"La internet puede ayudar a construir justicia social"

El investigador señala, además, que la red de comunicación no ha perdido su base territorial y que no se están eliminando las diferencias culturales.

Frédéric Martel considera que “Smart” se suma a sus publicación “Global Gay” y “Cultura Mainstream”, como trilogía sociológica. /Cristian Garavito-El Espectador

Frédéric Martel es uno de los investigadores franceses más reconocidos en el mundo gracias a sus diversas y bastas investigaciones condensadas en libros como La Cultura Mainstream, Global Gay y su más reciente entrega: Smart, Internet(s): la investigación. Desde 2012 es director de investigación en el Institut de Relations Internationales et Stratégiques (IRIS) de París.

En diálogo con El Espectador habló de los clones que China ha hecho de las plataformas occidentales, de la pluralidad de la internet y de cómo América Latina es un escenario propicio para esta red.

¿Por qué en su investigación habla de ‘internet’ en plural?

Smart es una investigación sobre la globalización digital. La idea que trae mi libro es simple: contrario a lo que popularmente se cree, la red y los temas digitales no son en sí mismos fenómenos globales. Éstos están arraigados en territorios individuales y territoriales. Muchas personas sienten de una manera intuitiva que el mundo está evolucionando cada vez más hacia una sola red, en la que las diferencias culturales o lingüísticas se disolverán, pero este libro contra-intuitivo ofrece una visión diferente. Se rompe con la idea generalmente aceptada de una globalización digital que supera los territorios y las fronteras. Por sorprendente que pueda ser, la internet no suprime los límites geográficos tradicionales, ni erosiona las identidades culturales, o borra las diferencias lingüísticas: las ratifica.

Hablemos un poco más de la territorialización de la red.

La territorialización, probablemente, será aún más pronunciada en los próximos años, como resultado de un acceso más amplio a la web y a los teléfonos inteligentes. El futuro de la red no es global, tiene sus raíces en territorios individuales. De hecho, debemos dejar de pensar en términos de un único y capitalizado “internet”, sino de una pluralidad de “internet”.

¿Cómo es el acceso a la web en países donde los gobiernos controlan a los medios de comunicación?

Existen muchas internet y cada una resulta en una situación específica. En Cuba, por ejemplo, no hay un verdadero acceso por ahora. El régimen cubano dice que podría abrir 100 cibercafés, pero durante mi visita a Cuba nunca encontré uno. Tú puedes acceder en un hotel cinco estrellas pagando más de diez euros por una hora, lo que representa medio salario mínimo de los cubanos. En China es justamente lo opuesto, está en todas partes y es de fácil acceso, ellos crearon clones; Baidu es el equivalente de Google; Renren es Facebook, Weibo es una especie de Twitter. Estas copias permiten a China tener un poderoso desarrollo de la internet, pero censurado.

¿Ésta puede ayudar a construir justicia social?

Sí, pero no pienso que sea bueno o malo, en sí mismo. Es una herramienta que puede ser usada para diferentes propósitos. Al mismo tiempo, puede ser una poderosa vía para empoderar a las personas en las favelas, en los municipios, en los barrios y en lo guetos. He visto cientos de innovaciones claves para teléfonos básicos o teléfonos inteligentes en Kenia, Sudáfrica, India o Brasil —internet puede realmente cambiar la vida de las personas—.

En América Latina, ¿cuál es el país que más ha aprovechado los beneficios económicos y tecnológicos que ofrece la red?

En mi investigación recorrí varios países latinoamericanos: México, Cuba, Venezuela, Perú, Chile, Argentina y Colombia. A excepción de Cuba y una parte de Venezuela, éstos tienen miles de usuarios. Pero son países que proponen nuevos escenarios, no que simplemente se conforman con lo que se impone. En Chile han tratado de avanzar con una interesante apropiación de la ciencia y la tecnología, algo que han denominado, con un nombre que resulta gracioso, el “Chilecon Valley”, buscando atraer a los más brillantes ingenieros, que a diferencia de las trabas que tiene el Silicon Valley estadounidense, les dan una visa y dinero para que vayan a vivir a Santiago de Chile.

¿Qué otros desarrollos en la región le resultan interesantes?

En América Latina tienes una gran cantidad de ideas, energía y también muchas personas creativas e inteligentes, lo que la convierten en una región clave para el futuro de la internet.

Algunos investigadores en estudios culturales afirman que la red está unificando el lenguaje y dándole preponderancia al inglés. ¿Cree que están en lo correcto?

La red no es hostil a las identidades y las peculiaridades locales y sus lenguajes, ni está en contra de las “diferencias culturales” ni de la diversidad. El paso a la digitalización no aumenta la uniformidad; no conduce a una unidad común mucho más de lo que la globalización cultural lo hace. Para aquellos que viven con el temor de perder su identidad como resultado de la globalización y la revolución tecnológica —que son temores legítimos—, Smart muestra que no deben ser pesimistas. Y que el escenario que prevén es improbable.

Como periodista, ¿qué piensa del cierre de Google News en España?

En Europa la exasperación contra Google está creciendo. España intenta una solución con la prensa; Francia intentó otra opción con la tributación, y la Unión Europea decidió actuar en sentido contrario a la confianza. No sabemos todavía cuál es una buena solución, pero los países europeos comparten una visión sobre cómo pedirle a Google para pagar sus obligaciones tributarias y en Europa. Creo que esta pelea es importante no sólo para Europa, sino para el mundo.

 

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