Murió cofundador de la plataforma musical Grooveshark

Joshua Greenberg, de 28 años, fue encontrado sin vida en su vivienda de Gainesville, Florida. Por el momento, la Policía descartó el suicidio.

Joshua Greenberg, cofundador de Grooveshark, fue encontrado sin vida en su casa en Gainesville, Florida (EE.UU.).

Mediante su cuenta de Twitter, la Policía local afirmó que hasta el momento no encontró evidencia que sugiriera un suicidio o un homicidio. Lori Greenberg, madre del joven de 28 años, aseguró que se va a practicar una autopsia para intentar determinar las causas de muerte de su hijo, aunque anticipó que un análisis toxicológico detallado no estará disponible sino hasta dentro de un par de meses.

Greenberg fundó Grooveshark en compañía de Sam Tarantino y el colombiano Andrés Barreto mientras asistían juntos a la Universidad de Florida, ubicada en la ciudad de Gainesville. El sitio en línea nació en 2006 y, en pocas palabras, permitía que un usuario subiera música a la plataforma para que otros la escucharan mediante la modalidad de streaming, que es una forma de transmisión en directo que prescinde de la descarga física de archivos.

Grooveshark estuvo en línea hasta el 30 de abril de este año cuando un juez ordenó el cierre definitivo del servicio luego de perder una última batalla legal contra las disqueras, que habían demandado el sitio por infringir derechos de autor al no lograr firmar acuerdos de licenciamiento con la industria musical.

El final de Grooveshark comenzó a cristalizarse en septiembre de 2014, cuando la plataforma de streaming de música perdió una demanda en Estados Unidos por infracciones al derecho de autor. El servicio resistió hasta finales de abril de este año, cuando el juez del caso señaló que los daños por este comportamiento podrían llegar a US$736 millones. Los responsables de la plataforma firmaron un acuerdo para evitar pagar esta suma de dinero.

La piedra angular de la defensa de Grooveshark en la demanda fallada en su contra el año pasado era que quienes subían el material protegido por derecho de autor eran los usuarios y no la plataforma como tal. El juez consideró que este resguardo legal se había roto porque los empleados del sitio web habían subido ellos mismos miles de canciones no licenciadas al servicio.

“Comenzamos hace casi 10 años con la meta de ayudar a que los usuarios descubrieran y compartieran música. Pero a pesar de nuestras buenas intenciones, hemos cometido errores graves. Fallamos en conseguir licencias de quienes poseen los derechos para la mayor cantidad de música que hay en el servicio. Esto estuvo mal. Ofrecemos disculpas”, se lee en una carta que hoy consta como lo último que quedó de Grooveshark. El documento fue escrito en parte por el mismo Greenberg.

En el texto también queda claro que los demandantes, las disqueras, serán ahora los dueños de la propiedad intelectual desarrollada por Grooveshark, incluyendo sus patentes. Este parece ser uno de los puntos que menos gustó entre el público, en un asunto que en general no tuvo buena recepción. Usuarios en Twitter escribieron cosas como: “Lo más contundente del cierre de Grooveshark es que los cierren por robar propiedad intelectual y los castiguen quitándoles la de ellos”.

La madre de Greenberg, Lori, le dijo al periódico Gainesville Sun que, contrario a lo que se pudiera pensar, su hijo había quedado aliviado con el fallo judicial de este año en el caso Grooveshark.

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