La historia detrás de la internet de las cosas

Más allá de haber acuñado el término abreviado como IoT, este hombre tiene mucho que decir. Habla, por ejemplo, de que vivimos en la era “posestándares” y de la necesidad de tomarse en serio la seguridad digital.

istock

Kevin Ashton es la persona que acuñó el término “internet de las cosas” (IoT), que hoy se utiliza para referirse a un mundo en el que todo –la casa, los electrodomésticos, el carro, el mobiliario urbano, las máquinas de las fábricas– estará conectado a internet. El objetivo es arrojar información en tiempo real que permita tomar decisiones. Por ejemplo, si se llenó un bote de basura en determinada calle, la idea es que alguien del servicio de aseo lo sepa en tiempo real para solucionarlo.

Pese a que considera que ha hecho cosas más importantes que inventar esa expresión, que usó como título en una presentación de Powerpoint hace casi 20 años, no duda de la disrupción que significa un mundo conectado por completo. Ashton estuvo de visita en Colombia un par de veces en los últimos días, como invitado al Tigo Une Forum, que se llevó a cabo esta semana, y en el marco del anuncio que hizo Claro sobre su red 4.5G, que estaría lista a mediados de 2018, precisamente como parte de su estrategia de IoT.

¿Cuál es el mayor cambio que IoT va a significar para el mundo?

Más calidad de vida. Para eso usamos la tecnología, en todo caso. Un ejemplo: el uso del celular para diagnosticar enfermedades. Una de las más letales es la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (Epoc). Tradicionalmente, para el diagnóstico se necesita un equipo médico costoso, que no está en muchas partes del mundo. Pero hoy casi todo el mundo tiene un celular y eso es como tener IoT en el bolsillo: un conjunto de sensores conectados a la red. Entonces, pasa que, si sopla en el micrófono del celular y sube esas ondas de sonido a internet, los algoritmos de aprendizaje automático pueden analizarlas y determinar si tiene Epoc. Ese es solo un ejemplo de lo que vemos ahora con IoT. Odio pensar en la tecnología en términos de eficiencia o productividad. Claro que se obtiene eso, pero la esencia está en mejorar la calidad de vida de las personas.

Cuéntenos la historia del origen del término “internet de las cosas”.

Era 1999. Yo trabajaba en Procter & Gamble (P&G), tenía como 28 años y trataba de resolver un problema: nuestros productos más populares no estaban disponibles en las tiendas. Descubrí que eso ocurría porque, a mayor publicidad de un producto, más rápidamente se agotaba. Era un problema de información. La solución era poner sensores conectados a la red en los productos de P&G (para saber cuándo no estaban en stock), una idea loca en los años 90. La gente experimentaba internet a través de módems dial up, era muy lento y uno se tenía que conectar a la línea telefónica. Yo tenía que convencer a los ejecutivos de P&G, que eran mucho mayores, de poner los sensores en todas partes. Entendí que poner la palabra “internet” en mi propuesta podría atraer su atención porque más o menos en 1998 a todos los gerentes les dijeron que la red era importante y todos estaban buscando formas de hacer algo con eso. La palabra “cosas” se usaba porque se empezó a tener la idea de poder empotrar computadoras en las mesas o cosas así, debido a que los dispositivos eran cada vez más pequeños y económicos. Toda la idea fue confusa al principio, pero fue lo suficientemente buena para empezar a hacer investigación en MIT. Mientras hacía mi trabajo allá hice esa presentación miles de veces, por todo el mundo. Entre 2005 y 2008 no se oía mucho sobre IoT. Luego alrededor de 2009 se volvió una palabra que todo el mundo usaba. Pero es raro porque siento que he hecho cosas mucho más complejas que nadie recuerda (risas).

¿Y quién rescató el término?

Nunca se fue. Se siguió usando en una pequeña comunidad de técnicos, pero creo que la llegada de Twitter puede haber tenido algo que ver, porque ahí se usan hashtags e “internet de las cosas” tiene el acrónimo IoT, que es único y corto. Antes no hablábamos de “IoT”, era solo “internet de las cosas”. Pero el hashtag (#IoT) ayudó y hubo una generación de chicos para quienes esto se volvió muy intuitivo.

