Entré a Tinder para pasar el rato y encontré ayuda para superar una crisis

En El Espectador queremos explorar, con nuestros lectores, cómo la tecnología está redefiniendo la forma en que nos relacionamos. Si quiere hacer parte de este experimento puede mandarnos su historia a npiza@elespectador.com.

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Corría el año 2016 y mi vida parecía tranquila a simple vista: una relación y un trabajo estable, vida social en movimiento, todo parecía estar en armonía. Sin embargo, pasaba algo en mi mundo que no me dejaba concentrarme, me robaba la tranquilidad y cualquier día, de la nada, me invadía la depresión y la nostalgia amenazaba mi aparente paz: estábamos luchando, junto con mi familia, por rescatar de la droga a un familiar muy cercano.

Mis días y noches eran eternas. No dormía, no disfrutaba la comida, no tenía vida. Un día alguien me dijo: “Necesitas distraerte, te estás haciendo daño, necesitas ocupar tu mente. ¿Por qué no te abres una cuenta de Tinder?”. Luego de pensarlo varias veces, accedí y me hice un perfil rápidamente y sin muchas pretensiones. (Lea "Hay que tener claro que Tinder no se hizo para buscar marido, sino para pasarla bien")

Empecé a entablar diálogos con varios hombres y esto se fue convirtiendo en una dinámica que ocupaba mi tiempo y me hacía olvidar levemente mi tristeza.

Conocí gente en iguales circunstancias que me guió, gente que entendía mi dolor, y con cuidado, dedicación y presteza se dedicaron a “ayudarme”. Moví mi mundo de una manera tan intensa durante unos cuatro meses que cuando me di cuenta me había convertido en otra persona, capaz de soportar el dolor con dignidad y sin amargura, sin llevar pesos que no me corresponden y entendiendo que sólo desde mi fortaleza podría ayudar a amortiguar esa carga.

Encontré gente hermosa. Me sorprendí de que en una red que tiene fama de ofrecer compañía exclusivamente sexual hubiera tantas personas educadas, amorosas, dispuestas a escuchar, a dialogar, a compartir la vida sin ninguna pretensión.

Y aunque por supuesto abundaron ofertas sexuales que decliné o acepté (aquí lo dejo a su imaginación), puedo decir con certeza que mi vida cambió a través de Tinder.