¿Está perdiendo Facebook su atractivo?

Reportera estrella de tecnología en el New York Times reconoce que cada vez invierte menos tiempo en la red social, y trata en este texto
de explicar el por qué y sus implicaciones.

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Apenas hace unos años, la mayor parte de mi actividad social en la red giraba alrededor de Facebook. Era integrante activa de varios grupos, incluido uno que ayudó, a otros y a mí, a encontrar apartamentos y a vender artículos usados. Otro grupo fue maravilloso en la organización de exhibiciones de películas a la media noche. Y utilicé Facebook para mantenerme al día de los logros más recientes de mis hermanas y de sus hijos, así como de muchos parientes.

Sin embargo, a últimas fechas, mi antes hiperactiva vida en Facebook se ha desacelerado hasta ir a paso de tortuga. Me he dado cuenta de que mis familiares más jóvenes ya se graduaron del bachillerato y borraron su cuenta o la han reducido de tal forma que ya casi no queda ninguna información personal. En cuanto a la mía, es raro que publique fotografías o actualizaciones sobre lo que he estado haciendo. Es frecuente que lo único interesante en el sitio sea el artículo más reciente de Buzzfeed que están leyendo mis amistades y, para eso, puedo ir directamente a ese sitio.

¿Soy yo o Facebook se está deteriorando?

La compañía ha negado de tiempo atrás que pudiera estar disminuyendo el interés público en ella, o que empresas emergentes sociales pudieran estarle quitando usuarios.

Sin embargo, este mes, durante el anuncio sobre ganancias trimestrales, el CEO de Facebook, David A. Ebersman, hizo un reconocimiento asombroso. Facebook había notado “un decremento en los usuarios cotidianos, específicamente entre los adolescentes jóvenes”, dijo. Esos adolescentes, en su mayoría estadounidenses entre 13 y 14 años, no borran las cuentas, pero, dijo, revisan el sitio con menos frecuencia.

El comentario confirmó lo que muchos habíamos sospechado, pero que nunca pudimos probar: que el servicio se volvió menos atractivo para por lo menos algunos de sus usuarios. Y, si bien Facebook sigue siendo la red social por omisión para muchas personas, quizá ya no sea tan crucial como lo fuera antes para la sobrevivencia social.

Una explicación es que es posible que ahora su función sea diferente a la que tuvo en los primeros días.

Nathan Jurgenson, un sociólogo que investiga sobre la internet, a quien contrató recientemente como investigador Snapchat, una compañía de aplicaciones sociales móviles cuya popularidad crece rápidamente, describió los sitios de redes sociales de la corriente principal como “una especie de centro comercial”. La gente deambula por allí, asomándose a la ventana de la vida de los demás, por no tener algo mejor que hacer en la red. Eso es especialmente cierto en los adolescentes, dijo.

“Es muy limpio y está altamente vigilado”, señaló sobre ese “centro comercial” de la corriente principal. En otras palabras, comentó, no es realmente un parque de recreo, donde se pueden divertir los chicos y pasarla bien, y ser realmente ellos mismos. Es un sitio para pavonearse, hacer interpretaciones y chequear a otros que están haciendo lo mismo.

Jurgenson también dijo que los sitios de la corriente principal han evolucionado a ser una especie de “medio social señuelo”. Desde su punto de vista, se ha llegado a equiparar con un anuario o un directorio comercial –un centro neurálgico estático en internet que ofrece prueba de la existencia de alguien, y quizá poco más—. Eso podría explicar, en parte, la popularidad de una oleada de servicios nuevos, como su compañía, Snapchat, así como Twitter, Tumblr, Pinterest e, incluso, Vine. Se han enraizado, en particular, entre los adolescentes.

Podría parecer ir en contra del sentido común que Facebook se hiciera menos interesante y pertinente conforme más personas se integran al servicio. Por su parte, Tucker Bounds, un portavoz de Facebook, dijo que la compañía está “totalmente comprometida a construir productos interesantes que sean atractivos para toda la comunidad de personas en Facebook”.

Sin embargo, S. Shyam Sundar, director del laboratorio de investigación sobre los efectos de los medios en la Universidad Estatal de Pensilvania, dijo que Facebook se ha convertido en un servicio público, como un operador de telefonía. La gente recurre a Facebook para documentar los acontecimientos importantes en su vida, señaló, y hacer seguimiento de los de otros, no muy distinto a un álbum de recuerdos público y comunitario.

“Tiene la identidad de algo que sirve para muchas cosas, un depósito para varias generaciones”, dijo. “Es un lugar donde están todos, que tiene un propósito y un lugar, pero que no necesariamente representa un lugar al cual la gente querrá ir a menudo”.

En otras palabras, como ya casi es universal, es posible que Facebook haya perdido parte de su ventaja –o, por lo menos, es posible que algunos usuarios ya no lo sientan novedoso u original—. Es posible que haya perdido parte del caché que lo hizo atractivo, en especial para los jóvenes.

Muchas personas se han vuelto muchísimo más cautelosas respecto de las implicaciones a largo plazo de compartir datos en Facebook y en otros medios sociales. En los últimos meses, ha quedado claro que las travesuras aparentemente inofensivas en la red pueden llevar a repercusiones graves en el mundo real. Los jóvenes podrían ser particularmente vulnerables.

Esas grietas en el revestimiento de Facebook han proporcionado una apertura comercial para otros servicios de mensajería entre los jóvenes en Estados Unidos y el mundo.

Sundar llama a esos servicios –que incluyen a WhatsApp, Line (popular en Japón), Snapchat, WeChat de China y el coreano KakaoTalk– “minimedios sociales”, porque satisfacen un deseo entre los adolescentes: mantenerse en comunicación constante.

“Ese es un aspecto de ser adolescente; les encanta chatear con amigos y siempre están al teléfono”, añadió.

Dada la velocidad del rayo con la que evolucionan los medios sociales, al menos es posible que Facebook esté entrando en la crisis a mitad de la vida. ¿Podría estarse acercando a su punto máximo? No hay duda de que la compañía presta atención a su huella en el mercado; adquirió Instagram, el popular servicio para compartir fotografías, y Onavo, una empresa de análisis que monitoreaba qué servicios ganan impulso y quiénes son sus principales usuarios. Más recientemente, Facebook ofreció adquirir Snapchat en 3.000 millones de dólares, pero la compañía rechazó el ofrecimiento.

Quizá una mejor pregunta para formular sea si los adolescentes son cruciales para que prospere Facebook. Después de todo, las acciones de Twitter aumentaron en los primeros días de la compañía en los mercados bursátiles. Su capitalización es ahora de más de 20.000 millones de dólares. Y pudo lograr eso sin un alcance firme en el sector demográfico de los adolescentes.

Después de todo, si los adolescentes utilizan Facebook con menor frecuencia, los anunciantes orientados a ellos podrían gastar menos de su presupuesto de marketing en el sitio. Y si, básicamente, los adolescentes pasan menos tiempo allí, otros usuarios podrían seguirlos de inmediato, lo que afectaría el potencial total de la empresa para ganar dinero.

Facebook puede arreglárselas muy bien sin el apoyo de los adolescentes, notó Sundar. “Pero la verdad es que los adolescentes son a menudo los adoptadores iniciales”, señaló. “El verdadero peligro para Facebook podría ser las compañías a las que se están yendo”.

* Reportera de tecnología del New York Times.
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