¿La idea del potencial que tiene IoT le ha cambiado mucho en estos 20 años?

Sí, no imaginábamos muchas cosas. Algo que sí imaginábamos fue que tener sensores conectados iba a ser algo grande e importante y que los datos se iban a mover del computador a internet. Eso era muy controversial. En el mundo corporativo no querían poner su información en línea (en la nube). Internet era para el mercadeo y la información que se quería compartir con el cliente, pero no se veía como un lugar seguro para poner información confidencial. Esperábamos también que los precios de los sensores electrónicos cayeran, a pocos centavos. Eso también lo imaginamos bien. Lo que no vimos venir fue la proliferación de las redes wifi y celulares, el potencial del teléfono inteligente, de la tecnología GPS. Todo eso pasó muy rápido en los 2000. En los 90 no se veía venir.

A la gente puede darle mucho miedo depender de internet. Por ejemplo, que en el futuro un carro autónomo de pronto se quede sin conexión a la red.

Las cosas nuevas siempre dan miedo. Eso se parece a las preocupaciones que la gente tenía cuando la electricidad se volvió popular: ¿Que mi luz dependa de estar conectado a esa red? Es algo natural, pero hay respuestas. Hay sistemas fundamentales que tienen suficiente respaldo local, así que podrán trabajar bien sin conexión a la red. Además, se pueden hacer las redes lo suficientemente robustas para que siempre estén ahí. Habrá situaciones extremas, como desastres naturales, lo cual no pasa muy seguido y los efectos no duran mucho tiempo. Los sistemas críticos, como el de los hospitales, tienen un backup (un respaldo).

¿La seguridad digital va tan rápido como los desarrollos tecnológicos?

La seguridad digital es muy buena, pero la implementación de ella es muy mala con frecuencia. La mayoría de rupturas son resultado de que alguien que no implementó la tecnología de seguridad digital existente, o no de forma adecuada. Una compañía que provee información de crédito sufrió una vulneración en su sistema, que resultó en que la información de millones de personas se hiciera pública. Pero no estaban usando cifrado. El problema es que gerentes poco técnicos tomen decisiones, atajos, en esta materia. Asumo que los gobiernos y los negocios aprenderán a tomar la seguridad digital en serio, la implementarán y actualizarán para que no haya vulnerabilidades. Es como ser robado por dejar la puerta abierta. Las puertas existen, pero si no las usas bien no te pueden ayudar.

¿Cuáles son los mayores retos para implementar IoT? ¿Los dispositivos, la conectividad en un país como Colombia, los estándares, el diálogo entre las industrias?

El hardware no es un problema. Se ha vuelto muy económico y confiable. Un ejemplo es su celular o el mío. La conexión tampoco es un problema. En los 90 lo era. Pero las redes de alta velocidad implican que se puede obtener conectividad en cualquier lugar. Los estándares tampoco me preocupan. A mucha gente sí. Creo que vivimos en un mundo “posestándares”. Un ejemplo fácil: en los primeros años de internet teníamos Yahoo, que buscaba clasificar la información de internet prácticamente de forma manual de acuerdo con sus criterios. Luego vino Google, en el que la clasificación ocurre automáticamente. Tiene el mundo desordenado de la World Wide Web (www) y luego, algoritmos muy bien diseñados que miran y deciden cómo organizarlo, de manera que cuando buscas algo lo encuentras casi de inmediato. Ahora, la gente que desarrolla sitios web trata de entender cómo funciona el algoritmo de Google y adecuarse a eso. Creo que los estándares ahora se parecen a eso. Uno tiene los algoritmos y, si se vuelven lo suficientemente importantes, la gente que desarrolla cosas trata de que lo que diseña sea amigable con los algoritmos ya existentes. Es una forma más elegante que sentarse a acordar los estándares en una mesa. El reto es procesar automáticamente los datos. IoT crea un vasto volumen de información en tiempo real, todo el tiempo. Para hacerlo útil hay que analizar, algo que no pueden hacer los humanos (por la cantidad de información), sino las máquinas. Notar cosas relevantes y llegar a conclusiones sensibles es algo que muy pocas personas en el mundo saben cómo lograr. De por medio hay matemáticas y software muy sofisticados. Ese es el problema de hoy.