Flickr, 10 años después

La herramienta, propiedad de Yahoo!, goza hoy de un renacimiento después de años de controlada negligencia.

/ Ilustración: Flickr

Quizá Flickr fue el primer sitio en centrarse en la idea de que la fotografía podía ser una experiencia social, un asunto colectivo. Si bien no fue el primer servicio en la red que permitió a los usuarios subir sus imágenes, sí fundó el paradigma de qué se podía hacer en línea con la fotografía.

Fundado en 2004, Flickr cumplió esta semana 10 años de existencia en medio de una reinvención que apunta no a cambiar el alma del producto, sino más bien una revisita al espíritu sobre el cual fue fundado: un sitio para los fotógrafos y, claro, para la fotografía.

Luego de su fundación, como una suerte de producto alterno para un servicio de mensajería instantánea, Flickr comenzó a adquirir una atención rápida por parte de los usuarios cuando Facebook continuaba siendo una atracción para universitarios de Estados Unidos.

En 2005, el servicio fue adquirido por Yahoo! (que supuestamente pagó cerca de US$35 millones por él) y bajo el techo de esta empresa, Flickr vivió buena parte de sus mejores días, al menos durante los primeros años; en noviembre de 2007, la plataforma contabilizaba dos mil millones de fotos subidas por sus usuarios.

Al año siguiente, 2008, Flickr introdujo una de las cosas más interesantes de todo el servicio: la inclusión de licencias de Creative Commons para las fotos de los usuarios. Aunque la utilización de los Commons no es obligatorio, su inclusión en una herramienta de uso masivo sí marcó un punto de giro para la adopción de este tipo de licencias alrededor de la web. Y este es tal vez uno de los puntos que más diferencia a Flickr de sus competidores actuales, entre los que se cuentan Facebook e Instagram. No es una diferencia menor, menos aún en un mundo que suele un uso más policivo de los derechos de autor.

Pero la plataforma entró en una especie de hibernación, junto con el resto de Yahoo!, un período especial en el que fueron despedidos varios CEO y en el que la compañía, aún con una notable porción de audiencia en línea, intentaba definir cuál era su esencia: un asunto complejo cuando se cuenta con varias docenas de servicios, la mayoría con fines distintos e, incluso, redundantes.

El resurgimiento de Flickr (sin caer en grandilocuencias) comenzó con la llegada de Marissa Mayer a Yahoo! y la inversión significativa de recursos en una plataforma que hoy en día alberga más de dos millones de grupos de usuarios, que comparten un millón de fotos diariamente.

Los primeros pasos del regreso de Flickr fueron dados en el terreno móvil, lugar en el que, sin duda, perdió por completo el liderazgo, que hoy ostenta Instagram (propiedad de Facebook) mediante el rediseño de sus aplicaciones para teléfonos iPhone y celulares con Android (el producto en este entorno diseñado para Apple no sufría un retoque masivo desde octubre de 2009, cuando fue lanzado).

El año pasado llegó uno de los mayores cambios en el sitio web, que tampoco había gozado de atención por parte de los ingenieros de Yahoo! La nueva interfaz de la web está pensada para darles gran despliegue a las fotografías (un aumento de tamaño de 20%, de acuerdo con datos de la empresa). El resultado fue un portal con una experiencia gráfica plena, entregada al cuidado por la imagen. Claro, el rediseño incluso inspiró a un grupo en el interior de la herramienta misma dedicado a criticar este cambio.

Las cifras por sí solas no suenan mal, al menos hasta que son comparadas con Facebook, una plataforma que es hogar de 250 mil millones de fotos. La comparación, más que odiosa, es incorrecta. Facebook, plataforma con un historial nada halagador en temas de privacidad, es el lugar para las fotos sociales: los momentos capturados en los baños de las discotecas o los asados familiares. Flickr, por otra parte, es una comunidad interesada en fotografía como una forma de expresión: el foco no es la cantidad, es la calidad de la narración.

Diez años después de su creación, y contra todo pronóstico, Flickr parece tener una segunda oportunidad en la web, un asunto que rara vez sucede, pero que, en últimas, juega a favor de los usuarios.

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