Publicidad

Innovación al servicio del agro

En Tel Aviv, Israel, El Espectador recorrió Agritech, una de las ferias de agricultura más importantes del mundo. Aquí un vistazo a empresas y startups para las que la tecnología lo es todo.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
María Alejandra Medina C. TEL AVIV, ISRAEL
02 de mayo de 2015 - 02:10 a. m.
Saturas / Saturas
Saturas / Saturas
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Israel consume 2.000 millones de metros cúbicos de agua al año, pero por sus condiciones naturales dispone sólo de 1.000 millones. La urgencia los hizo surgir con patentes como el riego por goteo para cultivos y el desarrollo de una industria de desalinización de agua que ha permitido que haya localidades en donde el 100% del consumo de los hogares sea agua de mar tratada.

La industria tecnológica aporta en este país cerca de 25% de la economía y la agricultura alrededor de 1,44%. Por eso cobra importancia un encuentro como Agritech, que fusiona el agro con lo último en tecnología, y que este año, del 28 al 30 de abril, completó su versión número 19 en Tel Aviv con la participación de más de 200 expositores y 150 delegaciones, 20 de ellas oficiales.

El Espectador en su recorrido por la feria encontró startups y soluciones innovadoras para control biológico, cultivos hidropónicos, irrigación, ordeño y hasta el internet de las cosas en el campo de la agricultura.

Biobee

Usar control biológico implica “un cambio de cultura”, según Yeshurun Plesser, representante para Latinoamérica de Biobee, una compañía de origen israelí con 30 años de existencia, presente en Colombia, que se dedica a la cría de abejorros para polinización y bichos para control de plagas.

Con producción y distribución en más de 20 países, Biobee llegó a Colombia a especializarse en el mercado de cultivos de rosas y claveles, en donde, según Plesser, de 3.000 hectáreas sembradas, sólo en 100 a 150 hectáreas se hace control de plagas sin químicos. En países como Kenia y Etiopia la tasa de implementación de control biológico es cercana al 50%.

Al año invierten en nuestro país cerca de US$400.000 y aspiran, por demás, empezar a desarrollar nacionalmente un tipo de abejorro para polinización y que el área de cultivos de rosas que no usan químicos pase de 100 a 150 hectáreas a 1.000 hectáreas en cinco años.

Fluxi

“La gente quiere tener cultivos hidropónicos pero no lo hacen porque requiere de mucho conocimiento de química y agricultura”, asegura Amichai Yifrach, vicepresidente de investigación y desarrollo de Fluxi, una startup israelí con cinco meses de vida, que desarrolló un dispositivo para que la “gente del común”, en palabras de Yifrach, pueda cultivar su propia comida en casa y no morir en el intento.

El dispositivo, una esfera con tres patas, se entierra en el cultivo y recoge información en tiempo real para la detección de enfermedades y deficiencias de nutrientes, y la envía a una aplicación móvil que el cultivador puede tener en su tablet o smartphone. Con US$500 se puede adquirir con el sistema automático para que Fluxi alimente el cultivo. Actualmente, la compañía está buscando fondos para empezar a manufacturar y salir a la venta en el último trimestre de este año.

Saturas

Con la estadística de que 80% de los agricultores riega sus plantas sin ninguna información de tipo científico, Saturas ha desarrollado un sensor miniatura que se instala en los tallos o troncos de las plantas y que arroja datos preciso sobre las necesidades de irrigación. Según Anat Halgoa, CEO de Saturas, el sistema es tan eficiente que con uno o dos sensores por hectárea se obtiene la información suficiente.

“Se logra un ahorro de 15% a 20% de agua y lo importante, que es la calidad del cultivo, se incrementa entre un 5% y un 20%”, asegura Halgoa. La tecnología fue desarrollada por Moshe Meron, investigador del centro Migal de Israel, un instituto que trabaja con cerca de 10.000 agricultores, responsables del 20% de la producción del país.

Afimilk

Israel tiene una producción record de leche por vaca: 12.000 litros al año por cada una. La cifra es el resultado de que de 1.000 fincas de ordeño casi el 100% utiliza tecnología de máquina a máquina (M2M) y el internet de las cosas para recoger datos y analizar qué anda bien o mal con el ganado.

Afimilk, que hace parte de una cooperativa conformada por tres kibbutzim del país, lo que fortalece los servicios de extensión, es una de esas fincas. Allí, cada vaca y punto de ordeño tiene un sensor que da cuenta del peso del animal, cuántos pasos da al día, cuál está ovulando, y hasta cuando hay síntomas de mastitis. Todo se envía vía WiFi para que pueda ser objeto de análisis.

“El estiércol de las vacas lo recoge un tractor y se envía a una planta donde lo transforman en energía eléctrica. El restante se deja en el cobertizo porque el estiércol es la mejor cama para las vacas”, explicó Daniel Hojman, de servicios profesionales de Afimilk.

Por María Alejandra Medina C. TEL AVIV, ISRAEL

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.