Un experimento de largo aliento

El evento, que va hasta el viernes, busca discutir el papel de las bibliotecas en la era digital.

Los libros digitales pueden romper la barrera de acceso de muchas personas al conocimiento, pero también hay un debate acerca de su conveniencia en el proceso educativo. / Cortesía Biblioteca Nacional

Resulta obvio, redundante, decir que la entrada de medios digitales de creación y distribución de bienes ha alterado la naturaleza misma de estos bienes: música, películas, libros. Pero no por evidente la discusión es menos importante o menos compleja, sobre todo cuando la cuestión no se aborda desde el mercado (ya de por sí un vasto y tormentoso mar), sino desde la orilla del bien público y común.

Una de las varias encrucijadas que propone el mundo digital es qué hacer con las bibliotecas, cómo transformar una institución (por lo general pública) hecha para la preservación física de la memoria y el conocimiento en una época en la que ambas cosas pueden existir de forma inmaterial.

El debate se puede plantear desde varios lados: ¿cuál es el papel de una biblioteca cuando el lector/usuario puede acceder cada vez más fácil al contenido?, ¿cómo balancear las aspiraciones de los autores y las editoriales con la necesidad de ofrecer préstamos digitales?, ¿qué lugar tiene la biblioteca pública frente a multinacionales como Amazon, por nombrar sólo un caso?

La Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecas e Instituciones (IFLA, por sus siglas en inglés) ha hecho una serie de 11 recomendaciones a nivel internacional para diseñar excepciones y limitaciones al derecho de autor en el caso de las bibliotecas. En Colombia sólo aplica una (la copia de preservación). Las otras 10 no han sido adoptadas, cosas que le permitirían a una biblioteca romper las medidas de protección tecnológica (barreras impuestas para evitar las copias no autorizadas, principalmente) para tareas de catalogación en algunos casos o para copiar trabajos y ponerlos a disposición del público con el ánimo de ampliar el conocimiento y la cultura.

El libro digital, sin duda, se ha convertido en un vehículo ampliamente usado para la difusión del conocimiento, en cualquiera de sus formas, a la vez que ha alterado los esquemas de creación, distribución y ganancias de toda la cadena productiva del libro.

Pero toda novedad conlleva una fase de experimentación y en el caso del libro digital algunos de estos experimentos parecen traer noticias desalentadoras, por decir lo menos: una serie de investigaciones (ninguna tan grande para ser abrumadoramente concluyente, por cierto) comienza a escudriñar las diferencias entre aprender con un e-book y un libro impreso; la ventaja acá la lleva el formato tradicional por la falta de distracciones en el proceso de lectura, por ejemplo.

Por fortuna, el campo para probar y ajustar sigue siendo amplio.

Temas relacionados