La sombra de Eric Schmidt sobre Google

El ejecutivo anunció que en enero se retirará como presidente de Alphabet, dueña del buscador, unidad que dirigió durante algunos de sus momentos más críticos.

Bloomberg

Eric Schmidt anunció este jueves en la noche su renuncia como presidente de Alphabet, la casa matriz de Google. No se dieron mayores razones para este cambio, excepto que el ejecutivo se dedicará a otros proyectos y permanecerá como miembro de la junta directiva de una compañía que dirigió, como CEO, desde 2001 hasta 2011.

Schmidt es una de las caras más reconocibles en el mundo de la tecnología, pues, en buena parte, ayudó a darle forma a la bestia corporativa que es Google hoy. O sea, sin este doctor en ciencia computacional, la compañía detrás del motor de búsqueda más consultado en internet sería otra cosa. Y eso es mucho decir.

El ejecutivo llegó a la empresa en 2001, cuando los inversionistas de Google solicitaron una especie de supervisión adulta para una compañía con enorme potencial, pero con ciertos problemas de liquidez en ese momento. Hasta ese punto, el buscador estaba en manos de sus fundadores, Larry Page y Sergey Brin, quienes idearon los principios básicos del algoritmo que terminó por convertirse en un sinónimo de internet.

La genialidad de Page y Brin, sin embargo, solía chocar con la visión más tradicional de los inversionistas que, para la época, veían en los fundadores más riesgos que oportunidades de negocios. La contratación de Schmidt se dio luego de largas horas de conversación entre los fundadores y el ejecutivo, que había sido el encargado de tecnología de Sun Microsystems, había diseñado una herramienta para UNIX y, principalmente, había ido a Burning Man, el festival de cultura alternativa que era una suerte de peregrinación obligada para los empleados de Google.

El detalle parece insignificante, pero para Page y Brin las aptitudes técnicas no son el único requerimiento para ingresar a Google. Steven Levy lo explica bien en su libro “Inside the Plex”: “Schmidt no era una camisa rellena”, para referirse al espíritu del ejecutivo, más cercano a la cultura de Google que a las normas y correas del mundo corporativo.

Con la contratación de Schmidt, los fundadores asumieron roles más conectados con la creación de nuevos servicios, el diseño de estrategia y, en últimas, la definición del espíritu detrás de la tecnología de Google. Todo bajo la supervisión de Schmidt, quien, además de ser el CEO, comenzó a ser una especie de secretario de estado para la compañía: el encargado de hablar con los reguladores, los senadores y potenciales inversionistas para dar el salto de llevar la compañía al mercado de acciones.

Lo cierto es que ni Page ni Brin disfrutaban de estas labores, tan necesarias para una compañía con aspiraciones globales, lo que es otra forma de decir: con problemas globales. Durante su tiempo como CEO, Schmidt se transformó en el lado más diplomático de una empresa con el potencial para crear y hundir industrias enteras a través de su algoritmo de búsqueda y su lucrativo negocio de venta de publicidad en línea.

De paso, AdWords no existía antes de la llegada de Schmidt a la compañía. Este desarrollo, liderado por un ingeniero que ingresó a la empresa un año antes que el ejecutivo, cambió por completo el destino de una empresa que, para ese momento, tenía una dura política de austeridad en sus gastos para tratar de reducir el margen de pérdidas que generaban sus operaciones (esta política fue idea de Schmidt, por cierto).

Aunque el sistema llevaba en construcción varios años, fue hasta después de 2001 cuando fue tomando forma con la fórmula que lo volvió un éxito instantáneo y que, en pocas palabras, proponía una subasta para palabras claves y avisos en la que ninguno de los ganadores ofreciera mucho más dinero que los demás oferentes: ganadores y perdedores, pero sin márgenes demasiado amplios entre cada oferta. Page y Brin se inclinaron, al principio, por implementar una subasta común y corriente y, cuenta la leyenda, que fue Schmidt quien fue inclinando la balanza hacia la alternativa propuesta por dos ingenieros de Google.

Desde 2011, las riendas de las operaciones diarias de Google quedaron en manos de Page, quien asumió una vez más como CEO y, bajo su mandato, la compañía decidió crear Alphabet como casa matriz del buscador. Desde entonces, Schmidt pasó a ser una suerte de presidente de esta nueva empresa, enfocado principalmente en alianzas y relaciones con los clientes al mayor nivel (Google provee servicios en la nube para instituciones gubernamentales y educativas, por ejemplo). 

El rol de diplomacia de Schmidt ha sido vital, principalmente durante el gobierno de Barack Obama, pues ayudó a que Google tuviera un piso más firme en cuestiones regulatorias como competencia desleal, privacidad en línea, anonimato, manejo de datos, neutralidad de la red. El ejecutivo es un reconocido donante del Partido Demócrata e incluso fue asesor técnico de Hillary Clinton.

Esto también explica que la influencia del ejecutivo en Washington haya decrecido durante la administración Trump, presidente republicano que impulsó el desmonte de las reglas de neutralidad de la red instauradas por Obama. 

La salida de Schmidt también se puede analizar desde el punto de vista del relevo generacional en Alphabet, una enorme empresa en la que han comenzado a ganar relevancia personas como Sundar Pichai, quien dirige Google, o Ruth Porat, encargada de finanzas quien provenía de Morgan Stanley. 

 

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