Tecnología para cambiar el mundo

La plataforma, en la que la gente puede elevar peticiones ante gobiernos o corporaciones, ha registrado victorias en más de 190 países. Latinoamérica es una de las regiones en las que más adopción y éxito ha registrado el sitio web, creado en 2007.

Con más de 100 millones de usuarios registrados, change.org quizá es hoy la plataforma de activismo en línea más grande del planeta : más de un millón de peticiones han sido creadas en el sitio para intentar solucionar problemas ante gobiernos y empresas en todo el mundo.

Activismo para no activistas. Siguiendo este camino, el sitio ha logrado posicionarse como una herramienta efectiva para lograr el cambio, un vehículo que ha logrado 13.131 victorias en más de 190 países.

El éxito es un concepto relativo. Pero en este caso, la palabra termina encarnando, por ejemplo, en el compromiso de una empresa, que produce empaques y papel, de diseñar un plan para proteger las especies animales que viven en cercanía a la explotación forestal de la compañía en Santa Rosa, Risaralda. Pequeñas victorias, pero victorias necesarias.

Change.org arrancó en 2007 de la mano de Ben Rattray, quien hoy dirige la empresa que, aunque no es una organización sin ánimo de lucro, tampoco es una corporación cuyo único fin es buscar retornos financieros para sus inversionistas, que incluyen figuras como Bill Gates (Microsfot), Jerry Yang (Yahoo), Evan Williams (Twitter), Pierre M. Omidyar (eBay), Reid Hoffman (LinkedIn).

Este modelo de financiación, que no recurre a la clásica ruta de fondos de inversión, le permite a la empresa concentrarse en su misión: ser una herramienta para el cambio, una especie de mantra que ha convencido a algunos de los hombres de negocios más reputados del mundo.

“Internet nos facilita a todos una conexión que antes no era posible. En este caso, transforma el diálogo entre los ciudadanos y la política. Nuestro modelo permite que la gente exija y pone a disposición de personas, que no necesariamente son activistas, las estrategias de una organización que se dedica a la presión social para lograr cambios”, en palabras de Susana Fernández, directora para Latinoamérica de la empresa.

La región es de particular interés para el servicio, pues tiene algunas de las estadísticas de uso, adopción y victorias más grandes de todo el sitio; esto a pesar de que el continente fue uno de los últimos lugares en ser introducido.

Fernández asegura que el promedio global de victorias representa un tercio de todas las peticiones presentadas, pero en Argentina el 56% de éstas consiguen el objetivo para el cual fueron diseñadas. “Una de las cosas que los usuarios van aprendiendo es que no se puede ser exitoso al pedir más seguridad o eliminar el hambre en el mundo y que, además, no todos los pedidos deben ser hechos ante el presidente de un país. En cambio, una discusión sobre la violencia en una ciudad o en un barrio puede llevar a que la gente entienda que es necesario duplicar el presupuesto para seguridad, por ejemplo”.

Pero no sólo se trata de encontrar un requerimiento viable para solucionar un problema, sino enfocar este pedido en la persona correcta, el tomador de decisión, en el lenguaje del sitio web. Y acá lo que realmente funciona para tocar las puertas del poder, así como para despertar el interés de la comunidad de usuarios, es contar una historia: no se trata de un documento hecho por y para abogados, pues el punto es lograr comunicar una necesidad humana en un lenguaje que despierte empatía y que invoque un sentimiento colectivo de solidaridad y, acaso, justicia.

Lo que sucede, entonces, es que la plataforma genera un mecanismo de presión social que añade peso a las decisiones de gobernantes y ejecutivos de corporaciones, por un lado. Pero, por el otro, también abre canales de diálogo entre las instancias del poder y el ciudadano. Fernández concluye que “todos los poderes están aprendiendo cómo funciona la tecnología en su comunicación con el público. En el servicio es posible que aquellos a quienes va dirigida la presión también tengan voz, porque se trata de entablar un debate. Un exalcalde de Barcelona fue el primer político en tener un perfil verificado en la página, a través del cual recibía peticiones de la comunidad. Se trata de entender que la expresión ciudadana complementa el voto de cada cuatro años, no es sustituir una cosa por la otra, sino sumar más elementos para lograr una meta”.

 

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