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Uber, Airbnb: la economía colaborativa gana terreno, a pesar de las críticas

Los negocios en internet están transformando el panorama laboral en todo el mundo. Expertos divisan oportunidades, pero también advierten de los peligros de estas formas de trabajo.

AFP

21 de diciembre de 2015 - 12:00 p. m.
iStock / iStock
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Gracias a figuras como Uber y Airbnb, la “economía colaborativa” está aumentando en 2015, lo que provoca reacciones intensas al desafiar los patrones de consumo tradicionales y ciertos modelos sociales.

Uber, Lyft y otros servicios de reservas de transporte amenazan a los taxis. La plataforma de alojamiento Airbnb compite con el sector de la hostelería. Y muchas otras nuevas empresas basadas en la tecnología móvil y en internet permiten a las personas ganar dinero fuera de los canales tradicionales de empleo cocinando para otros (Bon Appetour), ocupándose en su lugar de reparaciones a domicilio (Thumbtack), de hacer la compra (Task Rabbit) o de la lavandería (Washio), así como haciendo entregas de comida a domicilio (Instacart, Postmates, Grubhub).

Esta economía colaborativa podría representar US$235.000 millones a nivel mundial en 2025, frente a los US$15.000 millones que supuso a finales de 2014, según las estimaciones  de Price Waterhouse Cooper (PwC).

Uber ya se ha extendido a más de 60 países y tiene un valor estimado de US$50.000 millones. Airbnb está valorada en US$25.000 millones y opera en 190 países. (Lea Uber le quedó grande al Gobierno)

Un arma de doble filo

Estas plataformas tienen el potencial de “cambiar radicalmente desde la forma en la que consumimos, a cómo trabajamos”, resumió el estudio de PwC.

Sus defensores cuentan con la opción más amplia, y muchas veces menos cara, ofrecida a los consumidores, así como con la posibilidad de ganar dinero con recursos infrautilizados como su vehículo, su apartamento o su tiempo libre.

En el foro de Uber, DaveM resume su verano como chofer en la isla Martha, en el noreste de Estados Unidos: “Me gano la vida. Si hago bastantes horas puedo hacer 18 viajes al día”, escribió. Y añadió: “Playa todo el día + noche de conducción = felicidad”.
 
Pero los detractores cuentan pérdidas de las industrias tradicionales, que a menudo habían invertido pesadamente en recursos e infraestructura, así como competencia desleal y la falta de protección de los consumidores y de los trabajadores.

En la categoría de consumidor estafado se puede leer, en el sitio AirbnbHell: “Cuando llegué a casa y me encontré con los propietarios parecían agradables, pero cuando salí a cenar me robaron y dejaron la puerta cerrada con llave”.

En comparación con los empleos tradicionales, “los salarios tienden a ser mayores cuando el trabajo está relacionado con una presencia física, como en el transporte, entregas o servicios a domicilio”, indicó Arun Sundararajan, profesor de la Universidad de Nueva York especializado en este tema.

Sin embargo, señaló que cuando los servicios pueden ser subcontratados a lugares remotos, como por ejemplo el diseño web o la traducción, esto puede llevar a un salario más bajo.

Según Sundararajan, la economía colaborativa beneficia más a los que tienen dificultades para llegar a fin de mes o están por debajo del salario medio. “Hay gente que puede permitirse el lujo de tomar vacaciones porque puede alquilar sus casas en Airbnb o que puede reembolsar el crédito de una compra porque conduce su coche para un servicio de reserva de vehículo con chofer”.

“Esta tendencia plantea todos los riesgos económicos a los trabajadores: un descenso de la demanda, un cambio repentino de las necesidades del consumidor, una lesión o enfermedad puede hacer que sea imposible pagar sus cuentas”, denuncia Robert Reich, ex Secretario de Trabajo de EE.UU., en su blog. “Esto elimina protecciones como el salario mínimo, la seguridad laboral, licencia familiar y de enfermedad y las horas extraordinarias”, añadió.

¿Regulación?

Los nuevos servicios de la economía colaborativa se escapan a la normatividad aplicable a los taxis, los hoteles u otros sectores, pero sus partidarios aseguran que ésta se autorregula.

Algunas nuevas empresas también se han unido a los activistas para promover los esfuerzos y crear “una red de seguridad flexible” para los trabajadores que no cuentan con la protección tradicional.

No todo el mundo está de acuerdo. “Vemos un montón de cosas buenas en estos nuevos modelos de negocio, pero al mismo tiempo, podría haber una necesidad de un reglamento de una forma u otra”, estimó en un foro en Washington Edith Ramírez, presidenta de la FTC, agencia responsable de la protección de la competencia y los consumidores en Estados Unidos.

Arun Sundararajan pide que no se apresuren a imponer reglas a un sector que está evolucionando muy rápidamente. “No está claro que hayamos encontrado nuevos modelos de trabajo que dominarán el siglo XXI”, advirtió.

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Por AFP

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