entre fijas y móviles.
Francisco Forero, gerente de Google para Colombia, opina que no hay que ser triunfalistas con las cifras de penetración de internet en Colombia, porque eso sería “desconocer la realidad de la mitad del país que aún no está conectado. Internet debería ser un servicio público. ¿Qué pasa si sólo la mitad de la gente tiene agua o luz?”.
En un país con acceso aún limitado a la red, la pregunta que algunos se hicieron el domingo en la noche fue si basta ser grande en la red para serlo también en las urnas. En palabras del New Politics Institute, un centro de pensamiento norteamericano, “la tecnología todavía no es un sustituto para las conexiones humanas que guían los acontecimientos políticos: es una ampliación de esas conexiones. La política es un asunto que debe seguir siendo personal”. Algo similar opina Forero: “Ningún medio es una isla, no pienso que las redes sociales llegaron para reemplazar a otros canales de comunicación. Todos los medios funcionan de manera integrada”.
Mientras los resultados de las elecciones del domingo se conocían, un twittero dijo: “Obama maldito, nos ilusionaste con que podíamos ganar vía web”. Simultáneamente un seguidor de Antanas Mockus se preguntaba en Facebook: “¿Qué pasó?”. La directora de lasillavacia.com opina: “Yo creo que todos los adeptos de Mockus en Facebook votaron por él. A través de Facebook lograron movilizar a toda una generación, que a su vez se volvió testigo electoral, se interesó muchas veces por primera vez en política, convenció a sus papás de votar por él. No logró las expectativas creadas por las encuestas pero duplicó en mes y medio con muy poca plata su votación en la consulta verde. Sin su éxito en las redes sociales habría sido imposible”.